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SIN EL PUEBLO, LA PATRIA EN PELIGRO

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SIN EL PUEBLO, LA PATRIA EN PELIGRO

SIN EL PUEBLO, LA PATRIA EN PELIGRO

Por: Salvador Castañeda O´Connor

La iniciativa de Morena sobre la Guardia Nacional, al derogar la fracción tercera del artículo 31 constitucional y la fracción segunda del artículo 36 de nuestra Carta Magna, releva a los mexicanos en general y a los ciudadanos en particular, de la obligación de “asegurar y defender la independencia, el territorio, el honor, los derechos e intereses de la patria”. En estricto sentido, despoja a los mexicanos del derecho de combatir con las armas a los enemigos de nuestra patria. En adelante ese asunto es un privilegio que corresponde al Estado y especialmente a sus fuerzas armadas, como si el Estado Mexicano no se hubiera comportado en los últimos tiempos como un vulgar colaborador del enemigo principal de nuestra Nación, que es el imperialismo norteamericano; y como un miserable prevaricador integrado por traidores que ha entregado buena parte del patrimonio nacional a los monopolios globales y la soberanía de nuestro pueblo a autoridades extranjeras. No sabemos con certeza hasta que punto el nuevo gobierno pueda corregirlo.


No quiero hablar aquí de las supuestas excelencias del ejército mexicano en el combate a la delincuencia ni de sus carencias o defectos en esa materia. Mucho menos de sus excesos en perjuicio de los derechos humanos, sino simplemente reconocer que desde que los neoliberales lo sacaron de los cuarteles para combatir a la delincuencia, esta no ha mermado.
A lo que quiero referirme aquí, es a la grave desconfianza que Morena muestra por nuestro pueblo, cuando lo margina de tareas patrióticas, cuando la experiencia histórica nos demuestra que el pueblo armado ha sido fundamental cuando se trata de defender a México de las agresiones del extranjero

Una de las grandes enseñanzas de la Comuna de París, por todos reconocida, es que las fuerzas armadas no deben estar separadas de la sociedad, sino que el ejército debe ser el pueblo en armas.
En México, para no hablar de experiencias internacionales, los hechos acreditan que en ocasión de la guerra de rapiña que los Estados Unidos le impusieron a nuestro país, para despojarlo de la mayor parte de su territorio, quienes combatieron con mayor entrega y patriotismo fueron las guardias nacionales de los estados de Nuevo León y de Jalisco, “Los Bárbaros del Norte” y los “Dragones de la Independencia” que se transformó en el Heroico Batallón de San Blas.
La victoria del 5 de Mayo, sobre el ejército francés, además del genio del general Zaragoza, y de la abnegación del ejército liberal mexicano, recibió el aporte importantísimo de los indios de Zacapoaxtla. Los franceses y el imperio de Maximiliano sufrieron el asedio permanente de los Chinacos en el centro del país, así como de la guerrilla “Libres de Motaje” que organizó en Nayarit, Ramón Corona, quien ya como general, volvió a derrotar a los franceses en el poblado La Bayona, ubicada en los limites de Nayarit y Sinaloa.


Para hablar de tiempos más cercanos debemos recordar que:


1) Las Defensas Rurales creadas por el presidente Lázaro Cárdenas, cumplieron a plenitud con la misión de salvaguardar la integridad de los ejidos y del territorio nacional.

2) Los Comandos del pueblo organizados por el XXVI Ayuntamiento de Tepic, acabaron con el pandillerismo y la delincuencia en el municipio de Tepic.

A pesar de que cuenta con el ejército más poderoso en la historia de la humanidad, La Guardia Nacional de los Estados Unidos es actualmente una Fuerza de Reserva constituida por voluntarios. Cuenta con 450 100 efectivos. Fundada por el Congreso de los Estados Unidos. Ya existía en Massachusetts desde el 13 de diciembre de 1636.
Nuestra Constitución tomó de la norteamericana el sistema federal y también la institución de la Guardia Nacional, como una fuerza integrada con ciudadanos al servicio de las entidades federativas, por lo que resulta además, que poner la Guardia Nacional, bajo el control del Gobierno Federal, es una invasión a las facultades reservadas para los estados, cuestión que desmiente los objetivos de la llamada Cuarta Transformación

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