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El COVID 19 y nosotros.

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El COVID 19 y nosotros.

Célula Heriberto Jara.

Nunca pensamos que el Coronavirus que apareció en Wuhan una provincia de China fuera a llegar hasta nuestro país pues, todo parecía suceder en otro mundo tan lejano del cual sólo nos enterábamos de lo sucedido por los medios de comunicación.

En un mundo globalizado como este en el que sobrevivimos, no era de extrañarse que el virus viajara por todo el orbe, pese a las medidas, más simbólicas que efectivas, implementadas para que esto no sucediera por los países que recién se vieron afectados.

Burlando todas las leyes de migración el virus llegó hasta nuestro país sin que supiéramos cómo, ni cuándo, tomándonos desprevenidos. Nuestros políticos poseídos por un escepticismo sin fundamento primero y, una credulidad que fue aumentando conforme los casos en nuestro país aumentaban también, decidieron entonces sí, declarar una cuarentena con fecha de inicio pero no de fin.

Un tema nunca está libre de otro. El hacinamiento de los ciudadanos trajo consigo la pérdida de empleos. Hubo patrones y dueños de empresas un tanto “humanos” que mandaron a sus empleados a descansar pagando a veces el salario. Otros, los grandes empresarios los tienen laborando y exponiéndolos a contagiarse del virus.

Los trabajadores de la salud, ignorados por completo por muchos años, de pronto se vieron obligados por su profesión a estar en el frente de la batalla contra este virus. Esos mismos trabajadores de los sistemas de salud que a medida que se instauró el neoliberalismo en nuestro país fueron desconociéndoles derechos laborales que ya tenían reconocidos y que, apoyados por los gobiernos en turno sólo han legitimado el golpe casi final a estas instituciones (ISSSTE, IMSS, SS y Organismos Públicos Descentralizados Estatales) y cuyos sindicatos no han encontrado, a saber, la forma de hacer frente a esta arremetida en contra de sus agremiados, a los se les exige hoy, atiendan la demanda de casos que la pandemia ha provocado, además de las enfermedades con que ya lidiaban de por sí; en instalaciones en la ruina y con todas las carencias que podamos imaginar.

En los Servicios de Salud de Nayarit existen diferentes categorías de trabajadores, los hay con base federal, con base estatal, los OPD, los de contrato y, los más jodidos de todos: los de incidencias. Descender de categoría en categoría, es como hacerlo en los nueve círculos, en el cántico I, el Infierno, en la obra, La Divina Comedia, de Dante Alighieri.

Estos últimos prácticamente no tienen, se dice, ningún derecho pero sí el deber de trabajar, eso sí, son libres de quedarse o irse. Según.     

Se recomendó quedarse en casa. Lo cierto que la población, en su gran mayoría no ha podido hacerlo. (Los que tienen) pese a la indicación de los que gobiernan de que sólo así se podrán bajar los índices de contagios. Y es que no existe en la realidad un programa social eficiente que venga a auxiliar a la mayoría de la población que, sin juzgarla, ha sido golpeada por tantos gobiernos y “representantes populares” que sólo se han convertido en verdugos de su propia elección quienes, desde la comodidad de sus curules y en la seguridad que sus residencias, opinan en la redes sociales y se solidarizan con la tragedia de la mayoría. También a ellos mismos los vimos reducir cruelmente el presupuesto en el rubro de salud. Son ellos los que ahora donan con ternura una parte de su jugoso sueldo; acción que no fuera necesaria si se le hubiera destinado más presupuesto a la salud y menos, por ejemplo, a abonar la impagable deuda externa o a aumentar el de las fuerzas armadas.

Pese a que el virus es un problema de salud, pone en jaque a la clase política que no encuentra qué hacer y que ha ignorado y abandonado, a la ciencia y a sus científicos, a los campesinos, a los obreros, a los maestros, a los trabajadores de la salud, a los mineros, a los pueblos originarios, a los desaparecidos y a los desplazados por la violencia que se genera desde el Estado y por los grupos paramilitares.

Es bueno que reflexionemos ¿Qué seguirá después de que la pandemia haya pasado? ¿Queremos regresar a los de antes? ¿Vamos a exigir nuestros derechos como ciudadanos? ¿Vamos a ser menos críticos y más prácticos? ¿Ahora sí nos vamos a organizar para recuperar los espacios que nos pertenecen?

La pandemia nos ha dejado experiencias sin duda. Nos ha reafirmado lo que muchos pensaban y dijeron que habían desaparecido: la lucha de clases y el papel que juega el Estado (entiéndase Estado como un órgano de dominación de clase.) También nos ha mostrado la ternura y la solidaridad humana que se pensaba perdidas; la abnegación religiosa de los trabajadores de la salud y de los servicios primordiales y básicos, que evitan que caigamos de nuevo barbarie.

No debemos permitir, por ningún motivo y bajo ninguna causa, perder nuestra humanidad frente a los problemas que nos plantea este sistema económico, político y social al que, reconozcámoslo, está en contra de la vida en este planeta.

Hoy, la humanidad, ésta que concebimos en la cúspide de la evolución se ve amenazada por un nuevo enemigo que, se dice, es invisible.            

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