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Justicia para Diana

Diana era una estudiante universitaria en la Facultad de Derecho. Tenía sueños, tenía metas, tenía voz, que el día de ayer le fueron arrebatados en el interior de su casa cumpliendo con la cuarentena. Allí en ese lugar donde debería estar segura y a salvo.
¡PERO EL FEMINICIDA NO ESTÁ EN CUARENTENA!

Exigimos a las autoridades correspondientes el pronto esclarecimiento y castigo del feminicidio de Diana, así como el de todas nuestras hermanas asesinadas.
Digamos las cosas por su nombre, sin suavizar como lo han hecho algunos medios de comunicación:
¡A DIANA LA ASESINARON!
¡FUE FEMINICIDIO!
¡JUSTICIA PARA DIANA!

#JusticiaParaDiana
#NiUnaMenos
#FEMINICIDIOS

Célula Rosa Luxemburgo

Partido de los Comunistas

Tepic, Nayarit

De valientes están llenos los panteones.

Por Edgar Villafuentes / Célula Sergio Almaguer

Las modernas pandemias, con consecuencias aterradoras, no están en los titulares de la prensa mundial: los conflictos armados, la violencia narcoterrorista, los escandalo sexuales. Ahora hay que preocuparnos por volver a la normalidad de las violencias estructurales pero con un nuevo disfraz, agregando  cubrebocas y sin barba ni relojes. Empezar a resurgir y que las nuevas lacras se instalen con poder sobre nuestro individualismo. Negativo, no hay nada nuevo bajo el sol. 

Misma miseria con nuevo nombre: la nueva normalidad de una crisis de magnitudes globales; retornar  a la precariedad absoluta de todo lo que es público y a la fragilidad de todo lo que es personal, vivir al día y morir cada noche por poder llegar a fin de mes. Siempre hemos vivido en la normalidad de las dificultades, de la pseudocultura del consumo que nunca se detiene y que junto a la cultura de la muerte siempre rebasan los números de la cultura de la vida.

La segunda década del siglo XXI inicio y acabo con dos pandemias, la del AH1N1 y el actual COVID-19, en esa década, en México, se registraron más de doscientos mil asesinatos, la normalidad de un asesinato violento cada 23 minutos. Infectados a muerte fría. México es epicentro de escenarios de terror.

La normalidad preocupante de una pandemia en este país en que abunda de otras formas, la pandemia del hambre, de la guerra, la pandémica violencia contra las mujeres, la pandemia económica que devora y contamina el medio ambiente; se avecinan nuevas crisis y seguramente no estaremos preparados. Volverán las grandes historias de progreso.

La normalidad, mil veces anunciada, de la destrucción de la selva maya por un tren.

La normalidad del despojo de territorio a comunidades indígenas, de la desaparición y asesinato de líderes sociales.

La normalidad de violadores y neonazis, de caníbales y politiqueros, de pornógrafos infantiles.

La normalidad del ejército patrullando las calles.

La normalidad añeja de fabricar electricidad sucia y cara. 

La normalidad tercermundista, clasista, racista, sexista, capacitista y peligrosa.

Está es la nueva normalidad que nos espera, la de un mundo al que no le importa si vives o mueres mientras sigas produciendo, un mundo implacable lleno de plusvalía y vanidad. 

Pero me reúso a creer que todo está perdido y en este espectáculo, para los de abajo, es necesario rebelarse con optimismo, recuperar la confianza de que es posible realizar el bien común y que es posible el respeto por todo tipo de vida; es una buena oportunidad para mostrar nuestros mejores atributos para trazarle un mejor camino a esta década de la pandemia y así, ojalá, algún día nos infecte el virus de la solidaridad.

Del Cora* Rabizu al “Dr.” Bolsonaro

Cuentos fantásticos en época de pandemia

El Tilicuchi no sirve para curar la leucemia, como la hidroxicloroquina no cura el COVID-19.

Por J. Jesús Dueñas N/Prieto Crispín.

Salvador Castañeda O’connor, nos narra en uno de sus libros la historia de un personaje muy feo, tanto en su aspecto físico como en su conducta, que sin ser indígena se hacía llamar “Cora Rabizu” y su oficio era el engaño, entre otros, se la daba de curandero.

Cierto día, llegó a un pueblo con un puño de una yerba, diciendo que era Tilicuchi y con ella iba a curar a un muchacho leucémico que agonizaba, se la dio a beber, se la untó y se la metió como lavativa y… ¡nada! En la madrugada, cuando el muchacho murió, el falso curandero cínicamente exclamó: ¡Ahora ya sabemos que el tilicuchi no sirve para curar la leucemia!

La familia del muchacho y los vecinos enfurecidos lo crucificaron, amarándolo a una cruz, en la primera saliente del volcán “San Pedro” donde estuvo hasta que algunas personas piadosas lo liberaron y el falso curandero no volvió a aparecer por esos rumbos.

Hoy Aristegui Noticias, informa que el “Dr.” Jair Bolsonaro ha autorizado el tratamiento del Covid-19 con el uso de hidroxicloroquina, medicamento cuya eficacia aún no ha sido demostrada, pero que es usada por otro simulador de brujo, el “Dr.” Trump y con ello es suficiente para su cofrade.

Se destaca, que a la fecha, dos ministros de Sanidad le han renunciado al aprendiz de brujo por sus discrepancias en relación a la gestión sanitaria frente a la pandemia.

Bolsonaro reconoce que no existe prueba científica de su eficacia y previendo que le ocurra lo que a él “Cora Rabizu”, el protocolo establece, que la administración de la hidroxicloroquina debe realizarse por prescripción médica y previo consentimiento del paciente, que deberá asumir con su firma que no existen garantías de resultados positivos y que no hay estudios que demuestren beneficios clínicos del fármaco.

*Nombre que los mestizos dan a los integrantes del pueblo originario de los Nayeri en el occidente de México.

Algunas consideraciones sobre la educación en el sistema capitalista.

Por Ma. De Jesús Rangel Velásquez| Célula Voces proletarias de Aguascalientes

El Estado capitalista, al restringir y condicionar la educación a su versión pública o privada de escolarización, en ambos certificadas y legitimadas por el propio estado, no únicamente refuerza el sistema de clases que reproduce la injusta contradicción social, si no encuentra también el instrumento ideológico inevitable, obligatorio y gratuito, para calificar y enajenar la fuerza de trabajo necesaria para la reproducción del capital, por lo tanto el estado educador escolariza e instrumentos o ideología para la reproducción del capital, acrecentando de este modo la injusta contradicción social.

Es así que la educación capitalista cumple cabalmente su doble función: por un lado, selecciona, rechaza y califica fuerza de trabajo según criterios racistas, sexistas y clasistas; y por el otro, reproduce la ignorancia y divide ideológicamente la sociedad en grupos antagónicos. La educación del Estado capitalista, al velar su tendencia ideológica, oculta astutamente la asociación delictuosa y servil que mantiene con el capital, mitificado así la aparente contradicción entre la educación pública y educación privada, abortos ambos del mismo engendro.

La educación pública, lo mismo que la educación privada, son finalmente las opciones unilaterales que ofrece el monopolio educativo del Estado educador, de tal manera que nunca ha podido ni podrá solucionar jamás la proletarización docente y humillante asalariamiento del trabajo magisterial. De hecho, conviene al Estado capitalista impedir la reflexión política, gremial, pedagógica y cultural del magisterio -la autocrítica y la crítica de la vocación docente-. Una educación al servicio del Estado cumple así de manera eficiente su función reproductora y doctrinal. A decir verdad, la escuela capitalista no es productora de conocimientos sino más bien instruye y propaga ideologías, y la única ideología legítima en un sistema clasista es, y será siempre, la ideología de la clase dominante.

Es así que la historia de la educación en México hasta nuestros días (parafraseando a Marx), es la historia que reproduce la lucha de clases. La educación en un régimen de opresión, corrupción y represión será igualmente opresiva, corrupta y represiva. En consecuencia, la educación del Estado capitalista no puede sino ser domesticadora, enajenante, autoritaria y coercitiva. Reducen al ser humano a condición de objeto, negándole el derecho legítimo que tiene de pronunciar su palabra y actuar su pensamiento ¡En fin! La educación del Estado educador es una educación opresora que nos niega la palabra como grupos, pueblos y naciones oprimidas, negándonos también la posibilidad de ser más y mejor.

Siempre en el sistema capitalista los modelos educativos y sus reformas han sido un instrumento poderoso que mentaliza los estudiantes a ello también responde al programa educativo de la SEP en México ante la pandemia del Covid-19, de "Aprende en Casa"  o educación en línea donde todos hacen multitud de trabajos, pero nadie aprende, es una simulación un verdadero fracaso este mecanismo que lo que deja al descubierto es la tremenda desigualdad social, qué hace más distante el derecho a la educación en aquella familia de extrema pobreza al no contar con las herramientas tecnológicas para cumplir con la imposición de una estrategia fallida, que además en lo general aumenta el grado de estrés y explotación económica laboral y mental de maestros, alumnos y padres de familia.

En cambio, la educación popular reconoce al ser humano como un inconcluso e inacabado, nunca determinado, pero siempre condicionado. Gracias a que somos seres humanos inconclusos inacabados es que podemos crear y recrearnos en la educación; es decir: somos capaces de crear el proceso de nuestra propia humanización. Porque la educación es precisamente eso: el proceso por el cual nos hacemos humanos; pero para ello primero hay que cambiar el sistema capitalista que nos rige y establecer las bases para la edificación de un mundo mejor en una sociedad socialista.

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