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EN BUSCA DEL CAMINO REVOLUCIONARIO (Cuarta Parte)

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EN BUSCA DEL CAMINO REVOLUCIONARIO (Cuarta Parte)

EN BUSCA DEL CAMINO REVOLUCIONARIO

Por:Salvador Castañeda O´Connor

CUARTA PARTE

RUPTURA CON EL SISTEMA Y CON EL GOBIERNO

 

No por ingenuidad o voluntarismo y mucho menos por vanidad, el congreso inaugural de nuestro Partido aprobó, entre sus Documentos Básicos, un programa cuyo único punto es la toma del poder. Lo hicimos  con el objeto de dejar bien claro, ante propios y extraños, nuestra decisión de romper con el reformismo y nacer como un partido revolucionario.

Poco tiempo después de que naciera nuestra organización política,  mi querido compañero Flavio Báez me hizo una entrevista para el periódico “El Comunista” y me preguntó ¿Qué diferencia hay entre el nuevo Partido de los Comunistas y los partidos que le dieron origen? Destaco enseguida  aspectos de mi respuesta con algunas correcciones:

“Bueno, yo creo que ha nacido un partido de nuevo tipo en México, diferente, muy diferente a los que fueron sus antecesores.

Yo he militado, como tú lo decías antes, desde muy joven en diversos partidos de la izquierda, de la llamada izquierda mexicana, en partidos socialistas, comunistas. Yo milité en el Partido Popular Socialista de Lombardo Toledano, fui miembro del Comité Central y de la Dirección Nacional de ese partido; más tarde formé parte del Partido del Pueblo Mexicano, que tenía también una orientación marxista-leninista; luego vino la fusión con el Partido Comunista y formamos el Partido Socialista Unificado de México; de todos estos partido he sido miembro de la Dirección Nacional y de sus respectivos comités centrales y conozco lo que fue el Partido Comunista, lo que fue el Partido Popular Socialista en el que yo milité y lo que han sido estos partidos, como el PRS, que es un desprendimiento de lo que fue el PSUM y que surgió, no solo con los que fuimos antes miembros del Partido del Pueblo Mexicano , sino también con destacamentos del antiguo Partido Comunista.

La gran diferencia entre este partido, que yo digo que es de tipo nuevo y los demás, incluyéndolos a todos, es que aquellos partidos,  tenían programas mínimos de lucha muy amplios, tenían verdaderas enciclopedias de los problemas nacionales y la forma de resolverlos.

El programa que más prestigio alcanzó, el programa más bien elaborado de todos los que conozco, fue el programa que elaboró Vicente Lombardo Toledano para el PPS, allá por los años cincuentas, que se llamó “Las Tesis sobre México”

¿De qué trataba ese hermoso documento? Ahí se exponía cuál era la situación del campo y de los campesinos, cuáles eran sus grandes problemas y proponía cómo solucionarlos. Establecía cuál era la situación de la minería, de los agricultores y luego establecía cuáles eran las soluciones que el Partido (PPS) proponía para resolverlos. Establecía cuál era la situación de los obreros, si se respetaban o no sus derechos, de qué manera se desarrollaba el movimiento sindical, los problemas que el movimiento sindical presentaba. Ya estableciendo todo lo que pasaba en el campo, en el movimiento obrero, el Partido ofrecía una solución  también sobre la situación del país en general, en su desarrollo económico, social y cultural, expuesto todo de manera muy objetiva, científica, lo mismo que las propuestas que el Partido hacía para impulsar el desarrollo, para mejorar las condiciones de vida del pueblo. Hablaba de los jóvenes, de los indígenas, de los ancianos, de los grupos marginados y nuestra propuesta para resolver sus problemas más elementales.

Ese es un documento que todo mundo debiéramos leer. Ese es un catálogo extraordinario de los grandes problemas de México a mediados del siglo veinte y de la forma concreta para resolverlos.  Todos los partidos, de una manera u otra, digo el Partido Comunista y los que surgieron después, tomaron eso como ejemplo en sus respectivos programas: la lucha contra el imperialismo, la defensa de la independencia nacional, el impulso hacia el desarrollo económico independiente, todo eso lo recogieron los demás partidos. Y en el afán de resolver esos problemas que planteábamos en nuestros programas, encontramos muchos aliados y en ocasiones creíamos que hasta el propio gobierno era aliado nuestro, para promover e impulsar la solución de esos grandes problemas.

Éramos un conjunto de partidos que en el lenguaje de los comunistas, se podría decir que éramos partidos reformistas, que ofrecíamos soluciones para todos los asuntos y problemas que se presentaban, sin combatir a fondo el sistema, más bien pensábamos que nuestras pequeñas luchas nos conducirían por si mismas al socialismo

Yo siempre me guíe por la frase del Maestro Lombardo que decía, que: “la vida nunca plantea problemas que la vida misma pueda resolver”, entonces nosotros teníamos soluciones para todos los problemas que se suscitaban en México.

¿Qué es lo nuevo, de este nuevo partido? Que  su programa es de un solo punto. Por eso los compañeros en el Congreso se extrañaron, y hasta nos reclamaron, que dónde estaba la lucha de los obreros, que dónde estaban los problemas de los campesinos y qué íbamos a hacer frente a  determinadas cosas que angustiaban a la población. Pero este programa   colocó al partido como un partido revolucionario y no reformista.

¿Cuál es el único punto de nuestro programa? Tomar el poder y construir un Estado proletario; es decir, construir un Estrado nuevo en México. Ya no necesitamos, para ello, destruir al Estado burgués, porque ese se ha destruido solo. El Estado burgués que ha tenido nuestro país, el Estado que ha gobernado al país, ese Estado entró en periodo de extinción muy grave y creo que queda poco, de ese Estado burgués, o nada ¿Por qué? Porque el Estado burgués ha cedido uno de los aspectos más importantes que debe tener un Estado, la soberanía, esto quiere decir que un Estado que no es soberano, ya no es nada; un Estado que se comporta como un agente de negocios o como un representante del Estado norteamericano en México, no tiene derecho a llamarse Estado ni nada, si no es independiente.

Yo digo un poco, sin querer hacer de esto broma ni una caricatura, que el actual gobierno de México se comporta como los gobiernos virreinales frente al impero español, pero los gobiernos virreinales, en la época de la colonia, ofrecían alguna resistencia frente a la autoridad de los reyes españoles, se defendían, no acataban de una manera cabal las disposiciones que venían de España. Eran muy mañosos, cumplían lo que les convenía. Es decir, ofrecían cierta resistencia a las disposiciones del rey, del imperio español, y éste que padecemos los mexicanos no. Se comporta como un gobierno virreinal pero dócil, muy dócil frente a las órdenes del imperio.

 Necesitamos un Estado proletario, un Estado de nuevo tipo, donde bajo la dirección de la clase obrera, los mejores sectores de la población estén representados; estén representados los campesinos, los trabajadores del campo y la ciudad, que no son precisamente obreros pero que viven de su esfuerzo personal, los intelectuales y los estudiantes progresistas; aquellos sectores nacionalistas y patrióticos de la nación deben venir  a integrar este Estado que proponemos, a este Estado proletario, y, podríamos hablar hasta de la burguesía nacional para integrar el Estado, pero la burguesía nacional ha desaparecido, porque es cierto que hay ricos y hay monopolistas mexicanos, pero una clase social es un conjunto más amplio de la población. Ya como un sector de la población, la burguesía nacional ha desaparecido, se ha vuelto una burguesía dependiente e integrada totalmente a los grandes monopolios extranjeros.

 Un Estado bajo la dirección de la clase obrera y sus aliados, para que  realice las tareas que se tienen que realizar con urgencia en este país y entonces nuestro programa, una vez tomado el poder, habla de la forma en que resolveríamos los graves problemas de México. Nosotros creemos que estos gobernantes de hoy ya no tienen remedio, no se les puede corregir con nada, y que los enormes problemas que hay en el país, no se pueden resolver en el marco del sistema capitalista. Estar pensando lo contrario, es perder el tiempo.  Ya no nos comportamos como los antiguos socialistas o los antiguos partidos a los que me he referido, que hablaban de defender a la patria, de avances democráticos y allá, muy al final, ponían al socialismo como objetivo. Era un objetivo histórico, y para nosotros al revés de aquellos, el socialismo es el primer punto del programa, es un objetivo para hoy. Hay que pretender alcanzarlo hoy; si no podemos ni modo, ese es otro problema, pero nosotros estamos reclamando el socialismo para hoy, para este momento, porque en el marco del capitalismo, no hay forma de resolver los problemas, ninguno, ni los grandes ni los pequeños problemas   que sufre la población.

Yo me pregunto y les pregunto a quien me escuche, ¿Ustedes creen que el actual gobierno, aún se llenara de buena fe y patriotismo, sería capaz de cancelar la deuda externa? Yo creo que no. Este gobierno aunque de pronto se volviera patriota, que se volviera amigo del pueblo, que se le quitara lo genocida y lo mandadero ¿Podría cancelar la deuda externa? Ni siquiera lo pensaría, ni siquiera.

¿Quién es el que puede cancelar la deuda externa? Un gobierno de la clase obrera, solamente. Si no se cancela en este país la deuda externa, no se resuelve nada. Mientras México siga siendo tributario del imperio norteamericano y trasfiera o exporte, ya no materias primas baratas como antes, sino que exporte capital neto en pago de la deuda externa como tributo, este país no puede resolver ningún problema.

¿Qué hacemos con una deuda externa que llega a ser la cuarta parte y a veces hasta la mitad de nuestro producto interno bruto? Una deuda externa que divide al presupuesto federal en 2 partes, a una le llaman el gasto programable y a la otra el gasto no programable. El gasto no programable, porque así esconden con esos términos la verdad, es el tributo, es el dinero que no podemos tocar porque es el que mandamos como pago del capital y del servicio de la deuda externa; y el gasto programable es el que nos quedó aquí, lo poquito que queda aquí y es lo que podemos gastar en salud, en educación, en la vivienda, en el desarrollo económico, en el gasto corriente del propio estado que es muy alto por cierto, lo que podemos gastar en asistencia social; en fin, es muy poquito.

El otro grande problema que le encomendamos al nuevo Estado, es que denuncie el Tratado de Libre Comercio.

El TLC ha sido una majadería desde el principio. El TLC sustituyó a la Constitución General del país. Fue un golpe de Estado. El TLC impone al país las reglas que los negociadores gringos y sus alcahuetes mexicanos firmaron y que están por encima, en la práctica, de la Constitución y de todo. Un tratado de libre comercio entre países desiguales,  no es tratado ni nada. Eso decía Lenin, “Los tratados internacionales deben suscribirse entre Estados iguales, porque si se firma entre  desiguales, no son mas que actas de sumisión de los países chicos frente a los países grandes”.

Hay que cancelar el TLC, porque  traba nuestra economía, porque nos afecta desde el punto de vista político, que ya la soberanía en materia económica queda de aquel lado, del lado de los EE.UU.  Permite la penetración de la los grandes monopolios norteamericanos, Y nos ha traído miseria en el campo y en muchos sectores de la economía. Dicen y dicen bien que el TLC está concebido para anexar México a los EE.UU., para no darle muchas vueltas.

¿Quién lo va a cancelar?,  ¿Un gobierno de estos por muy democrático y patriota que se vuelva? No, ese tratado solamente lo puede cancelar, un gobierno de la clase obrera.

 

Durante el segundo Congreso Nacional  nos deslindamos de manera expresa de la línea estratégica y táctica del “Frente nacional democrático y patriótico”  postulado por el lombardismo, que fue en su tiempo una línea correcta en la lucha contra el imperialismo y la reacción interior, que consistía concretamente en atraer a la burguesía de adentro y fuera del gobierno en la lucha por alcanzar plenamente la independencia nacional, el progreso social y la democracia. El argumento para abandonar esa línea fue en primer lugar, que fue deformada   por quienes se apoderaron de  la dirección del PPS, después de la muerte del maestro Lombardo, al grado que convirtieron a aquel partido en un apéndice del PRI, olvidando por completo el principio de la lucha de clases.

En segundo lugar, y este es el argumento definitivo, porque la llamada burguesía nacional había desaparecido como clase, después de que abdicara frente a los monopolios globales tanto en el terreno económico como político.

Surgió entonces la línea que bien podría llamarse, de  ruptura con el sistema y con el gobierno; de rechazo al parlamentarismo como a nuestra participación en los  procesos electorales; y, por el contrario,  apostarle a la lucha revolucionaria de las masas

En ese mismo Segundo Congreso Nacional se resolvió:

-La línea estratégica y táctica de nuestro partido consiste en unir en un solo frente a las diversas insurgencias que se han generado en los sectores de la población dañados por el neoliberalismo: la insurgencia indígena, la insurgencia estudiantil, la insurgencia campesina, la insurgencia obrera y la insurgencia popular, que han desarrollado múltiples formas de lucha contra el imperialismo, y quienes les sirven dentro del gobierno, de los partidos políticos, medios de difusión y otras entidades religiosas o civiles. Formar un solo frente con los combatientes de vanguardia que participan en la lucha de masas por la recuperación de la soberanía nacional, por arrojar a los neoliberales del poder y por elaborar una nueva Constitución.

- Ratifica las resoluciones tomadas en su momento por la Dirección Colectiva y por el Comité Central de apoyar y suscribir la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y de participar de manera formal y efectiva en “La Otra Campaña” lo mismo que en la Conferencia de Organizaciones Políticas Anticapitalistas y de Izquierda.

El tercer Congreso elaboró un documento más acabado sobre la línea política del partido, pero en esencia sigue siendo la misma: Ruptura con los de arriba. Alianza con los de abajo

Cuando hablamos de ruptura estamos diciendo que en todas nuestras luchas no negociamos con el gobierno ni le pedimos nada que no podamos arrancarle con nuestra lucha. Tampoco esperamos nada del sistema ni nos sentimos parte del mismo. Lo único que pretendemos es destruirlo. Nos podemos tardar el tiempo que sea, no depende solamente de nuestra voluntad, pero nuestro objetivo es construir el socialismo en cuanto se presente la oportunidad, más bien, en cuanto preparemos  las condiciones subjetivas para ello, que las objetivas ya están dadas.

Esta línea, cuyas últimas consecuencias seria aislar al gobierno de la población para que no le haga daño, lo que significaría que en lugar de asaltar los palacios, encerremos al gobierno en ellos, es correcta, a condición de que sepamos organizar al pueblo para que desarrolle con autonomía diversos procesos productivos sin  relaciones capitalistas de producción, es decir, sin explotados ni explotadores. Que desarrolle con autonomía una verdadera vida democrática. Que desarrolle con autonomía un sistema de prestación de servicios sociales como la salud, la educación y la seguridad, con mayor eficacia que el gobierno.

En este empeño el EZLN  tiene la mayor experiencia y es vanguardista. La región que el Subcomandante Marcos se complace en identificar como las montañas del sureste mexicano, dice el editorial de la revista Unidad Comunista, está asentada sobre el 40% del territorio del estado de Chiapas. Es la sede de un experimento social, económico y político que no tiene precedente en la historia de nuestro país. Se trata de una formación autónoma de los pueblos originarios, diferente, a la formación capitalista atrasada y, dependiente que impera en México.

Lo primero que hicieron nuestros hermanos indígenas fue, formar un ejército revolucionario, el EZLN, para reivindicar, en parte, las tierras y aguas de las que fueron despojados a partir de la conquista. Ese ejército, no está integrado por mercenarios ni por destacamentos especiales de hombres armados, separados de la sociedad, que se propongan someterla en beneficio de alguien. Es el mismo pueblo en armas, que se pronunció por primera vez y de manera victoriosa el día primero de enero de 1994, fecha en que entró en vigor el ominoso Tratado de Libre Comercio, como un gesto de solidaridad con los compatriotas que, se opusieron desde siempre a la firma de ese diabólico instrumento, que ha contribuido a la anexión de nuestro país a los Estados Unidos.

Más tarde, los zapatistas emprendieron una formidable campaña ideológica y política en México y el mundo, para lograr que, el gobierno del país, reconociera su derecho a la autonomía, libre determinación, autogestión y otros derechos materiales, políticos y culturales, que alcanzó su clímax en los acuerdos de San Andrés Larrainzar, que luego, el propio gobierno, desconoció con la complicidad del Congreso de la Unión. Los legisladores del PRD y otros que se dicen de izquierda, junto con los del PAN y el PRI, en  lugar de elevar a rango constitucional el texto acordado, convirtieron el Art 5º de nuestra ley suprema en una proclama demagógica.

Los acuerdos de San Andrés, pueden ser interpretados de varias maneras, pero el Congreso, escogió la peor, la que los contradice.

Por nuestra parte, pensamos que el reclamo de los pueblos indígenas, no es para ampliar su representación en los órganos estatales, que de nada les serviría, sino formar parte del Estado como regiones autónomas, como entidades de orden público, igual que lo son los municipios y los Estados de la Federación, dotadas de gobierno y normas internas propias, aunque supeditadas a un pacto con el Gobierno Federal y los Estados federados, establecido en la Constitución General del país. Las regiones autónomas han existido y existen en la legislación de varios países del mundo como formas de la estructura nacional-estatal que se crean cuando las naciones o las etnias han elegido la vía de la autonomía, que permite, tener presentes en toda la amplitud las peculiaridades de su desarrollo económico y cultural y, asegurar sus intereses étnicos o nacionales.

Destruida la reforma agraria, los pueblos indígenas no desean obtener tierras por la caduca vía de la dotación de ejidos, ni de la restitución de bienes comunales. Demandan un nuevo reparto agrario que se base en los principios zapatistas de “Tierra y Libertad” y “La tierra es de quien la trabaja”; que a ellos se les regresen las tierras de que fueron históricamente despojados, principalmente las que son adyacentes a sus poblados, sin importar las forma de propiedad a que actualmente estén sometidas, ni lo que expresen los títulos virreinales, ni las “Mercedes” reales expedidas por monarcas extranjeros de hace 500 años.

Tal demanda, no es en manera alguna exagerada, si se toma en cuenta que estos pueblos originarios son la base de la Nación y que ésta es, de acuerdo con la Constitución, la propietaria originaria de las tierras y las aguas comprendidas dentro del territorio nacional. En todo caso, la Nación tiene en todo tiempo, el derecho inalienable de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público.

Nosotros estaríamos de acuerdo que a los indios de México les entregáramos todas las tierras del país, incluyendo las de riego y buen temporal, porque son quienes más las aman y cuidan; porque ellos son quienes las trabajan bajo el yugo de latifundistas modernos, principalmente extranjeros; porque ellos garantizarían la alimentación de nuestro pueblo, debido a que, conocen como nadie lo que es el hambre física; y, porque ellos fueron un día sus únicos dueños y señores.

Después de que el gobierno  incumplió los Acuerdos de San Andrés, los zapatistas han organizado su vida interna desde el punto de vista político, con sus Caracoles, Juntas de Buen Gobierno y la Comandancia del EZLN como algo que se parece al Estado, pero que no lo es, porque el Estado actual es la organización jurídica de la clase de los explotadores en clase políticamente dominante y, dentro de la región, no existen clases sociales. Los pueblos zapatistas están como el resto de los mexicanos, bajo la jurisdicción del Estado mexicano, atrapado por el Imperio Norteamericano y los monopolios globales, por eso, encabezaron  junto con nuestro Partido y otras organizaciones en 2006, “La Otra Campaña”, que fue la movilización política más importante en lo que va del siglo, que, contactó a todas las resistencias que luchan abajo y a la izquierda por la liberación nacional y, contra el sistema capitalista.

Los Caracoles zapatistas se parecen más a la Comuna de París, donde los funcionarios no se separan ni siquiera un milímetro del pueblo, no cobran por sus servicios y, atienden al principio que ellos mismos inventaron: Gobernar Obedeciendo.

La única “ayuda” que reciben de la Federación, son las agresiones y amenazas permanentes. El dinero que presupuestalmente debería corresponderle a esa región se gasta en soldados y armamentos para mantener asediada a su población y, a pesar de ello, en la zona zapatista son más eficaces los servicios de educación y salud que en el resto del país. Además, el Subcomandante Marcos nos ha trasmitido a todos los mexicanos una noticia sorprendente y maravillosa: las condiciones de vida de los pobladores de esa región autónoma son superiores a los demás pueblos indígenas que reciben apoyos del gobierno. ¡Qué enorme diferencia con aquellas entidades donde los gobernadores dejan deudas del orden de miles de millones de pesos y a sus pobladores en la marginación y la miseria!

No conformes con ello, los zapatistas han impulsado la producción económica sobre bases diferentes al modo capitalista de producción que tanto ha empobrecido a nuestro pueblo. Ahí, las mujeres y los hombres se organizan para el trabajo, de tal manera, que no se exploten unos a otros ni se abran brechas entre ricos y pobres. Todos son pobres, pero viven contentos.

Nosotros miramos a los zapatistas desde un nivel de cariño fraterno, de admiración y de solidaridad revolucionaria. Reconocemos que nuestra visión sobre las formas políticas, económicas y sociales que han adoptado, puede adolecer de imprecisiones, por lo que, estamos entusiasmados con la idea de continuar asistiendo a “La Escuelita”, para conocer mejor a nuestros hermanos.

Ya graduados y egresados de la Escuelita Zapatista escribí para la III Conferencia Nacional de Organización de nuestro partido:

DE LA TRAGEDIA A LA  EPOPEYA

Ni los trágicos griegos ni Shakespeare que continuó cultivando el género más de mil años después, podrían haber cantado un  drama más intenso, desgarrador y prolongado que la tragedia que han vivido los pueblos originarios de nuestro país a partir de la conquista española.

 “La conquista de México por los españoles del siglo XVI, dice Vicente Lombardo Toledano,   fue el sometimiento brutal de los pueblos indígenas que se hallaban en el periodo medio de la barbarie; pero que no obstante su gran atraso técnico y el escaso desarrollo de sus fuerzas productivas habían logrado ya manifestaciones importantes de su civilización y de su cultura. No habían llegado al uso del hierro y de la rueda; carecían de animales de tracción, sus instrumentos de trabajo eran de piedra y de bronce; la estructura de las tribus estaba basada en las relaciones de parentesco sanguíneo; su forma política más avanzada era la confederación de tribus; pero habían llegado a un alto nivel en algunas de las superestructuras sociales. Su astronomía y su cronología eran perfectas para su tiempo, Su calendario formado siglos antes de nuestra Era tenía un valor superior a los calendarios Juliano y Gregoriano. Su conocimiento de la flora y de la fauna era profundo y la clasificación que hicieron de sus especies puede considerarse ejemplar. La agricultura conocía el trabajo intensivo de la tierra, gracias  a ingeniosos sistemas de irrigación. Sus industrias limitadas a los útiles de producción que poseían eran de una gran riqueza. Cerámica, telas, orfebrería, pulimento de piedras preciosas, mosaicos de plumas entre muchas otras. La arquitectura había llegado a las obras monumentales del arte superior, integrada por la escultura y las pinturas murales. Las normas que regían la sociedad obedecían a un  principio de codificación lógica”. 

Estos pueblos originarios fueron condenados a la esclavitud. Su organización tribal fue destruida; convertidos en ruinas sus edificios principales; quemados los documentos que guardaban su historia; rotas las esculturas de sus dioses y perseguidos por diabólicos sus conceptos de la vida y el mundo.

La destrucción de las civilizaciones indígenas fue tan absurda e irracional que hasta la fecha ni los conquistadores, ni los monopolios, ni la oligarquía internacional y mucho menos nuestra burguesía mojigata y parasitaria han podido construir algo que se compare a las pirámides y palacios de Teotihuacán,  Palenque o Yucatán.

Nuestros indios fueron despojados de las tierras de que fueron dueños y señores. Después les devolvieron algunas extensiones por la vía  de mercedes reales o títulos virreinales, como si el ladrón te regresara parte de   lo robado como un acto de caridad y por escritura pública. Sus cultivos fueron contaminados con semillas exóticas; ellos mismos fueron contagiando con enfermedades que no conocían; violadas sus mujeres; y arrojados a la marginación y al olvido.

Lo por del caso es que siguieron siendo explotados, perseguidos y humillados después de alcanzada nuestra independencia por gobernantes mestizos. Su tragedia dura más de quinientos años.

 

 Ahora que los monopolios globales y sus capataces neoliberales  han sometido a toda la población a la explotación esclavista, homologando sus condiciones de vida con las condiciones de los pueblos originarios, ha surgido el milagro de los zapatistas en las montañas del sureste mexicano que han creado y desarrollado su autonomía económica, social y democrática, respecto del sistema capitalista y los gobernantes traidores y genocidas, al grado de alcanzar mejores niveles de vida que el resto de la población indígena y  buena parte de la población mestiza.

No solo los extranjeros sino también nacionales y mestizos han cometido crímenes en contra de nuestros indios y sin embargo, ellos, los zapatistas, han levantado generosamente la demanda de la liberación nacional, es decir de todos los mexicanos, con las armas en la mano, primero, y por el camino pacífico de desarrollar su autonomía, después.

De estas afirmaciones se desprende que  aun cuando nuestros hermanos del EZLN no reclamen la vanguardia, es incuestionable que    la autonomía económica, social y democrática, en todas las comunidades rurales y urbanas del país, es un camino abierto por los zapatistas hacia la liberación nacional.

La muerte del profesor GALEANO, crimen abominable, a manos de sicarios del mal gobierno, ha dado vida al Subcomandante Insurgente Galeano.

Nosotros los comunistas no sólo somos solidarios, sino que compartimos con el EZLN el mismo dolor y la misma rabia, y nos comprometemos  con nuestros hermanos a luchar a su lado hasta destruir el sistema capitalista y castigar a los asesinos.

Los subcomandantes Galeano y su antecesor Marcos, elevan el mensaje político al nivel de la poesía. Como Cuauhtémoc son héroes a la altura del arte. Junto a. ellos construiremos un México sin miseria ni maldad y donde quede abolida para siempre la explotación del hombre por el hombre…”

Transitar por la ruptura solo en su sentido negativo, que consiste en simplemente desentendernos de lo que el gobierno hace, sería un error que nos conduce a la inacción. Tenemos, en primer lugar que organizar al pueblo para que realice y desarrolle sus proyectos autónomos,  aquellos programas que le garanticen la alimentación y ciertos mínimos de bienestar como la vivienda, salud, educación sin esperar ningún tipo de “apoyo”  oficial. Tenemos que,   organizar una fuerza armada que nos proteja de la delincuencia que el propio gobierno encabeza y, en su momento, arrojarlo de sus palacios y del poder, porque mientras exista será un foco de violencia y perversidad.

Todas las formas conocidas o imaginadas para destruir un  viejo sistema de la vida social, aún aquellas que podrían llamarse pacíficas, implican siempre la posibilidad de algunos momentos violentos. No olvidemos que el desarrollo pacífico de la comuna zapatista se originó por un levantamiento armado que reivindicó para los pueblos originarios de la región, buena parte del territorio chiapaneco.

Se sabe, por ejemplo que la esclavitud, como  modo de producción, como una forma de explotación del hombre por el hombre, desapareció en el escenario mundial por su propia descomposición, pero se mantuvo formalmente hasta la caída del Imperio Romano, a manos de los llamados pueblos barbaros.

Se sabe también que las formas de producción capitalistas se fueron desarrollando en el seno de la sociedad  hasta superar las viejas formas feudales, pero ese periodo de tránsito al capitalismo está animado por intensas guerras campesinas contra los señores feudales y por la lucha  de la burguesía contra la nobleza, los terratenientes y los monarcas, lucha que además de las formas económicas e ideológicas adquiría también formas de  violencia armada, como la toma de la Bastilla.

Nuestro pueblo tiene la imperiosa necesidad de organizarse en unidades autónomas de producción para preservar la vida. La agricultura y la ganadería están en ruinas a causa del TLC y la acción de los monopolios de la industria alimenticia, al grado que nuestro país tiene que importar la mayor parte de los alimentos que consume. El mismo gobierno ha reconocido que la hambruna afecta 20 millones de mexicanos, pero no muestra al respecto la más mínima preocupación, por el contrario le está entregando a las empresas mineras, petroleras y eléctricas casi la totalidad de nuestro territorio por lo que se clausurará casi totalmente en México la producción de alimentos. Nuestro Partido, como Partido revolucionario está obligado a organizar a nuestro pueblo en Comités de Defensa proletaria, si no quiere hacer la revolución con fantasmas.

El compañero José Luis Contreras  ha venido insistiendo en la necesidad de sostener un programa mínimo y yo estoy de acuerdo con él, porque de lo contrario vamos a parecer curas que ofrecen la salvación en la otra vida. El más mínimo de todos los programas es asegurar a nuestro pueblo la posibilidad de no morir de hambre.

Los hermanos zapatistas cuando nos invitan a su escuelita, no es para imponernos sus formas, sino para que veamos que es plenamente posible resolver los problemas fundamentales de la población sin la participación del gobierno, que como genocida que es, quisiera vernos muertos a todos.

Sea cual fuere el camino revolucionario que elijamos necesitamos  estar vivos para emprenderlo. En la lucha electoral por ejemplo, sólo el  PRI echa mano del voto  de los muertos. En la lucha armada solo el Che Guevara gana batallas después de muerto.

 El capitalismo está desapareciendo en el mundo por su propia descomposición. Ahora mismo en México la mayoría de los trabajadores han sido expulsados de sus empresas y pasan a engrosar las filas de la economía informal, cuando la esencia del capitalismo es la explotación del trabajo asalariado y la obtención de plusvalía. Sin  embargo no creo que podamos esperar cómodamente en nuestras casas a que pasen con su cadáver. Tenemos que organizarnos para destruirlo y enterrarlo boca abajo para que no pueda salir de su tumba. Por otra parte, los monopolios globales controlan países con enormes arsenales de armas nucleares y convencionales que les permite apropiarse de manera violenta de de las riquezas territoriales del  mundo y aún de mercancías ya elaboradas. Los gobernantes mexicanos, dóciles al imperialismo norteamericano, se mantienen en el poder gracias a las fuerzas armadas propias o del imperio, por lo que no se debe descartar que en determinadas circunstancias tengamos que acudir a la violencia revolucionaria.

Hablando del programa mínimo, el partido debe convocar a los mexicanos para que cumplan con su obligación y su derecho de defender el territorio, el honor y los intereses de la patria; de restablecer el orden constitucional roto por los rebeldes golpistas encabezados por el presidente de la Republica, que quieren entregar, además de las riquezas del subsuelo una gran parte de la superficie territorial y el agua a los monopolios extranjeros concesionarios de la explotación del petróleo y la electricidad.

Ocupándonos ahora de las tareas revolucionarias propiamente dichas debemos admitir que la línea de unir a todas las insurgencias que existen en el país sigue siendo valida y sobre esa base continuar en el empeño  de crear el partido único de la clase obrera. Carlos Marx dice que el partido es la clase políticamente organizada y estamos muy lejos de serlo. Debemos de apurar nuestro encuentro en un solo partido con Los Panchos y proponer la unidad orgánica  a los hermanos del EZLN  y a UNIOS, e iniciar juntos contactos con el partido de los electricistas y con aquellos partidos o grupos que se reclaman marxistas. 

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