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A propósito de las elecciones.

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A propósito de las elecciones.

Por Jaime Guerrero M. 

Fue allá por el mes de agosto de 1987 cuando en el IX pleno del Comité Central de nuestro referente político, “el Partido de la Revolución Socialista”, declaramos categóricamente que, “con el sistema electoral vigente, no participaremos”

Luego de una amplia y seria discusión sobre el tema, llegamos a la conclusión de que el sistema capitalista en México había caído muy bajo, al grado de que se habían agotado las posibilidades de que un partido realmente revolucionario como el nuestro llegara a gobernar desde palacio nacional por la vía de las contiendas electorales organizadas por el Estado mexicano. 

Nosotros como corriente de izquierda revolucionaria, duramos muchos años participando en las elecciones como miembros de otro partido; y al único lugar de relativa importancia que pudimos llegar, fue a la presidencia municipal de Tepic, Nayarit. 

En el año de 1975, participamos en las elecciones para la gubernatura del estado de Nayarit, y el entonces gobierno nacional del presidente Luis Echeverría nos robó descaradamente el triunfo de la misma manera sucia, abusiva y prepotente que lo venía haciendo en todo el territorio nacional.    

Han pasado los años y lo único que ha cambiado son las formas fraudulentas de cómo se organiza todo el proceso electoral; porque ahora, aunque se dice que ya no es el gobierno el que dirige el proceso, la realidad es que todo está programado y organizado para que todo siga igual desde el punto de vista quienes mandan, quienes administran y de quienes son los beneficiarios del raquítico desarrollo económico y social del país. 

Hace muchos años, con las reformas a las leyes electorales hechas por los presidentes mexicanos priistas, nos dejaron fuera de la jugada; porque a las ya de por si, cerradas y difíciles condiciones legaloides para el registro de partidos y para libre participación electoral de los grupos revolucionarios de la izquierda, prácticamente crearon candados sellados, poniendo trabas y exigiendo requisitos exageradamente imposibles de cumplir por los partidos nuevos y pobres como el nuestro. 

Desde entonces, todos los gobiernos en turno, en los hechos solo se han dedicado a regalar el registro a algunos pequeños grupos y a pseudolíderes, convirtiéndolos -mediante puestos públicos menores, grandes cantidades de dinero y de costosas campañas publicitarias en los todos los medios de información- en partidos políticos que les sirven en el relleno del teatro y del circo necesarios a la farsa electoral; para así, dar la impresión a los mexicanos  y al mundo de que aquí en México hay un auténtico régimen democrático. 

Nosotros sabemos que la verdadera democracia consiste en “un gobierno del pueblo, puesto por el pueblo y para beneficio del pueblo”, cosa que está muy lejos de haber en nuestro México, cuando vemos que la clase obrera y trabajadora de todo el país no está representada en ninguno de los partidos electoreros, ni es mencionada como tal por ninguno se los candidatos contendientes de ahora. 

Si en otros tiempos hubo partidos comunistas y socialistas registrados participando abiertamente en los procesos electorales, hoy de plano están vetados de la contienda por toda la legislación y por los mismos partidos con registro; lo que en los hechos quiere decir que son solamente sectores y grupos afines a la misma clase social burguesa y capitalista, aliada del imperialismo norteamericano y mundial, los que se disputan los puestos del gobierno participando en la farsa, en pos del gran botín que representan los dineros del pueblo. 

La tan de moda cruzada internacional anti-corrupción, no es otra cosa que una gran campaña elaborada desde los centros mundiales del poder financiero, económico y político para desprestigiar, atacar y tumbar a los gobiernos verdaderamente democráticos que no se les arrodillan y no traicionan a sus héroes ni a sus pueblos como los de México. Esa cruzada es ahora también la bandera de todos los candidatos mexicanos que actualmente participan y van desesperados atrás del hueso. Es tan intenso y fuerte el ruido de ésta, que hasta muchos que se decían revolucionarios y de izquierda acabaron por creer que es posible erradicar la corrupción desde dentro del capitalismo, cuando sabemos qué hace ya mucho tiempo el marxismo-leninismo estableció con toda claridad que “es el capitalismo, el que engendra todos los males”, uno de los cuales es precisamente la corrupción. 

Ahora todos hablan, gritan y vociferan contra la corrupción, pero ni por equivocación mencionan cuales son las causas de esa corrupción, quienes son los verdaderos culpables, quienes son los que se benefician y mucho menos como le van a hacer para combatirla y erradicarla de manera efectiva y de raíz, y esto no lo mencionan, porque ocultan o ignoran que los más grandes corruptos no son los policías, ni los agentes de tránsito, ni los inspectorcillos, si no los de la clase de los grandes ricos empresarios nacionales y extranjeros. Los cuales son los dueños de los medios de la producción económica y del cambio, acaparadores y poseedores verdaderos de todo el fruto del sudor y del trabajo de todo el pueblo, de todos los recursos naturales y de todas las riquezas de nuestra nación. 

Los políticos mediocres que actualmente gobiernan en nuestro país son corruptos de poca monta. Solo son instrumentos y cómplices de todos los poderosos y grandes empresarios que se pasean por todo México y el mundo pasando por gente honrada y de bien, aprovechando que muchos mexicanos no quieren saber de política e ignoran mucho de lo que sucede y porque sucede, porque en su gran mayoría se la pasan entretenidos con las telenovelas, con el fut-bol, y ahora muy preocupados por la suerte de la selección nacional de futbol en el mundial de  Rusia. 

Los candidatos para nada hablan de desconocer el injusto tratado de libre comercio, en el cual los negociadores mexicanos no son más que insignificantes enanos luchando  desventajosamente y de rodillas contra los prepotentes atracadores profesionales de los EE.UU. como su presidente, el ilustre patán Donald Trump; el cual, se la pasa insultando a los mexicanos y al presidente de México, que indignamente ni por enterado se da. 

Y es que no podía ser de otra manera, porque nosotros sabemos que según Lenin: “los tratados entre desiguales, son verdaderas actas de sumisión de los débiles ante los poderosos”, empezando en que los EE.UU. poseen una economía veinte veces por superior a la nuestra. 

En México los hechos demuestran que no se necesita preparación, ni capacitación, ni capacidad, ni carrera política, ni experiencia de gobierno, ni inteligencia, ni patriotismo para gobernar. Solo es agacharse para acceder, estar ahí para obedecer y hacer todo los que le ordenen los grandes capitalistas y banqueros nacionales y extranjeros que están muy unidos en sus cámaras empresariales, grandes grupos corporativos, empresas multinacionales y en los organismos internacionales, como el banco mundial, el fondo monetario internacional, la ONU, la OEA, la OCDE y otros; los cuales, siempre están al servicio de los intereses y privilegios de los EE.UU.. que por algo son el centro de mando del capitalismo mundial. 

Por dondequiera que se le analice, cualquier candidato que no proponga el Socialismo para nuestro país, no hace más que entretener y distraer al pueblo con ilusiones y mentiras comprobadas.

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