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CARTA A UN PSICÓLOGO CLÍNICO

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CARTA A UN PSICÓLOGO CLÍNICO

Carta a un psicólogo clínico

 Por: Dr. Carlos Dragonas

¿Conocerás realmente quien vive detrás del antifaz?

Pediste un dibujo y eso te di, no recuerdo haberte visto mirando mis ojos

No recuerdo simplemente haberte visto sonreír a ti

Y sin embargo un juicio emitiste, dijiste "el joven esta triste"

No importa el como fue ni el porque, sólo dijiste necesitas antidepresivos.

¿Conoce usted acaso de donde provengo,  que pienso o lo que soy?

Yo no te juzgo por ignorante,  ni siquiera estoy enfadado, estoy triste y siento lástima por usted.

Entonces pues señor y analista de las mentes ¿cómo puede usted tomar como respuesta errónea o correcta mis contestaciones? Pregunta usted ¿que es lo que te molesta y te hace sentir irritable en tu vida? Y mi contestación sincera y a manera de síntesis fue expresar lo mucho que me molesta la injusticia. Recuerdo otra pregunta muy extraña que indagaba sobre mis aspiraciones, a la cual de la misma forma breve conteste que mi aspiración es vivir en un mundo más justo, fraterno y humano. En ese momento recuerdo lo preocupado que me sentí por los gestos que realizo mi analista del psique, y es que siempre recuerdo lo que aprendí en mi escuela católica, hay que tener temor a dios o a cualquier autoridad que emita juicios unilaterales y sin espacio u oportunidad para el debate de las ideas.

Señor psicólogo voy a permitirme externar algunas de las ideas que rondaron por mi cabeza cuando me solicito un dibujo con el tema de "dibuja cualquier cosa", bueno yo se que dibuje una vela con una llama  y de antemano le solicito una disculpa si el dibujo le provoco una preocupación, y aclarando que el hecho de dibujar una vela encendida no es porque yo quiera prenderle fuego a usted, al hospital o dañar cualquier inmueble u objeto, la llama la dibuje porque mi prudencia no me permitió dibujar una hoz campesina y un martillo obrero, símbolo de mis aspiraciones, la llama pues representa esa luz que se mantiene encendida en un mundo que aún permanece obscuro, un mundo donde hace falta la luz de las ideas y de aspiraciones verdaderamente trascendentes por parte de los hombres para transformarlo en un mundo de la luz, donde exista la equidad en todos los aspectos sociológicos, económicos, políticos y humanamente posibles , donde porfín ya no exista eso que tanto le he mencionado que me molesta y me irrita, llamado injusticia. Pero bueno creo que esta dinámica de psicólogo vs persona me ha ayudado mucho, quiero comentarle que a mi "empirico" juicio científico no creo conveniente tomar los antidepresivos que me ha usted recetado, humildemente y con respeto le confieso que tengo la sospecha que esas substancias se distribuyen irresponsablemente entre las personas, que a mi juicio son personas que como yo sufren y presentan síntomas muy graves de depresión con tendencia suicida como son los sentimientos de repulsión e inadaptabilidad a la injusticia diaria de nuestro mundo y el peor de todos los síntomas que es la aspiración a soñar mundos mejores. Bueno en resumidas cuentas creo que comienzo a tener ideas delirantes y estoy entrando en una crisis esquizoide pero shhhh....los antidepresivos no son antidepresivos, son alinantigenicos que permiten sin preguntar sobrellevar la danza macabra del sistema de la explotación.

Para finalizar cuando me pregunto el motivo de porque me habían mandado con usted yo le mentí ya que le contesté que desconocía el motivo. Pero ahora se que sí existe un motivo,  gracias a esta visita al psicólogo comprendo que yo no tengo aspiraciones normales como joven, que sufro de una enfermedad llamada la razón y que mi pensamiento y análisis marxista es incompatible con aspiraciones mediocres donde los títulos y bienes materiales determinen lo que vales. Donde comprendo que la única reacción legítima de los explotados debe ser la rebeldía y nunca más la enajenación. En este preciso momento quizás yo ya no soy el mismo, estoy cambiando como naturalmente todo cambia. Espero próximamente más tarde que nunca, tome mi mochila de la misma manera en que llegue a este lugar que me confunde y quizás próximamente mi cama será un suelo verde y sin techo decorado por el firmamento, la tierra cubriendo mis ojos o el cemento de la calle teñido del dulce color rojo. No importa como o donde  porque comienzo a amar la vida y cada día tengo menos miedo a la muerte. Porque al final un camarada besara mi frente y sabrá que el único joven deprimido y sin aspiración es aquel que se permite no asistir a la cita y compromiso que le tiene preparado la historia.

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