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Nuestra casa es hogar, trinchera, comunidad y barricada

La alegría de vivir y de luchar nos viene de la profunda convicción de que la causa por la que luchamos es justa, entusiasmante e invencible.

Álvaro Cunhal. Comunista portugués

 

Nuestra casa es hogar, trinchera, comunidad y barricada

A mis compañeros de Partido:

En febrero del 2020, el pleno del Comité Central le realizó un homenaje al compañero Salvador Castañeda O´Connor al pie de su tumba en el panteón Miguel Hidalgo de la ciudad de Tepic, Nayarit.

En el uso de la palabra, entre otras cosas, aseveré que en un determinado momento de mi vida leí que una casa, no era casa, ni un hogar era hogar, hasta no tener muertos. Y fue por lo que nuestro Partido ya podía considerarse casa debido a la cantidad de muertos que teníamos en nuestras filas: Alejandro Gascón Mercado, Braulio Puga, Arturo García Escobedo, Julio Prado, Francisco Encinas, Jesús Luna Pérez, Rafael Gómez Aguilar, Samuel Santoyo León, José Luis Carrillo, Flavio Báez Martínez, Gloria López, Guadalupe González, Pablo Guerrero, Sergio Almaguer Cosío, Salvador Castañeda y otros nombres más que puedan lamentablemente escaparse de mi memoria pero seguramente no lo harán de nuestra historia.

Estos compañeros han muerto en diferente geografía, tiempo y circunstancia. Con lo que confirman que nuestra organización partidaria, además de ser hogar y casa. Es trinchera de la lucha nacional, contiene en su ser raíces históricas, y que es por cuestión de principios, y en la práctica, una organización internacionalista.

Hace más de una década, en el recorrido de La Otra Campaña, escuchamos por primera vez un homenaje verdadero a los muertos en voz de los compañeros del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Nos dijeron claramente: nosotros no nos levantamos en armas por nosotros ni por los del futuro, sino por los hombres y mujeres de nuestro pasado. Y los originarios de estas tierras nos explicaron que cumplieron con su deber, porque no querían en ningún momento enfrentar en algún lugar o circunstancia a los viejos, a los que los antecedieron en la lucha, reclamándoles lo que no hicieron por perpetuar y continuar la lucha que ellos iniciaron.

A pesar de haber caído el muro de Berlín y el campo socialista, nosotros dijimos que nuestras ideas seguían siendo válidas y recorrimos la patria como nadie. Nos dijeron que nuestras ideas y consignas eras antiguas y fracasadas, nos dijeron atrasados, soñadores, tercos y locos. Sin embargo, construimos una organización producto de la unidad con nuestros iguales, sobrevivientes al llamado “Fin de la Historia”. Nos han acusado de todo, incluso de ser aventureros y provincianos desconocedores de la teoría marxista. La “Ola Verde” en un momento nos llamaron con afán peyorativo por nuestra supuesta incultura y nuestro origen en lo más recóndito de la historia de lucha de nuestro pueblo. Sin embargo, todos los que nos acusaron de eso, ya traicionaron y se vendieron al mejor o al peor postor. Muchos ahí siguen ahora de funcionarios del gobierno actual.

Han pasado los años, muchos que se decían comunistas, y que como decía Sergio Almaguer: tragaban plomo hirviendo y cagaban soldaditos, corrieron. Otros que se creen omnipresentes y todos poderosos, pero sus ambiciones son personales y al final ruines, crearon organizaciones al servicio de sus necesidades y vanidades. Muchos más, sólo buscaron la oportunidad para resolver sus traumas y angustias del momento. Pese a todo, nosotros, los herederos de aquella “Ola Verde”, aquí estamos.

Somos los herederos de una historia de lucha, tenemos raíces emanadas del pueblo, somos parte de él, con sus virtudes y defectos. Somos patriotas y comunistas. Tomamos nuestra esencia del pasado que nos da identidad, y nos caracteriza nuestra confianza en el porvenir que invariablemente será luminoso. Militamos no por frustración sino porque hemos entendidos que el futuro comunista es la felicidad, pero más que todo, el camino de la construcción de un mundo nuevo, será nuestra felicidad cotidiana. El estilo de esta camada de comunistas es luchar con la alegría que nos da la justeza de nuestras ideas y la enorme confianza en el porvenir.

Compañeros y compañeras

Hoy el capitalismo en sus estertores es más agresivo y despiadado con la naturaleza y el ser humano. Hoy como nunca la especie humana se encuentra en peligro de desaparecer junto con toda lo que tiene vida en el planeta tierra. La crisis civilizatoria, el calentamiento global, las enfermedades como la pandemia actual del Covid19 y otras que se avecinan, la terrible desigualdad que provoca hambrunas, muertes por enfermedades curables, las terribles guerras y el increíble armamento nuclear que espera en bodegas para ser utilizado y con capacidad para destruir varias veces la Tierra son propios del sistema capitalista.

Ante eso la única alternativa de los pueblos del mundo es la organización y la pelea colectiva contra un sistema y sus perpetuadores. Es la lucha de la humanidad en su conjunto contra el capitalismo del siglo XXI.

¿Y cuál es la tarea de nosotros los comunistas?

Luchar y luchar, luchar contra el sistema, luchar en donde nos ha tocado vivir. Luchar organizando a todo aquel que ha sido golpeado por la desigualdad, el despojo, la explotación, el desprecio, la represión. Luchar llevando la voz y la idea de que todo está en movimiento y que es posible cambiar la situación actual. Que en la víspera nadie cree en la posibilidad de la transformación, pero nuestra historia está llena de ejemplos que nos muestran que la rueda de la historia no se detiene, que la pelea entre poseedores y desposeídos siempre ha existido desde que existe la propiedad privada, y que la Tierra junto con la historia se mueve gracias a ese motor de contradicciones.

Hoy los comunistas debemos esforzarnos para unir a todas las resistencias. Actuar sin atavismos ni complejos, con alegría y pasión, con confianza en el porvenir.

Y para esta pelea los comunistas tenemos un lugar, un espacio: el Partido. Es la forma que tenemos nosotros para organizarnos, es nuestra herramienta de pelea, nuestro aporte a lucha de todos los desposeídos. Podrá haber otras formas y modos, pero la nuestra es el Partido.

Hoy más convencidos que hace 100 años de la necesidad de la existencia del Partido, sus miembros debemos ratificar que nuestra militancia, sueños y añoranzas tienen un lugar especial, único e insustituible: La Célula. Debemos atender la tesis leninista que dicta que para ser miembro del Partido debe el militante estar encuadrado en una célula. Ahí es el lugar inmejorable para pelear, para militar. Ahí se estudia, se aprende el Centralismo Democrático, se cotiza, se discute, se planea, se aprende a trabajar en colectivo, a pensar y hablar en primera persona del plural.

Y es así como hombres y mujeres, comunistas todos con diversos modos, orígenes y experiencias, con nuestros muertos a cuestas y nuestro porvenir glorioso que nos espera, militamos todos en un Partido en construcción. Con virtudes y defectos, con un amplio sentido del valor de nuestra historia y de nuestro pueblo. Como verdaderos internacionalistas de toda la vida.

En nuestro Partido militan jóvenes con gallardía y entusiasmo, pero también viejos con experiencia y madurez política. Todos juntos, hoy más que nunca, debemos continuar la construcción de nuestra organización procurando siempre la unidad como principio rector, porque nuestra organización no se constituyó como decreto u ocurrencia de alguien. No nació de generación espontánea, tiene raíces en la lucha popular por un mundo mejor y por el socialismo.

Siempre reconoceremos los inmensos aportes que las grandes personalidades entregaron generosamente su vida a nuestra patria, al mundo entero y a nuestro Partido. Pero hoy ha llegado el momento del colectivo. Todos somos importantes pero el colectivo lo es todo. Este Partido tiene muchos cuadros, algunos en formación y otros ya maduros. La calidad del Partido no responde a la actitud y trabajo de las individualidades, tampoco a la simple suma de ellas. ¡No!, la calidad de nuestro Partido la determina el colectivo. El cómo pensamos y actuamos en colectivo. Por eso la célula, escuela y base fundamental del colectivo, debe ser lo más importante en nuestra organización.

El comandante Raúl Castro, comunista de altura, afirmó ante el Congreso del PCC que Fidel era insustituible, que ningún compañero podría reemplazarlo, ni él mismo a pesar de la grandeza del compañero Raúl. Lo único que podría sustituir a Fidel era el Partido, el Colectivo en sí. Lo mismo pasa en nuestro pequeño Partido, la única manera de sustituir a los gigantes que construyeron esta trinchera en la cual militamos, es el Partido; es el pensamiento y trabajo colectivo. El camino correcto por el cual deberá de transitar nuestro Partido y por ende la conducción de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo, solo podrá ser trazada por el colectivo. El colectivo se llama Célula, Comité Estatal o regional, Dirección Colectiva, Comité Central o Congreso Nacional, esos son nuestros órganos y nuestros espacios para discutir y los debemos conocer. Es preciso saber que discusión se debe llevar a cada órgano. Asumiendo que solo el pensamiento colectivo nos llevará a buen puerto, y conociendo nuestros distintos colectivos partidarios, tendremos dentro de poco tiempo una herramienta más sólida que ofrecer a la lucha revolucionaria de nuestro pueblo.

Compañeros y compañeras.

Hombres y mujeres.

Jóvenes y viejos.

Todos juntos:

Construyamos juntos la organización que necesita nuestro pueblo y que se sitúe a la altura de nuestros sueños, ilusiones y necesidades. Esta es nuestra casa, nuestro hogar. Olvidemos ya nuestras pequeñeces, nuestros traumas, nuestros dolores, nuestras tonterías. Abandonemos el pasado lleno de fracasos. Inauguremos nuestro presente lleno de ilusiones y alegría. Caminemos juntos, por nuestros muertos, por nuestros hijos. Por los que ni conocemos, pero sabemos que nos necesitan.

Ha llegado el momento de estar cerca. Nos queremos y queremos a los demás. Vamos juntos en esta pelea y ayudemos a transformar esto de una vez por todas.

Hoy llamamos a los cuadros viejos de este Partido a sumarnos a este trabajo y terminar de construir esta herramienta de lucha llamado Partido de los Comunistas.

Hoy llamamos a los jóvenes comunistas a unirse a este trabajo necesario y urgente. A sumarse a la militancia encuadrada en las células de este Partido, a transformar nuestra patria y el mundo. La militancia no tiene acta de nacimiento. No es necesario cumplir ciertos años para luchar en el Partido. Sergio Almaguer, primer Secretario General que tuvo nuestro Comité Central lo explicó de manera muy práctica, a pregunta expresa en el Congreso fundacional sobre a qué edad se podía militar en el Partido, respondió: desde los 4 años.

Hoy llamamos a nuestros simpatizantes y amigos a unirnos en esta batalla de la humanidad contra el capitalismo, a esta batalla de la vida contra la muerte.

Y alcemos la voz como gritan en el sur del continente los originarios de aquellas tierras:  ¡Marichiweu!

¡Cien, mil, un millón de veces: venceremos!

¡Hasta la victoria siempre!

¡Salud y por la vida, luchemos contra la muerte!

Rafael Castañeda Pineda

Célula Sergio Almaguer

 

El PCFR: Por una Constitución justa y el poder del pueblo.

Declaración del Presídium del Comité Central del Partido Comunista de la Federación Rusa

En la fecha del 1 de julio de año corriente, se celebró la votación sobre las enmiendas a incorporar en la Constitución de Rusia. Entre ellas, hay enmiendas importantes y esperanzadoras. Pero, en general, ellas no conducirán a la renuncia al autoritarismo presidencial y a la administración oligárquica. Las enmiendas propuestas no convertirán Rusia en un Estado social. No defenderán la sociedad frente a la destructiva rusofobia y el antisovietismo. No garantizarán la seguridad nacional y una auténtica soberanía.

En estas condiciones, la posición del PCFR en cuanto a la “votación de toda Rusia” se basa en conclusiones concretas y principios firmes.

  1. Nosotros no votamos por la Constitución impuesta por Yeltsin en 1993. Este documento está impregnado con sangre de los defensores de la Casa de los Sóviets, las cenizas de la guerra en Chechenia y lágrimas de los despojados y humillados. Además, legitimó la privatización rapaz, abrió puertas a la destrucción de la economía y medicina, ciencia, cultura y educación. Durante todos estos años solamente nuestro partido luchó tenazmente por la reforma de la Constitución a la luz del principio decisivo: el poder y la propiedad para el pueblo.
  2. Cuando empezara la reforma constitucional, nos incorporamos inmediatamente al trabajo. El PCFR presentó propuestas de 108 enmiendas a la Ley fundamental. Proponíamos llevar a cabo una amplia consulta popular. De hecho, las autoridades no hicieron caso a las 15 propuestas clave dirigidas a cambiar de una manera decidida la política económico-social nefasta. La mayoría parlamentaria de “Rusia Unida” se negó a apoyar todas nuestras leyes que mejorarían la situación de los trabajadores.
  3. Las enmiendas propuestas para votación del 1 de julio no cambian la esencia de la Ley fundamental bajo la cual le obligaron a vivir a Rusia durante un cuarto del siglo. Esencialmente, el “partido del poder” se niega a revertir de una forma democrática y pacífica el rumbo del barco denominado “Rusia”. La nueva versión de la Constitución sirve solamente a reforzar el dictado presidencial y afianza el domino oligárquico que conduce el país hacia la catástrofe. Si no se cambia hoy este rumbo en intereses del pueblo, el país vivirá la división, una agudísima crisis y caos. Como observamos, el capitalismo especulativo global está desvencijado. Para Rusia es sumamente peligroso ir a la zaga de este sistema. Hay que salir del atolladero del capitalismo caducado y encaminar hacia una sociedad justa y progreso multilateral, hacia la sociedad socialista.
  4. Las enmiendas a la Ley fundamental no pueden adoptarse apresuradamente. Ya hemos exigido convocar la Asamblea Constitucional y hemos avanzado un proyecto de ley sobre su formación. En cambio, “Rusia Unida” logró presentar sus enmiendas a la Constitución a través de la Duma Estatal. Fueron aprobadas inmediatamente por el Consejo de la Federación. Su aprobación fue anunciada por el presidente del país. En tales circunstancias, el voto del 1 de julio es más bien un ritual. No tiene la condición de referéndum, no coincide con la legislación electoral. Todo esto desenmascara una vez más la falsedad de la democracia burguesa.
  5. La “votación de toda Rusia” el Comité Electoral Central la organiza de acuerdo con un procedimiento jurídico dudoso. Cada enmienda concreta no se votará por separado. Los “pro” y los “contra” de los cambios sólo se emitirán al estilo de “al por mayor”. De tal modo, existen posibilidades ilimitadas para falsificaciones. La votación se prolongará varios días. Las autoridades incentivan aceleradamente la votación electrónica y por correo que no se someten al control de la sociedad. Sirve como polígono para probar nuevos métodos de falsificación en las elecciones venideras.
  6. Lo que está sucediendo socava deliberadamente la legitimidad de los resultados de la votación. El gobierno elude un diálogo constructivo y, paso a paso, pone en tela de juicio la base legislativa en la que debería apoyarse el Estado ruso. Esto desata las manos a los aventureros políticos que están listos para socavar la paz civil y apuestan por el caos según el guión del maidán banderista. La tragedia del pueblo ucraniano no debe repetirse en Rusia.
  7. La política real demanda una participación activa de las masas. El boicot de la “votación de toda Rusia” nada aportará. Ser ciudadano es sinónimo de luchar por los destinos del país. Las autoridades deben conocer la posición de los ciudadanos y tomar en consideración su voluntad. Estamos seguros de que cada persona debe expresar su opinión en consonancia con su honradez y la preocupación en cuanto al futuro de sus hijos y nietos. Cada persona debe decidir si es posible votar por una nueva redacción de la Constitución de la época de Yeltsin. Nuestra respuesta es no. No podemos respaldar un documento de semejante naturaleza. Así fue en 1993, así será también ahora.
  8. El PCFR insiste en la reparación sustancial de la Ley fundamental. Es inadmisible que la sustituya una operación “cosmética”. Es inadmisible desconocer las necesidades clave del país y el pueblo. Es por ello que continuaremos luchando por la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Por una votación legítima y honesta. Por un referéndum válido. Por la Constitución del poder del pueblo y la justicia.

Nuestra alternativa es el programa de movilizar a Rusia en aras de un movimiento dinámico hacia adelante. Se trata de la creación del Gobierno de confianza popular, de la nacionalización de las industrias principales, la planificación estratégica y táctica, la formación del presupuesto para el desarrollo, el renacimiento de la ciencia y la cultura, la educación y la salud pública, no elevar la edad de jubilación, apoyar a las empresas populares y un conjunto de otras medidas.

La pandemia de coronavirus y la sicosis del temor agudizaron bruscamente las manifestaciones de crisis en la economía global. Se expresaron incluso en Estados Unidos donde tuvieron lugar desórdenes callejeros. El capitalismo global no es capaz de resolver los problemas que el mismo originó. La crisis sistémica crea una amenaza mortal a todo el mundo. Solamente implementando los principios socialistas es posible hacer frente a ella. El PCFR aboga por que esos principios se refrenden en la Ley fundamental, por su plasmación irrestricta y segura en la vida.

Guennadi Ziuganov,

Presidente del CC del PCFR.

Notas sobre la colonización turística del planeta.

Por Edgar Villafuentes - Célula Sergio Almaguer

Uno de los principales motores de la economía mundial es el turismo, que genera el 10.4% del PIB mundial y 1 de cada 11 empleos; el turismo es un sector con gran fortaleza también en México, con un crecimiento anual del 3%, se trata de un sector que crece sin importar las crisis del capitalismo, puesto que las crisis las resienten los pobres de este planeta y el turismo intercontinental lo realizan solo el 2% de la población (quizá menos porque se cuenta el número de viajes en total y no por individuo) y el nacional o continental solo 1 de cada 7 personas. El turismo capitalista de masas crece porque es un negocio de la clase acomodada para el disfrute, en la mayoría de los casos, de la clase misma acomodada. 

El turismo es el embajador predilecto del capitalismo.

La turistización atrae lo más grotesco del Estado anfitrión: desahucios masivos, precarización del trabajo, drogas, prostitución, el exterminio de la cultura y el despojo de tierras (el turismo es ante todo territorio). Las regiones turísticas son peores en calidad de vida que las regiones no turísticas porque en el sistema actual, por supuesto, los grandes beneficiarios son de las grandes compañías, las aerolíneas, las cadenas hoteles y los cruceros, que se llevan íntegramente dos terceras partes de las ganancias del sector. El negocio se hace en el territorio, la ganancia en el extranjero.

“Viajando ayudo a México” dice cínicamente BestDay en sus slogans.

Las ciudades sedes del turismo de masas se convierten en parques temáticos, en Disneyland de la cultura local, zonas turísticas que son las mismas pero con otro decorado, donde “rescatar” la cultura significa hacer shows para los visitantes, que bailen, que canten, que vuelen, que se vean auténticos nativos vendiendo sus artesanías en los mercados. Con esto los presidentes municipales de las ciudades “agraciadas” por el sector turístico dejan de dirigir una ciudad y se vuelven directores de empresas turísticas donde los empleados son sus habitantes.

Todos los trabajos se vuelcan hacia el turismo, a atender los grandes hoteles, los transportes, las tiendas. Los habitantes pierden su forma tradicional de ganarse la vida a cambio del “progreso” del turismo; los pescadores olvidan el carrete y caña y aprenden de trapeadores y escobas; las mujeres (84% de las empleadas en el sector) dejan su vida por servir al disfrute ajeno; los jóvenes dejan el estudio por las propinas (quien necesita un título cuando se tiene una sonrisa competitiva). El 36% de los empleos en el turismo son en restaurantes, bares y centros nocturnos. El turista busca el exceso. Algunos datos arrojan que solo el 1% de los viajeros vacacionan con fines culturales, que haya una pirámide cerca es una cuestión 99% de las veces ornamentaría. Se vacaciona para olvidarse de todo en un México narcoturístico, se consigue alcohol, drogas, mujeres, niñas, impunidad, a precios de outlet.

No hay que olvidar nunca que nosotros, los pobres, no podemos viajar ni para salvar nuestra vida.

En las zonas turísticas se crea una periferia, donde habitan los que antes poseían la tierra. Los desahucios son regla en el turismo. Los ejemplos son vastos, si no es que todos, tras los grandes hoteles y los malecones, tras los centros comerciales y los bares, lejos del glamour y los “todo incluido” hay colonias de trabajadores que mantienen vivo todo el escaparate, grises y ajenos, en pequeñas casas que valen menos que unas vacaciones en sus lugares de trabajo. Los costos de vivir en sus propias ciudades los rebasan y tienen que migrar (¿hacer turismo proletario?).

Pero el turismo es ante todo: territorio.

El turismo de masas requiere de las zonas más ricas del país “anfitrión”; las mejores vistas naturales para arrebatar un ¡wow! en una transmisión en vivo; las playas más blancas para tomar fotos a contraluz de olas y pies; zonas arqueológicas reconocidas que permitan decir “yo ya estuve ahí”, “fui por 3 días un Maya”. Pueblos o ciudades coloniales que se convierten en museos al aire libre mostrando construcciones símbolo de la grandeza de una masacre.  La delimitación geográfica del turismo se divide en dos: la zona de fotos para Instagram y la zona donde viven los meseros. El territorio se configura como un parque de atracciones donde hay playa, selva, montaña, ciudad y viaje en tren, lo demás no importa, sus habitantes no importan. Todo para que el turista se sienta parte de lo que no le pertenece. 

El turismo capitalista de masas es Neo-colonizador…

La violencia contra la mujer no está en cuarentena

Verónica Haro, Célula Rosa Luxemburgo

El 28 de marzo despertamos con la consigna “¡QUÉDATE EN CASA!”,  formalmente habíamos entrado en cuarentena y con ella el aislamiento como medida para la prevención de contagios masivos de COVID-19. El quedarse en casa suponía mantenerse a salvo puesto que el hogar te brinda seguridad y resguardo, pero para muchas mujeres y niñas esto no es así, el quedarse en casa en aislamiento significa convivir con su agresor las 24 horas del día, todo lo que pudiera durar este encierro.

Días anteriores a esto, el día 8 de marzo, las mujeres acudimos al llamado del “Un Día Sin Nosotras” con el propósito de visibilizar nuestra ausencia en todos los ámbitos de nuestra sociedad, como mera protesta a toda la ola de violencia en el país en contra de nuestro género que va en aumento y se propaga más rápido que el mismo COVID-19, pues tan solo en el mes de enero 320 mujeres fueron asesinadas, esto quiere decir que fueron 10 mujeres asesinadas cada día.

¿Qué es violencia contra la mujer?

Según la Declaración Sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, define que es “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la vida privada.” 

Y en México sabemos de esto. 

Vivimos en uno de los países más peligrosos del mundo para ser mujer con un alto índice en acoso sexual, violencia doméstica, violaciones, trata, desapariciones y feminicidios, y que si creíamos que solo en calle se podía padecer algunas de estas agresiones, esta emergencia sanitaria que nos obligó a permanecer en casa, trajo como evidencia que ni en el hogar estamos seguras. 

Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), hubo un incremento del 23% en violencia familiar y un 100% en violencia de género, las llamadas de emergencia por violencia contra la mujer aumentó 60.7% en marzo de este año respecto al mismo mes del año pasado. Los casos de llamadas al 911, número de emergencia, reportaron un incremento en acoso u hostigamiento de un 66.70%, abuso sexual del 28.2%, violación del 15.8% y violencia familiar del 14.6%. Todo esto en plena cuarentena. 

La responsabilidad del Estado 

Ante todos estos datos de violencia en el país, ante este panorama tan desfavorable en el que nos encontramos, Andrés Manuel López Obrador sale a declarar en su famosa mañanera, que el 90% de las llamadas de emergencia son falsas, que es mentira que haya aumentado el número de denuncias y que en México en las familias hay “fraternidad”, aunque hayan incrementado las denuncias por violencia familiar a 20,232 respecto al mismo mes del año anterior que fueron de 16,397. ¿Qué hace que el mandatario afirme esto? AMLO solo representa a un Estado clasista, machista, misógino y poco o nada empático que normaliza una violencia sistematizada, y que es el principal responsable cuando la víctima acude a denunciar, la revictimizan y dejan en libertad a su agresor. 

Un Estado que lejos de garantizarnos seguridad, es el culpable de una realidad violenta que sigue creciendo, sigue relegándonos a segundo plano, sigue invisibilizando a mujeres indígenas y afromexicanas, explotando a las trabajadoras y que deja impune a quien comete delitos contra nosotras, pero que persigue, encarcela y asesina a las que defienden nuestros recursos naturales y a las que buscan a sus desaparecidas y desaparecidos. 

Mujeres que luchan despojándose de cadenas

Mientras nosotras acá resistimos a este sistema y sabemos que de por si es peligroso ser mujer en México, pues serlo de pueblos originarios lo es más puesto que sufren triplemente discriminación: por ser mujer, por ser pobre y por ser indígena. Pero las mujeres zapatistas nos dan el ejemplo de que otra realidad es posible, en sus comunidades no hay mujeres maltratadas, ni violadas mucho menos asesinadas, han logrado crear otra sociedad donde se impone el respeto y la horizontalidad entre mujeres y hombres, y que si tal vez existan aún algunas formas de machismos están buscando eliminarlas, como ellas mismas lo han contado. Esto se ha logrado con la organización, con el apoyo mutuo entre ellas, la resistencia ante este sistema capitalista que es el que nos explota y violenta y perdiendo el miedo. Aleksándra Kollontái decía que “para llegar a ser verdaderamente libre, la mujer debe desprenderse de las cadenas que le arroja encima la forma actual”, entonces despojémonos de esas cadenas y tomemos pues la referencia de las compas zapatistas, tengamos la esperanza y hagamos que el miedo cambie de bando y ante nuestra actual situación que se agrava cada vez más y que si bien exigimos el castigo para quien comete estos atroces actos, también es imperante seguir luchando contra este Estado que viola desaparece y asesina, es necesaria la destrucción de este mundo, de estas viejas y podridas formas para la construcción de un mundo nuevo, más justo y libre de violencia, organizándonos y reconociéndonos como mujeres de abajo, mujeres proletarias, mujeres que luchan. 

“Y no estás sola compañera y hermana, pero no basta.

No es solo consuelo lo que necesitamos y merecemos.

Necesitamos y merecemos verdad y justicia.

Necesitamos y merecemos vivir

Necesitamos y merecemos libertad.”*

*Mujeres zapatistas en el Encuentro Internacional de las Mujeres que Luchan

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