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Con los Derechos Humanos me echo un taco, dicen asesinos y torturadores.

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Con los Derechos Humanos me echo un taco, dicen asesinos y torturadores.

Por Salvador Castañeda O’Connor

La Constitución de 1917, siguiendo una vieja tradición que se iniciara con la de 1824, creó un capitulo, el primero, llamado de las Garantías Individuales, que según los tratadistas forman la parte dogmática de nuestra Ley Suprema, es decir de la parte que no se puede modificar y que sin embargo es la más manoseada por los neoliberales que nos han venido gobernando desde 1982.

Aún cuando con otro nombre, en ese capitulo estaban contemplados los derechos humanos a que se refería  la Revolución francesa: Derecho a no ser privado de  la vida, libertad, bienes y posesiones sin previo juicio; derecho de reunión; de expresión y manifestación de las ideas, incluyendo las políticas; derecho de transitar libremente; derecho de petición, etc. Pero tal capitulo fue enriquecido con las garantías y derechos sociales que fueron un aporte de nuestros constituyentes al mundo y que se refieren a los derechos de la clase obrera y de los campesinos.

Estas garantías individuales y el Juicio de Amparo formaron un sistema de protección del individuo frente a las arbitrariedades y abusos del poder público, que fue, dentro de lo que cabe, formalmente eficaz y suficiente, aún cuando en la práctica dejaba muchas veces sin protección a los disidentes políticos,  campesinos, trabajadores y a la población pobre de nuestro país.

Los gobernantes que hemos padecido desde hace 32 años han cambiado los derechos de la Nación, de los  obreros, de los campesinos y aún de los individuos, por meras proclamas que no tienen ningún  efecto real, o como dicen los abogados, ningún efecto vinculatorio. Es más, han transformado nuestras leyes, incluyendo la Constitución, que tutelaban derechos de la Nación  y de los trabajadores en documentos que tutelan hasta el detalle los intereses de los monopolios nacionales y extranjeros, así como de la clase patronal.

 El tema merece un trabajo más acabado y profundo, pero yo me quiero referir a que las antiguas garantías individuales más o menos eficaces, han sido sustituidas por la mera proclama de los derechos humanos, que no sirve para nada.

Todos estarán de acuerdo conmigo que el principal derecho humano es la vida. Y estarán de acuerdo en que a partir de  que se incorporaron a nuestra Constitución los famosos derechos humanos, se han multiplicado los asesinatos y las desapariciones. Las victimas de la guerra de Calderón,  ascienden, según cálculos de analistas norteamericanos, a 250 mil seres humanos Y  20 millones de mexicanos sufren hambruna según confesión del propio gobierno.

Un visitador de las Naciones Unidas ha mostrado su preocupación porque  la tortura es el método más generalizado que nuestras autoridades emplean  en la investigación criminal.

En su edición del día 21 de mayo, el periódico “La Jornada” nos entregó la siguiente nota:

 “El ombudsman nacional recibió varias críticas al comparecer ayer en el Senado

De 2005 a la fecha hay 24 mil 800 personas desaparecidas: CNDH

Matanza de San Fernando y leyes estatales que limitan la libertad de expresión, entre las quejas

De los casos de desaparecidos, en 612 expedientes hay la presunción de intervención de agentes del Estado mexicano en su desaparición, y en 267 hay indicios de que intervinieron elementos o miembros de la delincuencia organizada…”

Alguien afirmó que la CNDH, está más cerca del gobierno que de los ciudadanos, pero yo digo que está más cerca de los victimarios que de las víctimas.

Yo me pregunto si los torturadores, los paramilitares que agreden y asesinan a bases de apoyo del EZLN, los sicarios, los depredadores los genocidas al servicio de gobernantes traidores ¿También tienen derechos humanos?

En todo caso esta declaración de la CNDH, muestra su propia ineficacia

Hubiera sido mejor que en nuestra Constitución se hubieran considerado los derechos humanos como derechos que corresponden a la humanidad en su conjunto y no tratarlos como derechos inherentes al individuo.

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