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Héroes y mártires

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Héroes y mártires

*¨Por Salvador Castañeda O'Connor


Los comunistas estamos acostumbrados a rendir homenaje a nuestros mártires, cuya lista, se los aseguro, es mucho más grande que la de los cristianos, con todos y aquellos que fueron sacrificados en el Circo Romano. Vienen a nuestra memoria los Comuneros de París y los Mártires de Chicago, masacrados; Julius Fucik, decapitado; los esposos Rosenberg, electrocutados; Ricardo Flores Magón, colgado; Miguel Echauri, apuñalado; el Prieto Crispín, apuñalado y baleado; etcétera.

             Es conveniente ahora echar la mirada hacia los héroes y mártires de la población alemana y norteamericana, víctimas de la furia de los imperialistas y de los fascistas, en territorio propio. Alejandro y yo conocimos las instalaciones de un antiguo campo de concentración nazi en el norte de Alemania Democrática, que las autoridades conservaban como “Memorial Park”. El lugar más lúgubre y triste era la llamada “Estación Z”, al final de un camino descendente estaba el cadalso colectivo, donde se ahorcaba a unas 10 personas al mismo tiempo. Las sogas estaban dispuestas para rodear el cuello y también los pies de las víctimas. El jalón era parejo arriba y abajo, para provocar una muerte rápida y continuar sin mayor dilación con la ejecución grupal de otros internos. Allí eran sacrificadas unas doscientas personas diariamente, cuyos cadáveres eran cremados en los hornos construidos en la superficie lateral de ese callejón macabro. No se trataba de imponer una pena por el mal comportamiento del condenado, sino de deshacerse de aquellas personas que ya no tenían fuerza para producir. Ese campo de concentración no estaba concebido solo para castigar, sino para someter a una despiadada explotación laboral a los internos, cuya vida útil, tenía un promedio de seis meses.

            La inmensa mayoría de la población allí secuestrada no estaba integrada ni por judíos ni comunistas, sino por ciudadanos alemanes que se oponían al fascismo o que se habían organizado para resistir la dictadura hitleriana. Se trataba de gente de pensamiento democrático y progresista. Al llegar allí, los comunistas eran eliminados de inmediato y los judíos eran eximidos de los rigores de un trabajo físico agotador, pues eran empleados en las tareas de dibujo y diseño en la falsificación de libras esterlinas, en un intento de descarrilar la economía inglesa.

            En el año de 1908 vivió entre los nayaritas un científico alemán, Konrad Theodor Preuss, que hizo una brillante investigación sobre nuestros indígenas y escribió un libro, sobre la cultura de uno de los pueblos originarios titulado: “La mitología de los Coras”, que tuvo una gran difusión en Europa. El señor Preuss perteneció a la llamada “Escuela Mexicana” integrada por historiadores, antropólogos e investigadores, que en su tiempo fue fundada por el Barón de Humboldt. Todos los científicos de esa escuela fueron asesinados por el régimen Nazi, incluyendo al señor Preuss, por ocuparse del estudio de razas inferiores, contrariando la tesis oficial de la superioridad de la raza aria.

            Se dice que años antes del inicio de la segunda guerra mundial, tuvo lugar en la ciudad de México un encuentro internacional de antropólogos y que don Alfonso Caso, pregunto por Preuss a un delegado alemán, quien le informó que don Teodoro había muerto en un accidente. Ese supuesto accidente era homicidio y el homicida era precisamente el alemán a quien se preguntó por la suerte de la víctima. Se dice también - y eso es parte de la leyenda – que el asesino interrogado por casualidad, dejaba escurrir sangre de sus manos, manchando el piso de mármol del “Palacio de las Bellas Artes.”  

               El pueblo alemán no estaba informado de los horrendos crímenes del nazi fascismo, pero cuando llegaba a saber de alguna arbitraria agresión de los hitlerianos en contra de algún ciudadano, o grupo de ciudadanos, siempre trató de proteger a las víctimas.

             Cambiando de escenario, nadie puede negar que las grandes movilizaciones combativas del pueblo norteamericano, contribuyeran a la victoria del pueblo heroico de Vietnam, sobre el agresor ejército imperialista. Que resulta verdaderamente ejemplar la lucha de negros y blancos en contra de la discriminación racial y por la igualdad de los derechos civiles. El valor y la entereza de aquellos jóvenes negros que irrumpieron en las universidades blancas para desafiar desprecios, humillaciones, y aún agresiones físicas, para colocarse en los primeros lugares de aprovechamiento entre toda la población estudiantil.

          En los deportes destacan las hazañas de Jesse Owens, el máximo triunfador de las olimpiadas de Berlín de 1936, quien humilló a los nazis y su supuesta superioridad racial; de los Panteras Negras, medallistas de las olimpiadas de México, que levantaron el puño con guante blanco a la hora de la premiación y que fueron perseguidos a su regreso a los Estados Unidos; la estremecedora historia de Jackie Robinson, primer negro que jugó en las ligas mayores del béisbol, cuyo mérito no son, con ser muchas y muy elevadas, las cifras sobre bases robadas, porcentajes de bateo, ni las atrapadas impresionantes, sino la fuerza de resistir y superar los prejuicios y agresiones raciales, lo que permitió a la postre, que sean negros, la mayoría de los peloteros profesionales.

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