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LA MEMORIA DE EMILIANO ZAPATA DEBE PRESIDIR LA LUCHA POR LA NACIONALIZACIÓN CABAL DE LA TIERRA

LA MEMORIA DE EMILIANO ZAPATA DEBE PRESIDIR LA LUCHA POR LA NACIONALIZACIÓN CABAL DE LA TIERRA

LA MEMORIA DE EMILIANO ZAPATA DEBE PRESIDIR LA LUCHA POR LA NACIONALIZACIÓN CABAL DE LA TIERRA

 

Las demandas de la población, crecientes sin cesar, por una parte, y la constante alza de los precios de los productos agrícolas, por otra, muestran irrefutablemente que la nacionalización de la tierra es una necesidad social. CARLOS MARX

 

Emiliano Zapata es el héroe emblemático de las luchas campesinas en México y debiera serlo en todo el mundo.

La burguesía triunfante en Europa implantó el sistema capitalista sobre las ruinas del feudalismo, proclamando el triunfo de la razón sobre los prejuicios religiosos y la igualdad de los hombres ante la ley, liberándolos de la esclavitud y la servidumbre que les impusieron sus antiguos explotadores, para luego multiplicar de manera impresionante las fuerzas productivas e impulsar el desarrollo de la sociedad a un ritmo sin precedente. Cuando liberó físicamente a los siervos se cuidó de “liberarlos” también de los medios e instrumentos de la producción que el amo y señor había puesto en sus manos, despojándolos en la práctica, de las tierras, el ganado y otros elementos productivos, para dejarlos, como dice “La Magnífica”, sin cosa alguna.

Los burgueses, modernos explotadores, necesitan que los hombres no cuenten nada más que con su fuerza de trabajo, que venden al patrón, como cualquier otra mercancía, para poder vivir. Con ese criterio quedó disponible la enorme fuerza de trabajo aprisionada en las haciendas, para ser sometida después a la explotación asalariada, disfrazada como un contrato entre hombres libres e iguales.

Aquí, Zapata dijo: Estoy de acuerdo con la libertad, pero no voy a permitir que les quiten la tierra a los indios ni a los trabajadores del campo. Por el contrario, devuelvan a los pueblos indios y mestizos, aquellas superficies que les pertenecen y que se han tragado las haciendas.

De allí su hermosa proclama de ¡Tierra y Libertad!

El congreso constituyente de Querétaro de 1917, superó en cuanto al procedimiento, la vía reivindicadora de Zapata, basada en el reclamo histórico de devolver a los pueblos las tierras de que fueron despojados por el conquistador, los colonizadores españoles y sus descendientes. Dando una interpretación correcta al acta donde la Corona Española reconoce nuestra independencia y entrega a la Nación la propiedad y el dominio de un enorme territorio, el constituyente declaró que:

“La propiedad de las tierras y las aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de trasmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”

De este principio se derivan otros no menos importantes:

-El territorio nacional no es solo un espacio jurisdiccional o el asiento de la población; es patrimonio de la Nación Mexicana.

-La propiedad privada de la tierra, no es inherente a la persona, como lo establecen todas las Constituciones burguesas del mundo, sino una concesión que la Nación otorga a los particulares.

De estos principios se desprende el derecho inalienable de la Nación de: Imponer, en todo tiempo, a la propiedad privada, las modalidades que dicte el interés público.

Con base en tal postulado se inició y desarrolló la Reforma Agraria.

En adelante, los campesinos ya no tendrían la necesidad de fijar los linderos, llenos de puntos, señales, rectas, curvas y recovecos, de las superficies terrenales despojadas a los pueblos por las haciendas, para reclamar su devolución, como lo hizo Zapata con la ayuda del joven ingeniero Felipe Carrillo Puerto. Ahora la Nación podía, siendo la verdadera dueña de todas las tierras, entregarlas a los poblados campesinos en cantidad suficiente y en línea recta, hasta el límite de sus necesidades agrarias.

Eso hizo el presidente Obregón, cuando en cumplimiento de las promesas hechas a los generales zapatistas, entregó a los poblados del estado de Morelos, miles de hectáreas, decretando las respectivas dotaciones agrarias, para ser el primer presidente de la república emanado de la revolución, que puso en marcha masivamente la Reforma Agraria.

Los poblados campesinos, muchos de ellos, asiento de pueblos originarios, se convirtieron en sujetos de derechos agrarios.

Hacía falta ahora, que además de los poblados, fueran los campesinos, como clase social, los que se convirtieran en sujetos de derechos agrarios. Porque durante los primeros años en que se aplicó, la Reforma Agraria, se excluía de manera absurda de sus beneficios, a los antiguos peones agrícolas y aparceros de las haciendas, cuando a ellos se refería especialmente el emblema zapatista de Tierra Y Libertad, que expresaba precisamente el reclamo de que no fueran a ser despojados de sus tierras al liberarlos de las haciendas

Este error fue corregido a partir de la huelga victoriosa de los peones agrícolas que la CTM organizó en la región de La Laguna, en los estados de Coahuila y Durango, durante el gobierno del general Cárdenas.

La Revolución Mexicana alcanzó plenamente los objetivos que se planteó el movimiento armado integrado por obreros, campesinos y elementos de la pequeña burguesía, de liquidar el régimen de las grandes haciendas; reconocer los derechos sociales de los trabajadores del campo y de la ciudad; y desarrollar al país con independencia del extranjero. En menos de cuarenta años se desarrolló la industria y se multiplicó en más de seis veces la producción agrícola y ganadera. Para 1950, la producción industrial fue superior a la agrícola y minera juntas. Como una consecuencia directa, vino una notable mejoría de las condiciones de vida de la población, y un evidente progreso social, que indicaban que ya había desaparecido, como sistema dominante, el modo de producción feudal.

Hay quien calcula que México, para el año de 1982, se desarrolló impetuosamente, multiplicando 17 veces su economía, que pasó a ser la sexta en el mundo.

Este desarrollo impresionante, que en el extranjero fue calificado como “El milagro mexicano” fue posible fundamentalmente por la intervención decidida del Estado en la economía, quien utilizó como palancas del progreso, el reparto de tierras y la Reforma Agraria, así como la política de nacionalizaciones, creando infinidad de empresas públicas. Ambas instituciones lo convirtieron en productor directo, en financiero, en comerciante y transportista.

Zapata en la historia

En opinión de algunos historiadores, Emiliano Zapata fue un apóstol. Más que un hombre, fue un símbolo, paladín de los campesinos, esperanza de los desposeídos. Fue, entre todos los caudillos de la revolución, el más puro y quien más duró combatiendo y quien, en su momento salvó la marcha de la revolución. Su táctica militar de guerrillas fue genial. Fue apóstol de un gran ideal: el reparto justo de las tierras, devolviendo a los pueblos aquéllas que les habían robado. El espíritu del Plan de Ayala fue una autentica aportación suya.

A pesar de su desencuentro con el presidente Madero, el historiador José Mancisidor nos dice: “Zapata no manchó su pasado y su tradición revolucionaria reconociendo el estado de cosas emanado del cuartelazo de febrero. El caudillo del sur dejó sentada desde un principio, su actitud ante el crimen y la barbarie. El 20 de febrero de 1913, cuando Huerta había ya aprehendido a los gobernantes constitucionales de la República, sus fuerzas atacaron Tlalpan, defendida por tropas huertistas. Y saliendo al paso de cualquier malentendido y de los errores en que sus jefes, dio curso a una circular con la cual prevenía a los suyos contra el gobierno huertista, al que condenaba categóricamente: “Tengo entendido que el actual gobierno ilegal pretende entrar en tratos con los jefes revolucionarios por medio de conferencias que no son otra cosa que unas emboscadas para atraparlos y fusilarlos…En tal virtud tome sus precauciones en lo sucesivo y lo mismo que ataque al enemigo cuantas veces se presente y no pierda oportunidad de batirlo, porque es la única oportunidad de acabar con ellos”

El maestro Vicente Lombardo Toledano no se refiere a ningún otro documento, sobre cuestiones agrarias, anterior al Constituyente de Querétaro, que al Plan de Ayala. Ni siquiera le da importancia a la Ley del 6 de enero, expedida por Venustiano Carranza en Veracruz, seguramente porque considera que este último actuó en esa materia con una gran hipocresía, puesto que destituyó del mando al general Lucio Blanco, cuando éste repartió entre pequeños propietarios, la hacienda de Pascual Orozco, iniciando la que sería después la Reforma agraria. Venustiano Carranza, era hacendado y como Madero creía más en las cuestiones democráticas que en las reformas sociales. Independientemente de sus méritos en la lucha en contra del usurpador Huerta, Carranza era un conservador que se llenó las manos de sangre cuando mandó asesinar a traición al general Zapata, crimen horrendo que nunca le perdonaré y por el cual lo maldigo.

En el famoso documento “La perspectiva de México una democracia del pueblo” el Maestro Lombardo afirma:

 “Si se me pidiera mi opinión sobre los grandes creadores de México, sin hablar de los que viven (era el caso del general Cárdenas) no vacilaría yo en decir que:

ESTA ES LA PATRIA DE QUETZALCOATL, NO IMPORTA QUE HAYA SIDO REALIDAD O MITO; DE CUAUHTÉMOC, BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ, CARLOS DE SINGÜENZA Y GÓNGORA, MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA, JOSÉ MARÍA MORELOS, BENITO JUÁREZ, VALENTÍN GÓMEZ FARIAS, GABINO BARREDA, RICARDO FLORES MAGÓN, FRANCISCO I MADERO, EMILIANO ZAPATA Y FRANCISCO VILLA”

En ese mismo documento se afirma, haciendo implícitamente un homenaje al general Zapata:

“La producción agrícola de nuestro país está casi toda en manos de nacionales, gracias a la Reforma Agraria. Si ésta no se hubiera hecho, las mejores tierras habrían pasado ya a poder de extranjeros”.

Confieso que siento por la memoria de Emiliano Zapata una gran ternura. El crimen horrendo que le quitó la vida me provoca todavía una gran indignación y una infinita tristeza. Lloro con los últimos versos del corrido que declama López Tarso:

“A la orilla del camino corté

 Una blanca azucena.

 A la tumba de Zapata la llevé

 Como una ofrenda”

La pesadilla neoliberal

A partir del año de 1982, se instalaron en el poder los señores de la noche, golpistas, apátridas y criminales para convertir al Estado mexicano, antiguo defensor de la soberanía y del patrimonio de la Nación, en cómplice de los monopolios globales. Se inició un periodo, que aún no termina, de desintegración nacional, negación de los derechos de los trabajadores y empobrecimiento de nuestro pueblo.

La Reforma Agraria fue clausurada y revertida; liquidadas las empresas públicas, para ser sustituidas por las maquiladoras y las inversiones extranjeras directas, que en lugar de apuntalar nuestro desarrollo independiente, han permitido la fuga de capitales, por conducto de los abonos a la deuda externa y la exportación de ganancias. Los neoliberales han promovido el saqueo de los recursos naturales de nuestro territorio; y el desempleo, hambre y marginación de vastos sectores de nuestra población.

Desmintiendo el prestigio de la Constitución de Querétaro, que fue considerada, en su tiempo, como la más avanzada, la nueva Constitución, la que promulgó el presidente De La Madrid, mediante un verdadero golpe de Estado, pasó a ser la única en el mundo que consagra el mando del capital monopólico trasnacional.

Las consecuencias de la dictadura neoliberal están a la vista

- La Nación mexicana carece ahora del derecho a autodeterminarse.

- El pago de la deuda externa desvía enormes recursos que deberían emplearse en medidas contra el hambre. Además nos convierte de manera absurda en exportadores de divisas e importadores de alimentos.

 Y para hablar solo de cuestiones agrarias debo decir:

- Se reformó el artículo 27 constitucional, para así, poder poner a la venta las parcelas ejidales no solo en perjuicio de ejidatarios sino de la integridad del territorio nacional.

- Se suscribe el Tratado de Libre Comercio y se inaugura la

ruina económica del país, especialmente de los productores agrícolas de alimentos, como eran los ejidatarios.

- El campo está en la ruina, aunque se diga que la balanza comercial nos es favorable porque el valor de nuestras exportaciones agrícolas es superior al de las importaciones, ya que se trata de una agricultura en manos de empresas extranjeras, diferente a la agricultura ejidal, productora de alimentos. Lo cierto es que se ha perdido la soberanía alimentaria, puesto que tenemos que importar más del 50% de granos y otros productos de primera necesidad.

Daños irreversibles

La reforma constitucional del chacal Salinas, suprimió el carácter de inalienables e inembargables de las parcelas ejidales y estableció la posibilidad de convertirlas en propiedad de los ejidatarios, para que estas pudieran ser vendidas y circular en el mercado. No obstante, se dio a los ejidatarios la opción de aceptar o no el atraco. Desgraciadamente un buen número de ejidatarios aceptaron vender sus parcelas y convertirse en proletarios, contrariando los afanes y principios de la lucha abnegada del general Zapata.

Esta actitud criminal del gobierno salinista y la conducta irresponsable y traidora de miles de ejidatarios condujo a la ruina del sector agrícola de nuestra economía. Los ejidatarios, que ya se comieron el dinero que recibieron por sus parcelas, viven ahora de las limosnas del gobierno.

Los daños que se causaron al campo mexicano son irreversibles, porque sería imposible restablecer el sistema ejidal. Lo que procede ahora es la nacionalización completa de nuestra agricultura.

La nacionalización de la tierra

Para Carlos Marx, la nacionalización de la tierra no solo era posible sino necesaria, aun dentro de los linderos del sistema capitalista. Le parecía absurdo que un individuo pudiera proclamarse como propietario de una parte del globo terráqueo. La propiedad privada de la tierra transcurría entre dos formas contradictorias, pero igualmente inconvenientes: el latifundio y el minifundio. El latifundio era contrario a la justicia, mientras que el minifundio lo era de la economía. Sólo la Nación podía disponer de grandes extensiones de terrenos donde pudiera aprovecharse el empleo de las máquinas modernas y aplicarse los avances científicos y tecnológicos alcanzados en la producción agropecuaria y su industrialización primaria.

Haciendo buena la afirmación del diputado constituyente Alfonso Cravioto de que el sistema implantado por la Revolución Mexicana “Es casi el socialismo”, la Carta Magna aprobada en Querétaro nacionalizó las tierras y las aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, contrariando la doctrina que en ese aspecto de la propiedad, contenían todas las constituciones del mundo. Dejó, si acaso, una rendija para la pequeña propiedad agrícola, pero considerada como una concesión que la Nación otorga a los particulares, la cual estará permanentemente sujeta a las modalidades que dicte el interés público y a la expropiación.

Conviene ahora, frente al derrumbe del sistema ejidal que coexistía con la llamada pequeña propiedad, cerrar dicha rendija, no para eliminar de plano a los particulares de las actividades agropecuarias, sino para someterlos a un régimen de concesiones que la Nación podrá otorgarles, en atención a la naturaleza de los terrenos y la clase de cultivos u otras actividades productivas que el particular pudiera emprender sobre dichas superficies, sin atribuirle en ningún momento el carácter de propietario de las mismas.

La producción económica en el campo, trátese de la agricultura, la ganadería, la silvicultura y la pesca en aguas interiores estaría a cargo de empresas públicas. De esa manera quedarían garantizados la integridad de territorio nacional y el abasto de alimentos para nuestra población.

Pero lo más importante sería darle vigencia al histórico postulado del general Emiliano Zapata: “Tierra Y Libertad”, porque la gran masa de campesinos que se proletarizó al abandonar sus parcelas, podrían emplearse en las empresas públicas y no vender su fuerza de trabajo por hambre, a una empresa burguesa de particulares, que los condenaría de inmediato a la esclavitud salarial. Podría decirse que las empresas públicas en México son también de naturaleza capitalista, pero no sería igual que la plusvalía que producen los trabajadores se destine a impulsar el desarrollo del país que a enriquecer indebidamente a un patrón burgués.

Desde el punto de vista legislativo, propongo la siguiente reforma a la parte conducente del artículo 27 Constitucional, para quedar como sigue:

EN MATERIA DE LA PRODUCCIÓN ECONÓMICA, SEA AGRÍCOLA, SILVÍCOLA, GANADERA Y PESQUERA, EN AGUAS INTERIORES, QUEDA ABOLIDA LA PROPIEDAD PRIVADA DE LA TIERRA. JUNTO A LAS EMPRESAS PÚBLICAS QUE EL ESTADO ORGANICE, SUBSISTIRÁN, EN USUFRUCTO PERMANENTE, LAS EXTENSIONES QUE POSEAN LOS PUEBLOS ORIGINARIOS, LOS EJIDOS QUE NO HAYAN ACEPTADO LA CONVERSION DE SUS PARCELAS A LA PROPIEDAD PRIVADA Y LOS HUERTOS FAMILIARES. LOS PARTICULARES, SIENDO MEXICANOS, PODRÁN OBTENER CONCESIONES DE TIERRAS, PARA EMPRENDER O CONTINUAR CUALQUIER ACTIVIDAD PRODUCTIVA, DEPENDIENDO DE LA NATURALEZA DEL CULTIVO U OTRA EXPLOTACIÓN, Y LA CONDICIÓN DE LOS TERRENOS.

En la iniciativa correspondiente y en el proyecto de decreto quedaría asentada la derogación de todas aquellas partes del artículo reformado que se contrapongan al texto propuesto.

Tepic, abril de 2019

SALVADOR CASTAÑEDA O’CONNOR

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