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Notas sobre la colonización turística del planeta.

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Notas sobre la colonización turística del planeta.

Por Edgar Villafuentes - Célula Sergio Almaguer

Uno de los principales motores de la economía mundial es el turismo, que genera el 10.4% del PIB mundial y 1 de cada 11 empleos; el turismo es un sector con gran fortaleza también en México, con un crecimiento anual del 3%, se trata de un sector que crece sin importar las crisis del capitalismo, puesto que las crisis las resienten los pobres de este planeta y el turismo intercontinental lo realizan solo el 2% de la población (quizá menos porque se cuenta el número de viajes en total y no por individuo) y el nacional o continental solo 1 de cada 7 personas. El turismo capitalista de masas crece porque es un negocio de la clase acomodada para el disfrute, en la mayoría de los casos, de la clase misma acomodada. 

El turismo es el embajador predilecto del capitalismo.

La turistización atrae lo más grotesco del Estado anfitrión: desahucios masivos, precarización del trabajo, drogas, prostitución, el exterminio de la cultura y el despojo de tierras (el turismo es ante todo territorio). Las regiones turísticas son peores en calidad de vida que las regiones no turísticas porque en el sistema actual, por supuesto, los grandes beneficiarios son de las grandes compañías, las aerolíneas, las cadenas hoteles y los cruceros, que se llevan íntegramente dos terceras partes de las ganancias del sector. El negocio se hace en el territorio, la ganancia en el extranjero.

“Viajando ayudo a México” dice cínicamente BestDay en sus slogans.

Las ciudades sedes del turismo de masas se convierten en parques temáticos, en Disneyland de la cultura local, zonas turísticas que son las mismas pero con otro decorado, donde “rescatar” la cultura significa hacer shows para los visitantes, que bailen, que canten, que vuelen, que se vean auténticos nativos vendiendo sus artesanías en los mercados. Con esto los presidentes municipales de las ciudades “agraciadas” por el sector turístico dejan de dirigir una ciudad y se vuelven directores de empresas turísticas donde los empleados son sus habitantes.

Todos los trabajos se vuelcan hacia el turismo, a atender los grandes hoteles, los transportes, las tiendas. Los habitantes pierden su forma tradicional de ganarse la vida a cambio del “progreso” del turismo; los pescadores olvidan el carrete y caña y aprenden de trapeadores y escobas; las mujeres (84% de las empleadas en el sector) dejan su vida por servir al disfrute ajeno; los jóvenes dejan el estudio por las propinas (quien necesita un título cuando se tiene una sonrisa competitiva). El 36% de los empleos en el turismo son en restaurantes, bares y centros nocturnos. El turista busca el exceso. Algunos datos arrojan que solo el 1% de los viajeros vacacionan con fines culturales, que haya una pirámide cerca es una cuestión 99% de las veces ornamentaría. Se vacaciona para olvidarse de todo en un México narcoturístico, se consigue alcohol, drogas, mujeres, niñas, impunidad, a precios de outlet.

No hay que olvidar nunca que nosotros, los pobres, no podemos viajar ni para salvar nuestra vida.

En las zonas turísticas se crea una periferia, donde habitan los que antes poseían la tierra. Los desahucios son regla en el turismo. Los ejemplos son vastos, si no es que todos, tras los grandes hoteles y los malecones, tras los centros comerciales y los bares, lejos del glamour y los “todo incluido” hay colonias de trabajadores que mantienen vivo todo el escaparate, grises y ajenos, en pequeñas casas que valen menos que unas vacaciones en sus lugares de trabajo. Los costos de vivir en sus propias ciudades los rebasan y tienen que migrar (¿hacer turismo proletario?).

Pero el turismo es ante todo: territorio.

El turismo de masas requiere de las zonas más ricas del país “anfitrión”; las mejores vistas naturales para arrebatar un ¡wow! en una transmisión en vivo; las playas más blancas para tomar fotos a contraluz de olas y pies; zonas arqueológicas reconocidas que permitan decir “yo ya estuve ahí”, “fui por 3 días un Maya”. Pueblos o ciudades coloniales que se convierten en museos al aire libre mostrando construcciones símbolo de la grandeza de una masacre.  La delimitación geográfica del turismo se divide en dos: la zona de fotos para Instagram y la zona donde viven los meseros. El territorio se configura como un parque de atracciones donde hay playa, selva, montaña, ciudad y viaje en tren, lo demás no importa, sus habitantes no importan. Todo para que el turista se sienta parte de lo que no le pertenece. 

El turismo capitalista de masas es Neo-colonizador…

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