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La ética en tiempos de la pandemia

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La ética en tiempos de la pandemia

La ética en tiempos de la pandemia

la enconada batalla de las concepciones filosóficas, el materialismo logra una dolorosa victoria en el terreno de la ética en tiempo de pandemia.”

 

Por José de Jesús Dueñas N. Célula Prieto Crispín

 

La ética, es la ciencia filosófica que estudia la conducta humana, lo correcto y lo incorrecto, lo bueno y lo malo, la moral, el buen vivir, la virtud, la felicidad y el deber. Suele dividirse en tres niveles: la metaética que estudia el origen, naturaleza y significado de los conceptos éticos, la ética normativa busca normas o estándares para regular la conducta humana, y la ética aplicada se encarga de las controversias éticas específicas.

En el devenir histórico de la humanidad ha habido diversas y confrontadas maneras de entender la ética.

Así, la metaética más que resolver la pregunta ¿qué es bueno y qué es malo?, aborda la cuestión, si los valores morales existen independientemente de los seres humanos o por el contrario son inherentes a los humanos.

Las cuestiones éticas, como toda la filosofía, tiene dos soluciones generales; la idealista que resuelve que los valores éticos son independientes de los humanos y sus relaciones, si bien en algunas de sus vertientes acepta el libre albedrío de cada uno en lo particular y, la materialista que resuelve que dichos valores son resultado de las condiciones históricas, sociales, económicas y de relaciones de poder de los sujetos que actúan.

Es decir, la confrontación de las concepciones filosóficas idealistas y materialistas es de vieja data e irreconciliable. Sin embargo, es pertinente decir que todas las sociedades establecen normas éticas, expresadas en códigos o leyes que regulan la conducta humana para establecer un equilibrio entre los distintos grupos humanos o clases sociales y, en lo posible perpetuar las relaciones de poder entre las clases actuantes.

El capitalismo, en la etapa del neoliberalismo, a fin de fortalecer sus medidas económicas y de poder, establece sus valores éticos, individualismo y competitivismo. Estos valores, permean a toda la sociedad generando un hedonismo individualista e impulsando a los individuos a una competencia exacerbada, donde no importan los medios sino los fines, desposeyendo los valores de cualquier contenido social. Es decir, se debe ser ajeno a cualquier problema social, desembarazarse del mínimo sentimiento de solidaridad, pertenencia social o respeto a la naturaleza o a las personas por su edad, sexo o condición física, degenerando en un descarado egoísmo.

De pronto surge un brote epidemiológico devenido pandemia global, ocasionado por un mutante de coronavirus  y despoja de toda virtud a sus sacralizados principios de Individualismo y Competitivismo. Y he aquí que el desaforado ¡Salvase quien pueda! en el que cada cual se rasca con sus uñas se cambia por un Solidario ¡Salvémonos! en que solo acciones colectivas, sacrificios sociales y ayuda mutua puede salvar a la humanidad del flagelo de la epidemia.

En este contexto, las sociedades de las naciones alrededor del mundo se someten a restricciones impuestas por la contingencia sanitaria de manera disciplinada y solidaria, todos tienen que padecer limitaciones en sus formas de vida, destacadamente los trabajadores y entre ellos los trabajadores de la salud, los recolectores de basura, los obreros de los servicios esenciales.

Por otro lado los pueblos y gobiernos de numerosas naciones hacen su aporte solidario al combate de la pandemia, destacadamente el cubano, pero también el chino y el ruso entre otros. No así gobiernos retrógrados como el brasileño pero destaca por sus medidas ultranacionalistas del gobierno norteamericano de Trump, que arremete contra todos aquellos que considera enemigos y reparte culpas a diestra y siniestra, teniendo una actitud deficiente en ofrecer los servicios de salud al laborioso pueblo estadounidense, especialmente a los más pobres que no tienen acceso a los servicios de salud dentro de su sistema de salud como una mercancía; horroriza enterarse de las numerosas muertes de ancianos en las casas donde se refugian, horroriza saber que durante días los ancianos sobrevivientes han convivido con los cadáveres de sus compañeros fallecidos, escandaliza la Guía Bioética emitida por las instancias correspondientes del gobierno mexicano que establece los procedimientos para seleccionar de entre los enfermos, quien tendrá derecho a la atención en el caso de escasez de respiradores mecánicos mediante un triaje que evitaría conflictos éticos a los médicos practicantes al tener que decidir a quien se dará la atención con los escasos recursos a su disposición, previendo el colapso de los servicios de salud, en tanto se paga religiosamente la inmoral deuda externa, que en este contexto podríamos calificar de criminal.

Se dice, y se dice bien, que el mundo no será igual después de la pandemia, hay quien augura el fin del neoliberalismo y que un día amaneceremos con la buena nueva de que se ha controlado la epidemia y que del neoliberalismo llegó a su fin, lo cual, aunque deseable, objetivamente no ocurrirá así nomás de manera mecánica.

Los grupos de poder global que gobiernan el mundo operan desde ya, todo su poder para perpetuar el modo de producción. Pero no queda duda de que esta catástrofe sanitaria ha dejado al desnudo la hipocresía y egoísmo de los principios éticos emanados del neoliberalismo. Por otro lado a despejado la gruesa niebla con que se pretende ocultar la generosidad y solidaridad de los principios éticos que emanan del sistema Socialista, cuyo rostro más humano son las brigadas de trabajadores de la salud de Cuba que dentro de todas sus limitaciones lleva su generosa ayuda a numerosos países del mundo.

La enconada batalla de las concepciones filosóficas, el materialismo logra una dolorosa victoria en el terreno de la ética en tiempo de pandemia.

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