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Recordando a Eduardo Galeano

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Recordando a Eduardo Galeano

Por Irasema Galindo

Este mes de septiembre, precisamente el día tres, el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano cumpliría 75 años. En los tiempos recientes lo recordábamos por ser homónimo del nombre de batalla del compañero zapatista José Luis Solís López, Galeano, vilmente asesinado en 2014 en La Realidad, Chiapas y porque este doloroso acontecimiento hizo que el subcomandante Marcos tomara el nombre de “Subcomandante Galeano”.

También vibró el recuerdo de Eduardo Galeano y de su obra más destacada "Las Venas Abiertas de América Latina" cuando en La Cumbre de las Américas, celebrada en Trinidad y Tobago en 2009, el presidente venezolano Hugo Chávez entregó un ejemplar de este libro al presidente Obama. No sé si algunas fibras de la conciencia del norteamericano se conmovieron con su lectura; lo que sí sé es  que "Las Venas Abiertas de América Latina", fue en la década de los 70 y los 80 principalmente, uno de los análisis políticos que más sacudió a los jóvenes quienes, ya con un espíritu rebelde anticapitalista, encontraron en la lectura de sus páginas las palabras, las ideas, las bases para la reflexión, la discusión y el análisis que permitía entender  objetivamente la situación de América Latina.

Después del obsequio a Obama por parte del presidente Chávez, se elevó la demanda del libro de tal forma que fue necesaria una nueva edición, la cuarta, cuyas reimpresiones desde que salió a la luz suman más de 70, lo cual confirma el fracaso de las dictaduras de Uruguay, Chile y Argentina que en la obscuridad de sus gobiernos asesinos prohibieron la lectura de este libro.

La suerte de Galeano está marcada por el exilio, después del golpe de Estado en Uruguay en 1973 tuvo que abandonar su país al que retorna en 1985 para dedicarse al trabajo periodístico y a otras actividades de carácter político desde la trinchera antiimperialista donde se mantiene hasta su fallecimiento el 13 de abril del 2015.

Eduardo Galeano dice en la contraportada de la última edición "Escribí Las venas para difundir ideas ajenas y experiencias propias que quizás ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién? ¿Culpa de Dios, culpa de la naturaleza? ¿No será la desgracia un producto de la historia, hecha por los hombres y que por los hombres puede, por lo tanto ser deshecha?"

Invitando a leer o volver hacerlo termino transcribiendo un párrafo de la introducción donde Galeano dice: "...la historia del subdesarrollo de América Latina integra, como se ha dicho, la historia del capitalismo mundial. Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos. En la alquimia colonial y neocolonial, el oro se transfigura en chatarra y los alimentos en veneno. Potosí, Zacatecas y Ouro Preto cayeron en picada desde la cumbre de los esplendores de los metales preciosos al profundo agujero de los socavones vacíos, y la ruina fue el destino de la pampa chilena del salitre y de la selva amazónica del caucho; el nordeste azucarero de Brasil, los bosques argentinos del quebracho o ciertos pueblos petroleros del lago de Maracaibo tienen dolorosas razones para creer en la mortalidad de las fortunas que la naturaleza otorga y el imperialismo usurpa. La lluvia que irriga a los centros del poder imperialista ahoga los bastos suburbios del sistema. Del mismo modo, y simétricamente, el bienestar de nuestras clases dominantes -dominantes hacia adentro, dominadas desde fuera- es la maldición de nuestras multitudes condenadas a una vida de bestias de carga.” 

Las venas de América Latina siguen abiertas, por eso debemos leer y re-leer a Eduardo Galeano.

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