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Saludo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional al Partido de los Comunistas por su XV aniversario.

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Saludo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional al Partido de los Comunistas por su XV aniversario.

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.

MÉXICO

  

26 de Julio del 2018

A los militantes, colaboradores y simpatizantes del Partido de los Comunistas.

Compañeras, compañeros y compañeroas:

Buenos días, tardes, noches, madrugadas. No sé a qué hora ustedes conocerán estas letras que son de nosotras, nosotros, zapatistas, y que me toca a mí redactar.

He pedido al compañero Salvador Castañeda que nos haga el honor de leerles estas palabras. Ignoro si fue posible, si su mirada se lo permitió; si fue alguna ronquera que en estas fechas suele manifestarse en quienes se han pasado la vida gritando con rebeldía, lo que no le permite tomar en su voz nuestras palabras; o tal vez algún nudo inexplicable en la garganta, es decir, en el corazón. O tal vez sí fue posible y nuestras palabras llegan a ustedes, comunistas de todos los calendarios, geografías y géneros, con la voz firme, como su decisión, del compañero por quien sentimos un  cariño especial, tan especial como el que sentimos por quienes militan en el Partido de los Comunistas.

Conocí personalmente, es decir, en la colectividad que somos en uno, al Partido de los Comunistas, hará ya más de 12 años, en ocasión de esa fase de la Sexta que se llamó “la otra campaña”.

Cierto, conocí a algunos, algunas de sus militantes, pero, ustedes deben saberlo tanto como nosotros, el trabajo (que es como nosotros, nosotras, zapatistas, a veces decimos para hablar de la lucha), el trabajo no es algo individual. Tampoco es algo colectivo solamente, no es una suma de voluntades, empeños, desvelos, dolores y rabias. Quienes militan en grupos, colectivos y organizaciones de izquierda, saben que la cantidad es sólo un número si no está organizada. Para la lucha se necesita que el grupo, el colectivo esté organizado.

En estos tiempos en que parece que lo que importa es la masa, la multitud, la “ciudadanía” (que con este apelativo los politólogos eluden la división de clases y, sobre todo, su enfrentamiento), es importante no olvidar esto: la organización.

Y con la organización, compas, está también, el problema de la militancia, que es como se le llama también al compromiso con una causa.

Creo que ya me estoy yendo para otro lado. 

Como cuando, en las escasas reuniones que hemos tenido con la dirigencia comunista, estamos hablando de lo que, para alguien de fuera, podría ser un sueño, pero que, para ustedes y para nosotros, nosotras, zapatistas, es una causa: la más noble que ha conocido el mundo desde que el ser humano fue parido por una fémina de su antecedente evolutivo.

En esas reuniones, por lo regular pasa que estamos refiriéndonos a algún tema, y Don Salvador interviene con algo que aparentemente no viene al caso, o cosa, según, pero resulta que sí, que sí tiene qué ver, y mientras él se disculpa porque dice que no oye bien, nosotras, nosotros, zapatistas, seguimos escuchando detrás de la niebla en la montaña, detrás del humo del tabaco.

Y escuchamos porque sabemos que es una historia. Una historia que no es la nuestra, pero que respetamos y admiramos. Cierto, una historia de la que sabemos poco, pero por algo ustedes están de fiesta, y es porque tienen una historia que festejar.

Y, por cierto, aprovecho para quejarme: no nos invitaron.

Nah, no es cierto, sí nos invitaron pero, por causas que ustedes tal vez no conozcan o imaginen, en lugar de nuestra presencia están estas palabras que, si lee Don Salvador, espero que las hayan impreso con letras grandes para que no batalle en la lectura.

Porque resulta que les estamos escribiendo esta carta para felicitar al cumpleañero, o sea al Partido; o sea para abrazarles a ustedes, y en lugar de hacerlo según los protocolos de estos casos (que me imagino que debe haberlos, aunque ya saben ustedes lo malas y malos que somos las zapatistas para eso de los protocolos), estamos hablándoles de otras cosas: de organización, de militancia, de historia, de lucha.

Ahora recuerdo una canción de Carlos Puebla y que, tal vez, alguien de ustedes la conozca. Creo que se llama “Para nosotros siempre será 26” y dice, palabras más, palabras menos, que la lucha no tiene una fecha inmóvil, sino que es todos los días, a todas horas, en todos los lugares.

Eso tal vez no lo alcancen a entender muchos, pero creo que quienes militan en el Partido de los Comunistas sí lo entienden.

Creo que me estoy extendiendo demasiado y las felicitaciones deben ser breves y concisas, para que quienes asisten puedan partir el pastel, cantar y bailar, así que quisiera terminar esta misiva con una anécdota reciente:

Cuando la asamblea del Congreso Nacional Indígena nombró al Concejo Indígena de Gobierno y la compañera Marichuy como su vocera, tuve la oportunidad de reunirme en privado con ella y otro compañero. La indicación que tenía de mis jefas y jefes era pasarles algunos comentarios sobre lo que, a nuestro entender, podría ser el desafío que iniciaban entonces.

De entre todo lo que les dije, les cuento que, hablando de quienes podrían apoyar y cómo, me preguntaron de “los hermanos comunistas”.

Así, usaron ese término: “los hermanos comunistas”.

Yo les respondí, palabras más, palabras menos;

“Esa gente es de confiar, no tienen ustedes que preocuparse de si dicen una cosa y quieren decir otra, de si los van a dejar colgados, de si llegan a ver qué sacan. No, esos comunistas, esas comunistas, lo que les digan, eso es. Si dicen que le entran, es que le van a entrar con todo lo que tienen, y lo que no tienen lo van a pedir prestado. Si es que no le van a entrar, lo van a decir claro, no van andar con que tal vez, no sé, quién sabe, deja pensarlo. Pero si le entran, ustedes van a tener en ellas y ellos a quienes trabajan sin esperar nada a cambio. Son militantes pues. No le entran por lástima o por no tener nada que hacer, o porque quieran dirigirlos porque piensen que ustedes son ignorantes.

Le van a entrar por al menos 3 cosas:

La primera es por el conocimiento, que ése está en la cabeza y se consigue estudiando y analizando.

La segunda es por la conciencia, que ésa, contra lo que se pueda pensar, está en el corazón, porque aunque la cabeza te diga que ya pares, que descanses, que te rindas, que te vendas, que claudiques, el corazón es quien suele decir que ni madres, que hay que seguir, que no hay que detenerse.

Y la tercera cosa es algo que al menos yo no sé dónde está en el cuerpo humano: y es el deber.”

Se fueron la compañera y el compañero. En su paso anduvimos muchos pasos. En sus oídos guardamos los dolores. En sus palabras hablaron nuestras rabias. Y en los caminos que anduvieron, tuvieron el paso compañero del Partido de los Comunistas.

¿Por qué? ¿Por qué el Partido de los Comunistas puso toda su fuerza al servicio de la causa que enarbola el Concejo Indígena de Gobierno? No lo sé. Ustedes lo saben y tal vez algún día lo cuenten. De este lado, acá pensamos que no pesaron en su balanza los cálculos estratégicos, tácticos, los improbables escalones de la improbable revolución mundial. Pensamos que lo único que pesó en su balanza fue el sentido del deber. Que eso los llevó a una decisión, y que, como ha sido su historia, fueron consecuentes y convirtieron esa decisión en una acción organizada. Y entonces cumplieron con su deber.

Imagino que han hecho o harán su balance de lo que fue la primera etapa del Concejo Indígena de Gobierno. Imagino que tienen sus modos y sus tiempos para eso. Nosotros, nosotras, zapatistas, creemos que algo a considerar es la valoración que, en el semillero de abril pasado, hicieron la compañera Marichuy y el compañero Carlos González: siempre tuvieron el respaldo, el apoyo y la solidaridad del Partido de los Comunistas. Y eso, dicho por quienes mejor conocen de desengaños, traiciones y soledades, es algo que no cualquier partido que se diga comunista o no comunista puede decir.

Entonces tal vez la razón fundamental fue y es el deber.

De eso no les digo más. Creo que, como comunistas saben bien lo que es eso, lo que pesa esa palabra hecha acción.

Así que termino citando, seguramente mal por mi pésima memoria, unas palabras de José Martí:

“El ser humano verdadero no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”.

Así que tal vez de esto se trate todo eso que es empeño común, camino y destino: de ser dignos de la humanidad.

Bueno, ya nos despedimos. Felicidades y reciban un gran abrazo compañero de nosotras, nosotros, zapatistas. Un abrazo tan grande como el mañana que habrá de ser alcanzado por quienes desvelan la noche.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Por la Comisión Sexta del EZLN.

 

Subcomandante Insurgente Galeano.

México, 26 de julio del 2018.

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