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Quinta Parte: La mirada y la distancia a la puerta.

Quinta Parte: LA MIRADA Y LA DISTANCIA A LA PUERTA.

Octubre del 2020.

  Supongamos que es posible elegir, por ejemplo, la mirada.  Supongamos que usted puede librarse, así sea por un momento, de la tiranía de las redes sociales que imponen no sólo qué se mira y de qué se habla, también cómo mirar y cómo hablar.  Entonces, supongamos que usted levanta su mirada.  Más arriba: de lo inmediato a lo local a lo regional a lo nacional a lo mundial.  ¿Lo mira?  Cierto, un caos, un desbarajuste, un desorden.  Entonces supongamos que usted es un ser humano; vaya, que no es una aplicación digital que, velozmente, mira, clasifica, jerarquiza, juzga y sanciona.  Entonces usted elige qué mirar… y cómo mirar.  Pudiera ser, es un supositorio, que mirar y juzgar no sean lo mismo.  Así que usted no sólo elige, también decide.  Cambiar la pregunta de “eso, ¿está mal o bien?”, a “¿qué es eso?”.  Claro, la primera cuestión lleva a un debate sabroso (¿todavía hay debates?).  Y de ahí al “Eso está mal –o bien- porque yo lo digo”.  O, tal vez, hay una discusión sobre qué es el bien y el mal, y de ahí a los argumentos y citas con pie de página.  Cierto, tiene usted razón, eso es mejor que recurrir a “likes” y “manitas arriba”, pero le he propuesto cambiar el punto de partida: elegir el destino de su mirada.

  Por ejemplo: usted decide mirar a los musulmanes.  Puede usted elegir, por ejemplo, entre quienes perpetraron el atentado contra Charlie Hebdo o entre quienes marchan ahora por los caminos de Francia para reclamar, exigir, imponer sus derechos.  Puesto que usted ha llegado a estas líneas, es muy probable que se decante por los “sans papiers”.  Claro, también se siente usted en la obligación de declarar que Macron es un imbécil.  Pero, obviando ese rápido vistazo hacia arriba, usted vuelve a mirar los plantones, campamentos y marchas de los migrantes.  Usted se pregunta por el número.  Le parecen muchos, o pocos, o demasiados, o suficientes.  Ha pasado de la identidad religiosa a la cantidad.  Y entonces usted se pregunta qué quieren, por qué luchan.  Y aquí usted decide si acude a los medios y las redes para saberlo… o les escucha.  Suponga que les puede preguntar.  ¿Les pregunta usted su creencia religiosa, cuántos son?  ¿O les pregunta por qué abandonaron su tierra y decidieron llegar a suelos y cielos que tienen otra lengua, otra cultura, otras leyes, otro modo?  Tal vez le respondan con una sola palabra: guerra.  O tal vez le detallen lo que esa palabra significa en su realidad de ellos.  Guerra.  Usted decide investigar: ¿guerra dónde?  O, más mejor. ¿por qué esa guerra?  Entonces le abruman con explicaciones: creencias religiosas, disputas territoriales, saqueo de recursos o, simple y llanamente, estupidez.  Pero usted no se conforma y pregunta por quién se beneficia de la destrucción, del despoblamiento, de la reconstrucción, de la repoblación.  Encuentra los datos de diversas corporaciones.  Investiga a las corporaciones y descubre que están en varios países, y que fabrican no sólo armas, también autos, cohetes interestelares, hornos de microondas, servicios de paquetería, bancos, redes sociales, “contenido mediático”, ropa, celulares y computadoras, calzado, alimentos orgánicos y no, empresas navieras, ventas en línea,  trenes, jefes de gobierno y gabinetes, centros de investigación científica y no, cadenas de hoteles y restaurantes, “fast food”, líneas aéreas, termoeléctricas y, claro, fundaciones de ayuda “humanitaria”.  Usted podría decir, entonces, que la responsabilidad es de la humanidad o del mundo entero.

  Pero usted se pregunta si el mundo o la humanidad no son responsables, también, de esa marcha, plantón, campamento de migrantes, de esa resistencia.  Y llega entonces a concluir que, puede ser, es probable, tal vez, es un sistema íntegro el responsable.  Un sistema que produce y reproduce el dolor, a quienes lo infligen y a quienes lo padecen.

  Ahora vuelva usted la mirada a la marcha que recorre los caminos de la Francia.  Suponga que son pocos, muy pocos, que sólo es una mujer que carga un su pichito.  ¿Le importan ahora su creencia religiosa, su lengua, sus ropas, su cultura, su modo?  ¿Le importan que sea sólo una mujer que carga su pichito en brazos?  Ahora olvídese de la mujer por un momento y enfoque su mirada sólo en la criatura.  ¿Importa si es varón o hembra u otroa? ¿Su color de piel?  Tal vez descubra usted, ahora, que lo que importa es su vida.

  Ahora, vaya más allá, después de todo ya llegó usted hasta estas líneas, así que unas más no le harán daño.  Ok, no mucho daño.

  Suponga que esa mujer le habla y usted tiene el privilegio de entender lo que le diga.  ¿Usted cree que ella le exigirá que le pida perdón por el color de su piel de usted, su creencia religiosa o no, su nacionalidad, sus antepasados, su lengua, su género, su modo?  ¿Usted se apresura a pedirle perdón por ser quien es?  ¿Espera que ella le perdone y usted regrese a su vida con esa cuenta saldada?  ¿O que ella no le perdone y usted se diga “bueno, al menos lo intenté y estoy sinceramente arrepentido de ser quien soy”?

  ¿O teme que ella no le hable, que sólo le mire en silencio, y usted sienta que esa mirada le pregunta “¿Y tú, qué?”?

  Si llega usted a este razonamiento-sentimiento-angustia-desesperación, entonces, lo lamento, usted no tiene remedio: usted es un ser humano.

-*-

  Aclarado así que usted no es un bot, repita el ejercicio en la Isla de Lesbos; en el Peñón de Gibraltar; en el Canal de la Mancha; en Nápoles; en el río Suchiate; en el río Bravo.

  Ahora mueva su mirada y busque Palestina, Kurdistán, Euskadi y Wallmapu.  Sí, lo sé, marea un poco… y no es todo.  Pero en esos lugares, hay quienes (muchos o pocos o demasiados o suficientes) también luchan por la vida.  Pero resulta que conciben la vida ligada inseparablemente a su tierra, a su lengua, su cultura, su modo.  A eso que el Congreso Nacional Indígena nos enseñó a llamar “territorio”, y que no es sólo un pedazo de tierra.  ¿No tiene la tentación de que esas personas le cuenten su historia, su lucha, sus sueños?  Sí, lo sé, tal vez sea mejor para usted recurrir a Wikipedia, pero ¿no le tienta el escucharlo directamente y tratar de entenderlo?

  Regrese ahora a eso que está entre los ríos Bravo y Suchiate.  Acérquese a un lugar que se llama “Morelos”.  Un nuevo acercamiento de su mirada al municipio de Temoac.  Enfoque ahora la comunidad de Amilcingo.  ¿Mira usted esa casa?  Es la casa de un hombre que en vida llevó el nombre de Samir Flores Soberanes.  Frente a esa puerta fue asesinado.  ¿Su delito?  Oponerse a un megaproyecto que representa muerte para la vida de las comunidades a las que pertenece.  No, no me equivoqué en la redacción: Samir es asesinado no por defender su vida individual, sino la de sus comunidades.

  Más aún: Samir fue asesinado por defender la vida de generaciones que aún no son ni pensadas.  Porque para Samir, para sus compañeras y compañeros, para los pueblos originarios agrupados en el CNI y para nosotras, nosotros, nosotroas, zapatistas, la vida de la comunidad no es algo que transcurra sólo en el presente.  Es, sobre todo, lo que vendrá.  La vida de la comunidad es algo que se construye hoy, pero para el mañana.  La vida en la comunidad es algo que se hereda, pues.  ¿Usted cree que la cuenta se salda si los asesinos –el intelectual y el material- piden perdón?  ¿Piensa que su familia, su organización, el CNI, nosotr@s, quedaremos conformes con que pidan perdón los criminales?  “Perdónenme, yo lo señalé para que los sicarios procedieran a ejecutarlo, y siempre he sido un boquiflojo.  Veré de corregirme, o no.  Ya les pedí perdón, ahora quiten su plantón y vamos a completar la termoeléctrica, porque si no, se va a perder mucho dinero”  ¿Usted supone que eso esperan, esperamos, que por eso luchan, luchamos?  ¿Para que pidan perdón?  ¿Que declaren “disculpen, sí, asesinamos a Samir y, de paso, con este proyecto, asesinamos a sus comunidades.  Ya pues, perdónenos.  Y si no nos perdonan, pues no nos importa, el proyecto se tiene que completar”?

  Y resulta que los mismos que pedirían perdón por la termoeléctrica, son los mismos del Tren mal llamado “Maya”, los mismos del “corredor transístmico”, los mismos de presas, minas a cielo abierto y centrales eléctricas, los mismos que cierran fronteras para detener la migración provocada por las guerras que ellos mismos alimentan, los mismos que persiguen al Mapuche, los mismos que masacran al Kurdo, los mismos que destruyen Palestina, los mismos que disparan a los afroamericanos, los mismos que explotan (directa o indirectamente) a trabajadores en cualquier rincón del planeta, los mismos que cultivan y enaltecen la violencia de género, los mismos que prostituyen a la niñez, los mismos que le espían a usted para saber qué le gusta y venderle eso -y si no le gusta nada, pues hacen que le guste-, los mismos que destruyen la naturaleza.  Los mismos que quieren hacerle creer, a usted, a los demás, a nosotr@s, que la responsabilidad de ese crimen mundial y en marcha, es responsabilidad de naciones, de creencias religiosas, de resistencia al progreso, de conservadores, de lenguas, de historias, de modos.  Que todo se sintetiza en un individuo… o individua (no olvidar la paridad de género).

  Si se pudiera ir a todos esos rincones de este planeta moribundo, ¿qué haría usted?  Bueno, no sabemos. Pero nosotras, nosotros, nosotroas, zapatistas, iríamos a aprender.  Claro, también a bailar, pero una cosa no excluye a la otra, creo.  Si hubiera esa oportunidad estaríamos dispuest@s a arriesgarlo todo, todo.  No sólo nuestra vida individual, también nuestra vida colectiva.  Y si no existiera esa posibilidad, lucharíamos por crearla.  Por construirla, como si de un navío se tratara.  Sí, lo sé, es una locura.  Algo impensable.  ¿A quién se le ocurriría que el destino de quienes resisten a la termoeléctrica, en un pequeñísimo rincón de México, le podría interesar a Palestina, al Mapuche, al vasco, al migrante, al afroamericano, a la joven ambientalista sueca, a la guerrera kurda, a la mujer que lucha en otra parte del planeta, al Japón, a China, a las Coreas, a Oceanía, a la África madre?

  ¿No deberíamos, en cambio, ir, por ejemplo, a Chablekal, en Yucatán, al local del Equipo Indignación, y reclamarles: “¡Ey! Ustedes son de piel blanca y son creyentes, ¡pidan perdón!”?  Casi estoy seguro de que responderían: “no hay problema, pero esperen su turno, porque ahora estamos ocupad@s en acompañar a quienes se resisten al Tren Maya, a quienes sufren despojos, persecución, cárcel, muerte.”  Y agregarían:

  “Además tenemos que atender la acusación que el supremo nos hace de que estamos financiadas por los Iluminatti como parte de un complot interplanetario para detener a la 4T”.  De lo que sí estoy seguro es que usarían el verbo “acompañar”, y no los de “dirigir”, “mandar”, “conducir”.

  ¿O deberíamos mejor invadir las Europas al grito de “¡ríndanse cara-pálidas!”, y destruir el Partenón, el Louvre y el Prado y, en lugar de esculturas y pinturas, llenar todo de bordados zapatistas, especialmente de cubre bocas zapatistas –que, dicho sea de paso, son eficaces y bonitillos-; y, en lugar de pastas, mariscos y paellas, imponer el consumo de elotes, cacaté y yerba mora; en lugar de refrescos, vinos y cervezas, pozol obligatorio; y quien salga a la calle sin pasamontañas, multa o cárcel (sí, opcional, porque tampoco hay que exagerar); y exclamar “¡A ver, esos rockeros, marimba obligatoria!  ¡Y desde ahora puras cumbias, nada de que reggaeton (¿le tienta, verdad?) ¡A ver tú, Panchito Varona y Sabina, los demás a los coros, arránquense con “Cartas Marcadas”, y en loop, aunque nos den las diez, las once, las doce, la una, las dos y las tres… y ya, porque mañana hay que madrugar!  ¡Oyes otro tú, ex rey pies-en-polvorosa, deja en paz a esos elefantes y ponte a cocinar!  ¡Sopa de calabaza para toda la corte! (lo sé, mi crueldad es exquisita)?

  Ahora dígame: ¿usted cree que la pesadilla de los de arriba es que les obliguen a pedir perdón?  ¿No será que lo que les puebla el sueño de cosas horrendas es que desaparezcan, que no importen, que no se les tome en cuenta, que sean nada, que su mundo se desmorone sin apenas hacer ruido, sin nadie que les recuerde, que les erija estatuas, museos, cánticos, días de guardar?  ¿No será que les da pánico la posible realidad?

-*-

  Fue de las pocas veces que el finado SupMarcos no recurrió a un símil cinéfilo para explicar algo.  Porque, no están ustedes para saberlo, ni yo para contarles, el difunto podía referir las etapas de su corta vida, cada una, a una película.  O acompañar una explicación sobre la situación nacional o internacional con un “como en la película tal”.  Claro, más de una vez tenía que recomponer el guión para que se ajustara a lo narrado.  Como la mayoría de nosotros no habíamos visto el filme referido, y no teníamos señal para consultar en los celulares la wikipedia, pues le creíamos.  Pero no nos desviemos del tema.  Esperen, creo que lo dejó escrito en alguno de esos papeles que saturan su baúl de los recuerdos… ¡Aquí está!  Va pues:

  “Para entender nuestro empeño y el tamaño de nuestra osadía, imaginen que la muerte es una puerta que se cruza.  Habrá muchas y variadas especulaciones sobre lo que hay detrás de esa puerta: el cielo, el infierno, el limbo, la nada.  Y sobre esas opciones, decenas de descripciones.  La vida, entonces, podría ser concebida como el camino hacia esa puerta.  La puerta, la muerte pues, sería así un punto de llegada… o una interrupción, el impertinente tajo de la ausencia hiriendo el aire de la vida.

   A esa puerta se llegaría, entonces, con la violencia de la tortura y el asesinato, el infortunio de un accidente, el penoso entornar la puerta en una enfermedad, el cansancio, el deseo.  Es decir, aunque la mayoría de las veces se llegaba a esa puerta sin desearlo ni pretenderlo, también sería posible que fuera una elección.

   En los pueblos originarios, hoy zapatistas, la muerte era una puerta que se plantaba casi al inicio de la vida.  La niñez se topaba con ella antes de los 5 años, y la cruzaba entre fiebres y diarreas.  Lo que hicimos el primero de enero de 1994 fue tratar de alejar esa puerta.  Claro, hubo que estar dispuestos a cruzarla para lograrlo, aunque no lo deseáramos.  Desde entonces todo nuestro empeño ha sido, y es, por alejar esa puerta lo más posible.  “Alargar la esperanza de vida”, dirían los especialistas.  Pero vida digna, agregaríamos nosotr@s.  Alejarla hasta lograr colocarla a un lado, pero muy adelante del camino.  Por eso dijimos al inicio del alzamiento que “para vivir, morimos”.  Porque si no heredamos vida, es decir camino, ¿entonces para qué vivimos?

-*-

  Heredar vida.

  Eso es precisamente lo que le preocupaba a Samir Flores Soberanes.  Y eso es lo que puede sintetizar la lucha del Frente de Pueblos en Defensa del Agua y de la Tierra de Morelos, Puebla y Tlaxcala, en su resistencia y rebeldía contra la Termoeléctrica y el llamado “Proyecto Integral Morelos”.  A sus demandas de detener y desaparecer un proyecto de muerte, el mal gobierno responde argumentando que se perdería mucho dinero.

  Ahí, en Morelos, se sintetiza la confrontación actual en todo el mundo: dinero versus vida.  Y en ese enfrentamiento, en esa guerra, ninguna persona honesta debería ser neutral: o con el dinero, o con la vida.

  Así que, podríamos concluir, la lucha por la vida no es una obsesión en los pueblos originarios.  Es más bien… una vocación… y colectiva.

Vale.  Salud y que no olvidemos que perdón y justicia no son lo mismo.

Desde las montañas de Los Alpes, dudando qué invadir primero: ¿Alemania, Austria, Suiza, Francia, Italia, Eslovenia, Mónaco, Liechtenstein?  Nah, es broma… ¿o no?


El SupGaleano practicando su “gómito” más elegante.

México, Octubre del 2020.

Del Cuaderno de Apuntes del Gato-Perro: Una montaña en alta mar.  Parte I: La balsa.

Y en los mares de todos los mundos que en el mundo son,
se miraron montañas que se movían sobre el agua y, con el
rostro negado, mujeres, hombres y otroas sobre ellas
”.

“Crónicas del mañana”. Don Durito de La Lacandona. 1990.

  Al tercer intento fallido, Maxo quedó pensativo y, después de unos segundos, exclamó: “Quiere lazo”.  “Te lo dije”, obvió Gabino.  Los restos de la balsa flotaban dispersos, chocando unos con otros al gusto de la corriente del río que, haciendo honor a su nombre de “Colorado”, se pintaba del barro rojizo que arrancaba de las orillas.

  Llamaron entonces a un escuadrón miliciano de caballería, que llegó al ritmo de la “Cumbia Sobre el Río Suena”, del maestro Celso Piña.  Fueron empatando los lazos e hicieron dos tramos largos.  Mandaron a un equipo al otro lado del río.  Amarrados sus lazos a la balsa, ambos grupos podrían controlar el trayecto del navío sin que acabara deshecho, arrastrado el manojo de troncos por un río que ni siquiera se daba por enterado del intento de navegación.

  El despropósito en curso surgió después de que se decidió la invasión…, perdón, la visita a los cinco continentes.  Y pues ya ni modos.  Porque, cuando se votó, y al final el SupGaleano les dijo “están locos, no tenemos barco”, Maxo respondió: “hacemos uno”.  Rápido empezaron a hacer propuestas.

  Como todo lo absurdo en tierras zapatistas, la construcción del “barco” convocó a la banda de Defensa Zapatista.

  “Las compañeras van a morir miserablemente”, sentenció Esperanza, con su ya legendario optimismo (en algún libro la niña encontró esa palabra y entendió que era para referirse a algo horrible e irremediable, y la usa al contentillo: “Mis mamaces me peinaron miserablemente”,  “La maestra me puso tache miserablemente”, y así), cuando al cuarto intento, la balsa se desmadejó casi inmediatamente.

  “Y los compañeros”, se sintió el Pedrito obligado a añadir, dudando si la solidaridad de género era conveniente en ese destino… miserable.

  “Nah”, replicó Defensa.  “Compañeros como quiera repones, pero compañeras… ¿dónde vas a encontrar?  Compañera, de veras compañera, no cualquiera”.

  La pandilla de Defensa estaba colocada estratégicamente.  No para contemplar los avatares de los comités para construir el barco.  Defensa y Esperanza tenían tomada de las manos a Calamidad, quien ya había intentado dos veces lanzarse al río para rescatar la balsa, y en ambas fue tacleada por el Pedrito, el Pablito y el amado Amado.  El caballo choco y el gato-perro fueron arrollados desde el arranque.  Se preocupaban innecesariamente.  Cuando el SupGaleano vio que llegaba la horda, asignó 3 pelotones de milicianas en la orilla del río.  Con su habitual diplomacia y sin dejar de sonreír, el Sup les dijo: “Si esa niña llega al agua, todas mueren”.

  Después del éxito en el sexto intento, los comités probaban cargando la balsa de lo que llamaron “cosas esenciales” para el viaje (una especie de kit de supervivencia zapatista): un costal de tostadas, panela, un costalillo de café, algunas bolas de pozol, un tercio de leña, un trozo de nailon por si llueve.  Quedaron contemplando y se dieron cuenta de que algo faltaba.  Claro, no tardaron en traer una marimba.

  Maxo fue donde el Monarca y el SupGaleano revisaban unos diseños de los que les contaré en otra ocasión y dijo: “Oí, Sup, quiere que les mandes carta a los del otro lado: que busquen lazo y que lo empatan para que esté un buen de largo, y lanzan hasta acá y entonces desde las dos orillas vamos moviendo el “barco”.  Pero quiere que se organizan, porque si cada quien lanza una cuerda por su lado, pues nomás no llegan.  Quiere que los empatan pues, y organizados”.

  Maxo no esperó a que el SupGaleano saliera de su desconcierto, y tratara de explicarle que había una gran diferencia entre una balsa hecha con troncos amarrados con bejuco, y un barco para cruzar el Atlántico.

  Maxo se fue a supervisar la prueba de la balsa con toda la impedimenta.  Discutieron quién subía para probar con personas, pero el río latigueaba con un rumor tétrico, así que optaron por hacer un muñeco y trincarlo en medio de la embarcación.  Maxo era como el ingeniero naval porque, hace años, cuando una delegación zapatista fue a apoyar el campamento Cucapá, se metió al Mar de Cortés.  Maxo no explicó que casi se ahoga porque el pasamontañas se le pegó a nariz y boca y no podía respirar.  Cual viejo lobo de mar explicó: “es como un río, pero sin corriente, y más doble, un buen tanto, como la laguna de Miramar”.

  El SupGaleano estaba tratando de descifrar cómo se dice “lazo” en alemán, italiano, francés, inglés, griego, euskera, turco, sueco, catalán, finlandés, etc., cuando la mayor Irma se acercó y le dijo “ponle que no están solas”.  “Ni solos”, agregó el teniente coronel Rolando.  “Ni soloas”, aventuró la Marijose, que llegó para pedir a los musiqueros que hagan una versión del Lago de los Cisnes pero en cumbia.  “Así, alegre pues, que se bailen pues, que no esté triste su corazón”.  Los musiqueros preguntaron qué cosa es “cisnes”.  “Son como patos pero más bonitillos, como que estiraron mucho su pescuezo y así quedaron.  Que sea que son como jirafas pero caminan como patos”.  “¿Se comen?”, preguntaron los musiqueros, que sabían que ya era la hora del pozol y sólo habían llegado para dejar la marimba.  “¡Cómo crees!, los cisnes se bailan”.  Los musiqueros se dijeron que una versión de “pollito con papas” podría servir.  “Lo vamos a estudiar”, dijeron, y se fueron a tomar pozol.

  Mientras tanto Defensa Zapatista y Esperanza convencían a Calamidad de que, puesto que el SupGaleano estaba ocupado, su champa estaba vacía y era muy probable que hubiera escondido un paquete de mantecadas en la caja del tabaco.  Calamidad dudaba, así que tuvieron que decirle que allá podrían jugar a las palomitas.  Se fueron.  El Sup les vio alejarse, pero no se preocupó, era imposible que encontraran el escondite de las mantecadas, ocultas bajo bolsas de tabaco hongueado, y, dirigiéndose al Monarca y señalando unos diagramas, le preguntó “¿Estás seguro de que no se hunde?  Porque se ve que va a estar pesado”.  El Monarca quedó pensando y respondió: “De repente”.  Y luego dijo, serio: “pues que lleven vejigas, así flotan” (nota: vejigas = globos).

  El Sup suspiró y dijo: “más que un barco, lo que necesitamos es un poco de cordura”.  “Y más lazo”, añadió el SubMoy, que iba llegando justo en el momento en que la balsa, hasta el tope de carga, se hundía.

   Mientras en la orilla el grupo de Comités contemplaba los restos del naufragio y la marimba flotando patas arriba, alguien dijo: “suerte que no subimos el equipo de sonido, ése es más caro”.

  Todos aplaudieron cuando salió a flote el muñeco de trapo.  Alguien, previsor, le había puesto, bajo los brazos, dos vejigas infladas.

Doy fe.
Miau-Guau.

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Sexta parte: Una montaña en el mar.

Sexta parte: UNA MONTAÑA EN ALTA MAR.

COMUNICADO DEL COMITÉ CLANDESTINO REVOLUCIONARIO INDÍGENA-COMANDANCIA GENERAL DEL EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.

MÉXICO.

5 DE OCTUBRE DEL 2020.

Al Congreso Nacional Indígena-Concejo Indígena de Gobierno:
A la Sexta Nacional e Internacional:
A las Redes de Resistencia y Rebeldía:
A las personas honestas que resisten en todos los rincones del planeta:

Hermanas, hermanos, hermanoas:
Compañeras, compañeros y compañeroas:

  Los pueblos originarios de raíz maya y zapatistas les saludamos y les decimos lo que llegó en nuestro pensamiento común, de acuerdo a lo que miramos, escuchamos y sentimos.

Primero.- Miramos y escuchamos un mundo enfermo en su vida social, fragmentado en millones de personas ajenas entre sí, empeñadas en su supervivencia individual, pero unidas bajo la opresión de un sistema dispuesto a todo para saciar su sed de ganancias, aún y cuando es claro que su camino va en contra de la existencia del planeta Tierra.

  La aberración del sistema y su estúpida defensa del “progreso” y la “modernidad” se estrella contra una realidad criminal: los feminicidios.  El asesinato de mujeres no tiene color ni nacionalidad, es mundial.  Si es absurdo e irrazonable que alguien sea perseguido, desaparecido, asesinado por su color de piel, su raza, su cultura, sus creencias; no se puede creer que el hecho de ser mujer equivalga a una sentencia de marginación y muerte.

  En una escalada previsible (acoso, violencia física, mutilación y asesinato), con el aval de una impunidad estructural (“ella se lo merecía”, “tenía tatuajes”, “¿qué andaba haciendo en ese sitio a esa hora?”, “con esa ropa, era de esperar”), los asesinatos de mujeres no tienen ninguna lógica criminal que no sea la del sistema.  De diferentes estratos sociales, distintas razas, edades que van desde la niñez temprana hasta la vejez y en geografías distantes entre sí, el género es la única constante.  Y el sistema es incapaz de explicar por qué esto va de la mano de su “desarrollo” y “progreso”.  En la indignante estadística de las muertes, mientras más “desarrollada” está una sociedad, mayor es el número de víctimas en esta auténtica guerra de género.

  Y la “civilización” parece decirnos a los pueblos originarios: “la prueba de tu subdesarrollo está en tu baja tasa de feminicidios.  Tengan sus megaproyectos, sus trenes, sus termoeléctricas, sus minas, sus presas, sus centros comerciales, sus tiendas de electrodomésticos –con canal de televisión incluido-, y aprendan a consumir.  Sean como nosotros.  Para saldar la deuda de esta ayuda progresista, no bastan sus tierras, sus aguas, sus culturas, sus dignidades.  Deben completar con la vida de las mujeres”.

Segundo.- Miramos y escuchamos a la naturaleza herida de muerte, y que, en su agonía, advierte a la humanidad que lo peor está todavía por venir.  Cada catástrofe “natural” anuncia la siguiente y olvida, convenientemente, que es la acción de un sistema humano la que la provoca.

  La muerte y la destrucción no son ya algo lejano, que se limite a fronteras, respete aduanas y convenios internacionales.  La destrucción en cualquier rincón del mundo, repercute en todo el planeta.

Tercero.- Miramos y escuchamos a los poderosos replegándose y escondiéndose en los llamados Estados Nacionales y sus muros.  Y, en ese imposible salto hacia atrás, reviven nacionalismos fascistas, chauvinismos ridículos y un palabrerío ensordecedor.  En esto advertimos las guerras por llegar, las que se alimentan de historias falsas, huecas, mentirosas y que traducen nacionalidades y razas en supremacías que se impondrán por la vía de la muerte y la destrucción.  En los distintos países se vive la disputa entre capataces y quienes aspiran a sucederles, escondiendo que el patrón, el amo, el mandón, es el mismo y no tiene más nacionalidad que la del dinero.  Mientras tanto, los organismos internacionales languidecen y se convierten en meros nombres, como piezas de museo… o ni eso.

  En la oscuridad y confusión que preceden a esas guerras, escuchamos y miramos el ataque, cerco y persecución de cualquier atisbo de creatividad, inteligencia y racionalidad.  Frente al pensamiento crítico, los poderosos demandan, exigen e imponen sus fanatismos.  La muerte que plantan, cultivan y cosechan no es sólo la física; también incluye la extinción de la universalidad propia de la humanidad -la inteligencia-, sus avances y logros.  Renacen o son creadas nuevas corrientes esotéricas, laicas y no, disfrazadas de modas intelectuales o pseudo ciencias; y las artes y las ciencias pretenden ser subyugadas a militancias políticas.

Cuarto.- La Pandemia del COVID 19 no sólo mostró las vulnerabilidades del ser humano, también la codicia y estupidez de los distintos gobiernos nacionales y sus supuestas oposiciones.  Medidas del más elemental sentido común fueron despreciadas, apostando siempre a que la Pandemia sería de corta duración.  Cuando el paso de la enfermedad se fue haciendo cada vez más dilatado, empezaron los números a sustituir tragedias.  La muerte se convirtió así en una cifra que se pierde a diario entre escándalos y declaraciones.  Un comparativo tétrico entre nacionalismos ridículos.  El porcentaje de bateo y de carreras limpias que determina qué equipo, o Nación, es mejor o peor.

  Como se detalla en uno de los textos previos, en el zapatismo optamos por la prevención y la aplicación de medidas sanitarias que, en su momento, fueron consultadas con científic@s que nos orientaron y ofrecieron, sin titubear, su ayuda.  Los pueblos zapatistas les estamos agradecidos y así quisimos demostrarlo.  Después de 6 meses de la implantación de esas medidas (cubre bocas o su equivalente, distancia entre personas, cierre de contactos personales directos con zonas urbanas, cuarentena de 15 días para quien pudo haber estado en contacto con contagiados, lavado frecuente con agua y jabón), lamentamos el fallecimiento de 3 compañeros que presentaron dos o más síntomas asociados al Covid 19 y que tuvieron contacto directo con contagiados.

  Otros 8 compañeros y una compañera, quienes murieron en ese período, presentaron uno de los síntomas.  Como carecemos de la posibilidad de pruebas, asumimos que el total de los 12 compañer@s murieron por el llamado Corona virus (científicos nos recomendaron asumir que cualquier dificultad respiratoria sería Covid 19).  Estas 12 ausencias son responsabilidad nuestra.  No son culpa de la 4T o de la oposición, de neoliberales o neoconservadores, de chairos o fifís, de conspiraciones o complots.  Pensamos que debimos haber extremado más todavía las precauciones.

  Actualmente, con la falta de esos 12 compañer@s a cuestas, mejoramos en todas las comunidades las medidas de prevención, ahora con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales y de científicos que, a título individual o como colectivo, nos orientan en el modo de afrontar con más fortaleza un posible rebrote.  Decenas de miles de cubre bocas (diseñados especialmente para evitar que un probable portador contagie a otras personas, de bajo costo, reusables y adaptados a las circunstancias) se han distribuido en todas las comunidades.  Otras decenas de miles más están siendo producidos en los talleres de bordado y costura de insurgent@s y en los poblados.  El uso masivo de cubre bocas, las cuarentenas de dos semanas para quienes pudieran estar infectados, la distancia y el lavado continuo de manos y rostro con agua y jabón, y evitar en lo posible salir a las ciudades, son medidas recomendadas incluso a herman@s partidistas, para contener la expansión de contagios y permitir el mantenimiento de la vida comunitaria.

  El detalle de lo que fue y es nuestra estrategia podrá ser consultado en su momento.  Por ahora decimos, con la vida latiendo en nuestros cuerpos, que, según nuestra valoración (en la que probablemente podemos estar equivocados), el enfrentar la amenaza como comunidad, no como un asunto individual, y dirigir nuestro esfuerzo principal a la prevención, nos permite decir, como pueblos zapatistas: aquí estamos, resistimos, vivimos, luchamos.

  Y ahora, en todo el mundo, el gran capital pretende que se vuelva a las calles para que las personas reasuman su condición de consumidores.  Porque son los problemas del Mercado los que le preocupan: el letargo en el consumo de mercancías.

  Hay que retomar las calles, sí, pero para luchar.  Porque, como hemos dicho antes, la vida, la lucha por la vida, no es un asunto individual, sino colectivo.  Ahora se está viendo que tampoco es asunto de nacionalidades, es mundial.

-*-

  Muchas cosas de éstas miramos y escuchamos.  Y mucho las pensamos.  Pero no sólo…

Quinto.- También escuchamos y miramos las resistencias y rebeldías que, no por silenciadas u olvidadas, dejan de ser claves, pistas de una humanidad que se niega a seguir al sistema en su apresurado paso al colapso: el tren mortal del progreso que avanza, soberbio e impecable, hacia el acantilado.  Mientras el maquinista olvida que es sólo un empleado más y cree, ingenuo, que él decide el camino, cuando no hace sino seguir la prisión de los rieles hacia el abismo.

  Resistencias y rebeldías que, sin olvidar el llanto por las ausencias, se empeñan en luchar por -quien lo diría-, lo más subversivo que hay en esos mundos divididos entre neoliberales y neoconservadores-: la vida.

  Rebeldías y resistencias que entienden, cada quien con su modo, su tiempo y su geografía, que las soluciones no están en la fe en los gobiernos nacionales, que no se gestan protegidas por fronteras ni visten banderas y lenguas distintas.

  Resistencias y rebeldías que nos enseñan a nosotros, nosotras, nosotroas, zapatistas, que las soluciones pudieran estar abajo, en los sótanos y rincones del mundo.  No en los palacios gubernamentales.  No en las oficinas de las grandes corporaciones.

  Rebeldías y resistencias que nos muestran que, si los de arriba rompen los puentes y cierran las fronteras, queda navegar ríos y mares para encontrarnos.  Que la cura, si es que la hay, es mundial, y tiene el color de la tierra, del trabajo que vive y muere en calles y barrios, en mares y cielos, en los montes y en sus entrañas.  Que, como el maíz originario, muchos son sus colores, sus tonalidades y sonidos.

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  Todo esto, y más, miramos y escuchamos.  Y nos miramos y nos escuchamos como lo que somos: un número que no cuenta.  Porque la vida no importa, no vende, no es noticia, no entra en las estadísticas, no compite en las encuestas, no tiene valoración en las redes sociales, no provoca, no representa capital político, bandera partidaria, escándalo de moda.  ¿A quién le importa que un pequeño, pequeñísimo, grupo de originarios, de indígenas, viva, es decir, luche?

  Porque resulta que vivimos.  Que a pesar de paramilitares, pandemias, megaproyectos, mentiras, calumnias y olvidos, vivimos.  Es decir, luchamos.

  Y en esto pensamos: en que seguimos luchando.  Es decir, seguimos viviendo.  Y pensamos que durante todos estos años, hemos recibido el abrazo hermano de personas de nuestro país y del mundo.  Y pensamos que, si acá la vida resiste y, no sin dificultades, florece, es gracias a esas personas que desafiaron distancias, trámites, fronteras y diferencias culturales y de lengua.  Gracias a ellas, ellos, elloas – pero sobre todo ellas-, que retaron y derrotaron calendarios y geografías.

 En las montañas del sureste mexicano, todos los mundos del mundo encontraron, y encuentran, oído en nuestros corazones.  Su palabra y acción fue alimento para la resistencia y la rebeldía, que no son sino continuación de las de nuestros antecesores.

  Personas con las ciencias y las artes como camino, encontraron el modo para abrazarnos y alentarnos, aunque fuera a la distancia.  Periodistas, fifís y no, que reportearon la miseria y la muerte antes, la dignidad y la vida siempre.  Personas de todas las profesiones y oficios que, mucho para nosotros, tal vez poco para ell@s, estuvieron, están.

  Y de todo esto pensamos en nuestro corazón colectivo, y llegó en nuestro pensamiento que ya es el tiempo ya de que nosotras, nosotros, nosotroas, zapatistas, correspondamos al oído, la palabra y la presencia de esos mundos.  Los cercanos y los lejanos en geografía.

Sexto.- Y esto hemos decidido:

  Que es tiempo de nuevo para que bailen los corazones, y que no sean ni su música ni sus pasos, los del lamento y la resignación.

  Que diversas delegaciones zapatistas, hombres, mujeres y otroas del color de nuestra tierra, saldremos a recorrer el mundo, caminaremos o navegaremos hasta suelos, mares y cielos remotos, buscando no la diferencia, no la superioridad, no la afrenta, mucho menos el perdón y la lástima.

  Iremos a encontrar lo que nos hace iguales.

  No sólo la humanidad que anima nuestras pieles diferentes, nuestros distintos modos, nuestras lenguas y colores diversos.  También, y sobre todo, el sueño común que, como especie, compartimos desde que, en la África que pareciera lejana, echamos a andar del regazo de la primera mujer: la búsqueda de la libertad que animó ese primer paso… y que sigue andando.

  Que el primer destino de este viaje planetario será el continente europeo.

  Que navegaremos hacia las tierras europeas.  Que saldremos y que zarparemos, desde tierras mexicanas, en el mes de abril del año del 2021.

  Que, después de recorrer varios rincones de la Europa de abajo y a la izquierda, llegaremos a Madrid, la capital española, el 13 de agosto del 2021 -500 años después de la supuesta conquista de lo que hoy es México-.  Y que, inmediatamente después, seguiremos el camino.

  Que hablaremos al pueblo español.  No para amenazar, reprochar, insultar o exigir.  No para demandarle que nos pida perdón.  No para servirles ni para servirnos.

  Iremos a decirle al pueblo de España dos cosas sencillas:

  Uno: Que no nos conquistaron.  Que seguimos en resistencia y rebeldía.

  Dos: Que no tienen por qué pedir que les perdonemos nada.  Ya basta de jugar con el pasado lejano para justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales y en curso: el asesinato de luchadores sociales, como el hermano Samir Flores Soberanes; los genocidios escondidos detrás de megaproyectos, concebidos y realizados para contento del poderoso -el mismo que flagela todos los rincones del planeta-; el aliento monetario y de impunidad para los paramilitares; la compra de conciencias y dignidades con 30 monedas.

  Nosotros, nosotras, nosotroas, zapatistas NO queremos volver a ese pasado, ni solos, ni mucho menos de la mano de quien quiere sembrar el rencor racial y pretende alimentar su nacionalismo trasnochado con el supuesto esplendor de un imperio, el azteca, que creció a costa de la sangre de sus semejantes, y que nos quiere convencer de que, con la caída de ese imperio, los pueblos originarios de estas tierras fuimos derrotados.

  Ni el Estado Español ni la Iglesia Católica tienen que pedirnos perdón de nada.  No nos haremos eco de los farsantes que se montan sobre nuestra sangre y así esconden que tienen las manos manchadas de ella.

  ¿De qué nos va a pedir perdón la España?  ¿De haber parido a Cervantes? ¿A José Espronceda? ¿A León Felipe? ¿A Federico García Lorca? ¿A Manuel Vázquez Montalbán?  ¿A Miguel Hernández?  ¿A Pedro Salinas? ¿A Antonio Machado?  ¿A Lope de Vega? ¿A Bécquer?  ¿A Almudena Grandes?  ¿A Panchito Varona, Ana Belén, Sabina, Serrat, Ibáñez, Llach, Amparanoia, Miguel Ríos, Paco de Lucía, Víctor Manuel, Aute siempre? ¿A Buñuel, Almodóvar y Agrado, Saura, Fernán Gómez, Fernando León, Bardem? ¿A Dalí, Miró, Goya, Picasso, el Greco y Velázquez? ¿A algo de lo mejor del pensamiento crítico mundial, con el sello de la “A” libertaria? ¿A la república? ¿Al exilio? ¿Al hermano maya Gonzalo Guerrero?

  ¿De qué nos va a pedir perdón la Iglesia Católica?  ¿Del paso de Bartolomé de las Casas?  ¿De Don Samuel Ruiz García?  ¿De Arturo Lona?  ¿De Sergio Méndez Arceo? ¿De la hermana Chapis?  ¿De los pasos de los sacerdotes, hermanas religiosas y seglares que han caminado al lado de los originarios sin dirigirlos ni suplantarlos?  ¿De quienes arriesgan su libertad y vida por defender los derechos humanos?

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  El año del 2021 se cumplirán 20 años de la Marcha del Color de la Tierra, la que realizamos, junto con los pueblos hermanos del Congreso Nacional Indígena, para reclamar un lugar en esta Nación que ahora se desmorona.

  20 años después navegaremos y caminaremos para decirle al planeta que, en el mundo que sentimos en nuestro corazón colectivo, hay lugar para todas, todos, todoas.  Simple y sencillamente porque ese mundo sólo es posible si todas, todos, todoas, luchamos por levantarlo.

  Las delegaciones zapatistas estarán conformadas mayoritariamente por mujeres.  No sólo porque ellas pretenden así devolver el abrazo que recibieron en los encuentros internacionales anteriores.  También, y sobre todo, para que los varones zapatistas dejemos claro que somos lo que somos, y no somos lo que no somos, gracias a ellas, por ellas y con ellas.

  Invitamos a que el CNI-CIG forme una delegación para que nos acompañe y sea, así, más rica nuestra palabra para lo otro que lejos lucha.  Especialmente invitamos a una delegación de los pueblos que levantan el nombre, la imagen y la sangre del hermano Samir Flores Soberanes, para que su dolor, su rabia, su lucha y resistencia llegue más lejos.

  Invitamos a quienes tienen como vocación, empeño y horizonte, las artes y las ciencias a que acompañen, a la distancia, nuestros navegares y pasos.  Y que así nos ayuden a difundir que en ellas, ciencias y artes, está la posibilidad no sólo de la supervivencia de la humanidad, también de un mundo nuevo.

En resumen: salimos a Europa en el mes de abril del año del 2021.  ¿La fecha y la hora?  No la sabemos… todavía.

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Compañeras, compañeros, compañeroas:
Hermanas, hermanos y hermanoas:

  Éste es nuestro empeño:

  Frente a los poderosos trenes, nuestras canoas.

  Frente a las termoeléctricas, las lucecitas que las zapatistas dimos en custodia a mujeres que luchan en todo el mundo.

  Frente a muros y fronteras, nuestro navegar colectivo.

  Frente al gran capital, una milpa en común.

 Frente la destrucción del planeta, una montaña navegando de madrugada.

  Somos zapatistas, portador@s del virus de la resistencia y la rebeldía.  Como tales, iremos a los 5 continentes.

Es todo… por ahora.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
A nombre de las mujeres, hombres y otroas zapatistas. 

Subcomandante Insurgente Moisés.
México, octubre del 2020. 

P.D.- Sí, es la sexta parte y, como el viaje, seguirá en sentido inverso.  Es decir, le seguirá la quinta parte, luego la cuarta, después la tercera, continuará en la segunda y terminará con la primera.

¡Pasta de Conchos Vive, la lucha sigue y sigue!

Hoy se cumplen 12 años de la incursión a la mina 8 de Pasta de Conchos encabezada por Viudas y Familiares de los 63 mineros que yacen en los socavones, quienes junto al Partido de los Comunistas y la Juventud Comunista de México recabaron las evidencias necesarias para desmontar las mentiras emanadas de Industrial Minera México (IMMSA) y el Gobierno Federal . Esta incursión daría paso a iniciar las maniobras del Rescate Independiente, iniciado el 20 de Noviembre de ese mismo año.

Hoy como cada año, en medio de condiciones complicadas por la pandemia del COVID-19, como cada 28 de septiembre estamos presentes compañeros adherentes de La Sexta, el Sindicato Minero, la JCM y el Partido.

En nuestro saludo reiteramos nuestro compromiso en continuar hasta que se concrete el rescate de los restos mortales de los mineros caídos. Expresamos que es necesaria la unidad como Viudas y Familiares para lograr materializar los acuerdos tomados recientemente. Que deben verse reflejados en la reparación integral como familiares y por condiciones elementales de seguridad e higiene laboral para los mineros. Exigiendo no solo la reparación del daño y el castigo a los culpables, sino ir más allá en la exigencia por el retiro a las concesiones del asesino Grupo México.

Con una delegación pequeña, pero combativa, seguimos con el compromiso hecho en 2006 junto al Subcomandante Insurgente Marcos y llevado a la práctica por el Partido y la JCM. En nuestra memoria histórica está presente que se cumplen 12 años que un grupo de patriotas, trabajadores, viudas y familiares entramos a la mina número 8 de Pasta de Conchos para echar al basurero de la historia las mentiras del gobierno y de los asesinos del Grupo México.

Siempre tuvimos la razón, y ahora más que nunca debe avanzar para cumplir las demandas de está digna lucha.

¡Ni perdón, ni olvido! ¡Larrea es el asesino!
¡Pasta de Conchos, no se olvida!

 

MENSAJE A LOS SEIS AÑOS DE LA DESAPARICION FORZADA DE LOS 43

MENSAJE A LOS SEIS AÑOS DE LA DESAPARICION FORZADA DE LOS 43 NORMALISTAS DE AYOTZINAPA.

 

Célula Francisco Villa del Partido de los Comunistas – Nuevo León

26 de septiembre del 2020

 

Buenas tardes compañeras y compañeros.

Hoy estamos aquí, para recordar que hace 6 años, 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, fueron desaparecidos por autoridades en contubernio con el crimen organizado.

Por eso, en el Partido de los Comunistas estamos hoy, desde distintas ciudades del país, acompañando el justo reclamo de sus padres, hermanos, amigos, compañeros y de la sociedad entera: que se esclarezcan los hechos, que se lleve a cabo una investigación real, que se informe dónde están y que se castigue a los responsables.

Nosotros no olvidamos ni vamos a olvidar que fue un crimen de Estado, y el máximo responsable es el ex presidente Enrique Peña Nieto, quien debe estar en la cárcel, y para eso no se necesitan consultas, solo una verdadera intención de hacer valer la justicia.

Tampoco olvidamos que, además, fueron autoridades municipales del PRD en Iguala Guerrero (el partido de AMLO entonces), las que incitaron esta atrocidad.

Nuestros compañeros de Ayotzinapa, han luchado desde hace décadas por lo que luchamos muchos desde otras trincheras:

Contra los salarios de hambre, contra el creciente desempleo, contra la discriminación, contra el desmantelamiento de las normales rurales y de la educación pública, contra la miseria en las comunidades, contra las desapariciones forzadas, contra la violencia y la corrupción generalizada, entre otras cosas.

Ellos, como nosotros, se han opuesto al neoliberalismo, que aún sigue presente en nuestro país, aunque el presidente en turno lo niegue con su discurso.

Ellos y nosotros entendemos, que los de arriba, por medio del Estado, mantienen sus grandes privilegios y gobiernan para el capital, mientras que aquellos que resistimos y luchamos desde abajo, solo recibimos de ellos desprecio, represión y muerte.

A este sistema, parece no importarle ni los 43 desaparecidos, ni los más de 30 mil desaparecidos que van en estos dos años de la 4T y que se suman a los más de 40 mil que ya nos había dejado la guerra calderonista, es decir, a ellos no les importan los más de 70 mil desaparecidos en nuestro país.

No ignoramos ni olvidamos tampoco, que los gobernantes, policías, jueces, y autoridades son criminales o cómplices de éstos, ya sea por omisión o por los intereses creados, como lo han demostrado y lo siguen demostrando, por ejemplo, con la reciente liberación de “El Mochomo”, el líder de los Guerreros Unidos implicado en el caso.

A los de arriba, no les importa el destino de los 43, ni les importa el asesinato de Samir Flores, ni los asesinatos contra periodistas, ni que a diario sean asesinadas 11 mujeres en el país, ni que los paramilitares actúen con impunidad en Chiapas y otros estados, incluso protegidos por estructuras del gobierno ya sean policías, ejército, marinos o guardia nacional.

Tampoco les importa atender la crisis sanitaria que ya tenía años agravándose, antes de la pandemia del COVID-19 y que ahora se vuelve insostenible.

Los de arriba, nos imponen medidas neoliberales afianzadas por megaproyectos de muerte que destruyen la naturaleza y despojan a las comunidades originarias y campesinas en beneficio de las trasnacionales, porque solo les importan las ganancias.

Pero, aunque los de arriba criminalicen las protestas sociales, nosotros seguiremos organizándonos y luchando.

Las mujeres, hartas de tantos feminicidios y discriminación, también se organizan y gritan su ¡Ya Basta!, haciendo temblar al sistema.

Los padres de familia, especialmente las madres y familiares, con hijos e hijas desaparecidos, escarban con sus propias manos para encontrar los restos de sus seres queridos. Poco o nada se puede esperar de los gobernantes.

Los familiares de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, que andan por el mundo en busca de la verdad y la justicia, caminan por la vida, y nos sirven de ejemplo, porque no se detendrán hasta encontrarles.

Y no los vamos a dejar solos. Tenemos memoria y queremos justicia.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

¡Ayotzinapa somos todos!

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