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Las elecciones en México.

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Las elecciones en México.

Por: Salvador Castañeda O´Connor. Miembro de la Dirección Colectiva del CC

En México nunca se han contado los votos, sin que ello quiera decir una falta absoluta de democracia, John Reed, el ilustre periodista norteamericano que acompañó a Pancho Villa y a sus soldados durante un buen trecho de su heroica campaña militar, dijo que los mexicanos tenían un sentido más elevado de la democracia que los norteamericanos.

La elección del presidente Madero fue resultado de un pacto entre las fuerzas revolucionarias que emergían y las fuerzas agónicas del feudalismo porfirista, incluyendo el Ejército Federal. La votación recogida en las ánforas simplemente fue la expresión en números de dicho convenio. Don Francisco es el único presidente que ha obtenido el 100% de los votos. Antes del pacto, cuando contendió contra  el dictador Porfirio Díaz, obtuvo el  1% de la votación; y después del pacto  en que volvió a participar como candidato, obtuvo el 99% restante.

Al triunfo de la revolución, Carranza, jefe del Ejercito Constitucionalista, vencedor de la contienda, simplemente asumió el  cargo de Jefe   del Poder Ejecutivo. A partir del presidente Obregón, las elecciones reflejaban la decisión de las fuerzas revolucionarias triunfantes, pues el candidato a la presidencia de la República surgía de la consulta entre ellas, por lo que el procedimiento era profundamente democrático. A Carranza le costó la vida no seguir tal procedimiento en la designación de su sucesor.

 A partir de Miguel Alemán, cuándo la burguesía se hace de todo el poder, rompiendo la alianza histórica con los campesinos y la clase obrera, se crea el PRI, como una maquinaria electoral y los comicios se convierten en un mecanismo antidemocrático para legitimar en el poder a la clase burguesa dominante. El sistema de partido único, y  la práctica de la autocalificación, cuando se permitió que otros partidos disputaran el voto de los ciudadanos, acompañada de los fraudes electorales más burdos, aseguraban el triunfo del PRI en las elecciones federales, estatales y municipales,  con algunas excepciones que se dieron en la época del presidente Echeverría, a causa de una cierta apertura democrática a nivel municipal.

En la actualidad, las elecciones con tribunales electorales supuestamente independientes y prerrogativas para los partidos políticos, siguen siendo un mecanismo para legitimar en el poder a la clase gobernante, en un ambiente de empobrecimiento creciente de los trabajadores y de todo el pueblo que desmiente cualquier alarde publicitario sobre la democracia. Además las elecciones son un factor importante en los planes de la burguesía de  mantener divididas a las fuerzas progresistas y de izquierda.

Los partidos que en el pasado se proclamaban como marxistas- leninistas y mantenían como su objetivo histórico fundamental la construcción del socialismo, fueron expulsados de los procesos electorales, al grado que hoy no existe partido registrado alguno que pueda representar los intereses del proletariado.

Todos los partidos registrados representan los intereses de la burguesía dominante, como lo demuestra el hecho que durante el sexenio del llamado presidente espurio, se  aprobaron en el Congreso, año tras año, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos, que son la expresión en números de la política neoliberal, por el voto unánime de todos los partidos. Siendo en los hechos uno solo, nada tiene de democrático que los diversos partidos se distribuyan  gubernaturas, alcaldías, diputaciones y escaños en el Senado. Al inicio de la nueva administración han firmado “EL PACTO POR MÉXICO”, que los compromete a la unidad de acción en el diseño y cumplimiento de un programa de gobierno contrario a los intereses de la Nación y del pueblo.

Las prerrogativas acabaron con la independencia de los partidos políticos y convirtieron a los antiguos cuadros abnegados de la izquierda en mercenarios. Los  militantes del Partido Comunista, por ejemplo, que se escondían de los agentes del gobierno, dejaron de ser perseguidos para convertirse en perseguidores de los funcionarios, para exigirles aumento y pronto pago de las prerrogativas. Después ese partido,  desapareció del panorama político nacional.

A principios de los años noventas surgió un movimiento de oposición al gobierno llamado FAC-MLN, que agrupó a cientos de organizaciones sociales y políticas en todo el país, contrarias al neoliberalismo y al sistema. Este movimiento organizó  varios encuentros nacionales, el último de ellos en la ciudad de Tepic, todos muy exitosos por cierto, pero al conjuro de las elecciones federales intermedias de 1994, el movimiento se disolvió.

Posteriormente el Sindicato Mexicano de Electricistas promovió los Diálogos Nacionales que integraron a centenares también de partidos, sindicatos y organizaciones sociales, culturales y políticas que diseñaron un proyecto de país contrario a las formulaciones del neoliberalismo y propusieron un programa no negociable y una nueva Constitución. Las elecciones del 2006 acabaron con ese movimiento que sembró muchas esperanzas en nuestro pueblo, porque sus componentes tomaron distintos bandos electorales. El propio sindicato de los electricistas sufrió una división  que facilitó la agresión brutal de que fue víctima por parte del gobierno de Calderón

Las últimas elecciones desintegraron el frente de partidos que apoyó la candidatura de López Obrador.

MORENA, que pudo haberse conservado como un movimiento de resistencia contra la dictadura neoliberal, dispuesto a converger con otros movimientos similares, ha optado por convertirse en un partido político electorero, que lo separa del resto de organizaciones que luchan contra el sistema y que suman miles en el país. El que entra al circo electoral se vuelve cirquero.

La supuesta legalidad e imparcialidad de institutos y tribunales electorales  son falsas. Se fundan en una legislación mañosamente compleja, que ha provocado  fraudes más escandalosos y cínicos que en el pasado, al grado que acciones tan reprobables como la compra de votos, los gastos excesivos y la propaganda desleal y abusiva que los medios otorgan a un determinado candidato, no son causas legales de nulidad de una elección. Puede decirse que  tanto el IFE como el TRIFE, no son mas que coartadas que quitan al gobierno la responsabilidad de los fraudes electorales, que antes asumía plenamente.

De ninguna manera quiero decir que en la actualidad el Presidente no tenga que hacer consultas para designar a su sucesor, pero en lugar de consultar a las fuerzas nacionalistas, democráticas y progresistas del país, consulta a la reacción y a la derecha. Últimamente el procedimiento es más sencillo: consulta al presidente de los Estados Unidos.   

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