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Los Mártires de Chicago.

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La Revuelta de Haymarket en la que acusaron a los Mártires de Chicago. La Revuelta de Haymarket en la que acusaron a los Mártires de Chicago. Archivo

Historia del 1º de Mayo Día Internacional de los Trabajadores.

A fines del siglo XIX, la explotación capitalista es extrema.

La reducción de la jornada laboral se convierte en bandera de lucha.

8 Horas: Para trabajar, para descansar, para disfrutar.

Estados Unidos 1º. De Mayo. Chicago 1886.

Estados Unidos vive meses de intensa agitación en las fábricas y en las calles. Finalmente el 1º. De mayo es convocada la primera Huelga General por las 8 horas. Aquel día, miles de trabajadores se movilizan y Chicago es el epicentro de los acontecimientos, la clase obrera desafía el poder de los capitalistas y por lo tanto la represión no se hace esperar.

El ensañamiento policial es tal, que varios trabajadores caen asesinados y otros tantos son heridos; a pesar de todo el movimiento no se detiene, ahora los huelguistas se concentran frente a las puertas de la fábrica Mack cormick, allí la patronal impide la organización y acaba de despedir a más de mil obreros; Spies dirigente Anarquista lidera el acto, sus palabras son interrumpidas cuando un grupo de Carneros se hacen presentes para quebrar la huelga. Los enfrentamientos no tardan en llegar, pero en ese instante la policía comienza a disparar a mansalva, seis muertos y varios heridos es el saldo.

La ira obrera se ha apoderado de la ciudad de Chicago, miles y miles comienzan a concentrarse en los alrededores de Haymarket en repudio de la represión, uno tras otro, los discursos de los dirigentes Socialistas y Anarquistas se suceden, todo transcurre en aparente calma hasta que repentinamente la policía vuelve a arremeter contra la muchedumbre, en medio de las corridas estalla una bomba, se producen detenciones masivas y los dirigentes son apresados, se les acusa de ser los autores del atentado.

EL JUICIO.

La farsa comienza a rodar, se les acusa de pertenecer a una sociedad secreta, cuyo fin es destruir a través de la dinamita el orden establecido, todo está armado para condenarlos. Con entusiasmo se nombra al Gran Jurado, el mismo se constituye con hombres de moral intachable, todos desprecian la causa del proletariado. Frente a él desfilan más de mil individuos, testigos falsos, cuyo prejuicio hacia Anarquistas y Socialistas queda evidenciado de antemano.

El Fiscal del Estado hace su tarea, una tarea ruin e ineficaz, nada puede ser probado, pero poco importa eso, porque las cartas ya están echadas. La clase dominante está dispuesta a brindar una lección ejemplar, un apasionamiento febril lleno de odio y venganza la invade, el plomo es el mejor alimento para los huelguistas, la prisión y los trabajos forzados son la única solución posible a la cuestión social. Es de esperar que su uso se extienda, escribe el CHICAGO TRIBUNE; mientras la FISCALÍA exclama, ellos no son más culpables que los que los siguen, condénelos como lección a los demás, ahórquenlos para salvaguardar nuestra sociedad.

Norteamérica se viste con el atuendo de la muerte y el mundo asiste a un espectáculo espeluznante.

El poeta Cubano José Martí, por entonces corresponsal del Diario La Nación de Buenos Aires, presente en que la sentencia se lleva a cabo, escribe: “Salen de sus celdas, se dan la mano, sonríen, les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos.

Abajo está la concurrencia, sentados en hileras de sillas delante del cadalso como en un teatro, firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el de Parson, Engel hace un chiste a propósito de sus capucha, Spies grita: La voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuántas palabras pudiera yo decir ahora. Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuerpos caen y se balancean en una danza espantable, GEORGE ENGEL, ADOLPH FISCHER, SAMUEL FIELDEN, ALBERT PARSON, LOUIS LINGG, MICHAEL SCHWAB, AUGUST SPIES, OSCAR NEEBE, sus nombres quedarán grabados para siempre”.

Las muertes de LOS MÁRTIRES DE CHICAGO, no fueron en vano. Los capitalistas pudieron silenciar sus voces, pero como dijo SPIES, la suya y la del resto de sus compañeros, se volvieron poderosas. Ellos forman parte de nuestra historia, una historia plagada de tragedias, pero también de heroísmo. Aun en ese momento dramático, cuando el final se acercaba, aquellos luchadores se irguieron valientemente ante sus verdugos para sentenciarlos. “Los miembros de la Asociación Internacional de los Trabajadores, estamos convencidos, de que sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores de acuerdo con lo que la historia nos enseña, en ella podemos aprender, que la fuerza  libertó a los primeros colonizadores de nuestro País, que sólo por la fuerza fue abolida la esclavitud, y que así como fue ahorcado el primero que en este país agitó la opinión contra la esclavitud, vamos a ser ahorcados nosotros. ¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible, que mientras unos amontonan millones, otros caen en la degradación y la miseria.

Así como el agua y el aire, son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres de ciencias, deben ser utilizados en beneficio de todos. Vuestras Leyes están en oposición con la naturaleza y mediante ellas robáis a las masas del pueblo, a la vida, a la libertad y al bienestar. No combato individualmente a los capitalistas, combato al sistema que produce sus privilegios. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes son sus amigos; todo lo demás merece mi desprecio”.

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