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Nuestra casa es hogar, trinchera, comunidad y barricada

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Nuestra casa es hogar, trinchera, comunidad y barricada

La alegría de vivir y de luchar nos viene de la profunda convicción de que la causa por la que luchamos es justa, entusiasmante e invencible.

Álvaro Cunhal. Comunista portugués

 

Nuestra casa es hogar, trinchera, comunidad y barricada

A mis compañeros de Partido:

En febrero del 2020, el pleno del Comité Central le realizó un homenaje al compañero Salvador Castañeda O´Connor al pie de su tumba en el panteón Miguel Hidalgo de la ciudad de Tepic, Nayarit.

En el uso de la palabra, entre otras cosas, aseveré que en un determinado momento de mi vida leí que una casa, no era casa, ni un hogar era hogar, hasta no tener muertos. Y fue por lo que nuestro Partido ya podía considerarse casa debido a la cantidad de muertos que teníamos en nuestras filas: Alejandro Gascón Mercado, Braulio Puga, Arturo García Escobedo, Julio Prado, Francisco Encinas, Jesús Luna Pérez, Rafael Gómez Aguilar, Samuel Santoyo León, José Luis Carrillo, Flavio Báez Martínez, Gloria López, Guadalupe González, Pablo Guerrero, Sergio Almaguer Cosío, Salvador Castañeda y otros nombres más que puedan lamentablemente escaparse de mi memoria pero seguramente no lo harán de nuestra historia.

Estos compañeros han muerto en diferente geografía, tiempo y circunstancia. Con lo que confirman que nuestra organización partidaria, además de ser hogar y casa. Es trinchera de la lucha nacional, contiene en su ser raíces históricas, y que es por cuestión de principios, y en la práctica, una organización internacionalista.

Hace más de una década, en el recorrido de La Otra Campaña, escuchamos por primera vez un homenaje verdadero a los muertos en voz de los compañeros del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. Nos dijeron claramente: nosotros no nos levantamos en armas por nosotros ni por los del futuro, sino por los hombres y mujeres de nuestro pasado. Y los originarios de estas tierras nos explicaron que cumplieron con su deber, porque no querían en ningún momento enfrentar en algún lugar o circunstancia a los viejos, a los que los antecedieron en la lucha, reclamándoles lo que no hicieron por perpetuar y continuar la lucha que ellos iniciaron.

A pesar de haber caído el muro de Berlín y el campo socialista, nosotros dijimos que nuestras ideas seguían siendo válidas y recorrimos la patria como nadie. Nos dijeron que nuestras ideas y consignas eras antiguas y fracasadas, nos dijeron atrasados, soñadores, tercos y locos. Sin embargo, construimos una organización producto de la unidad con nuestros iguales, sobrevivientes al llamado “Fin de la Historia”. Nos han acusado de todo, incluso de ser aventureros y provincianos desconocedores de la teoría marxista. La “Ola Verde” en un momento nos llamaron con afán peyorativo por nuestra supuesta incultura y nuestro origen en lo más recóndito de la historia de lucha de nuestro pueblo. Sin embargo, todos los que nos acusaron de eso, ya traicionaron y se vendieron al mejor o al peor postor. Muchos ahí siguen ahora de funcionarios del gobierno actual.

Han pasado los años, muchos que se decían comunistas, y que como decía Sergio Almaguer: tragaban plomo hirviendo y cagaban soldaditos, corrieron. Otros que se creen omnipresentes y todos poderosos, pero sus ambiciones son personales y al final ruines, crearon organizaciones al servicio de sus necesidades y vanidades. Muchos más, sólo buscaron la oportunidad para resolver sus traumas y angustias del momento. Pese a todo, nosotros, los herederos de aquella “Ola Verde”, aquí estamos.

Somos los herederos de una historia de lucha, tenemos raíces emanadas del pueblo, somos parte de él, con sus virtudes y defectos. Somos patriotas y comunistas. Tomamos nuestra esencia del pasado que nos da identidad, y nos caracteriza nuestra confianza en el porvenir que invariablemente será luminoso. Militamos no por frustración sino porque hemos entendidos que el futuro comunista es la felicidad, pero más que todo, el camino de la construcción de un mundo nuevo, será nuestra felicidad cotidiana. El estilo de esta camada de comunistas es luchar con la alegría que nos da la justeza de nuestras ideas y la enorme confianza en el porvenir.

Compañeros y compañeras

Hoy el capitalismo en sus estertores es más agresivo y despiadado con la naturaleza y el ser humano. Hoy como nunca la especie humana se encuentra en peligro de desaparecer junto con toda lo que tiene vida en el planeta tierra. La crisis civilizatoria, el calentamiento global, las enfermedades como la pandemia actual del Covid19 y otras que se avecinan, la terrible desigualdad que provoca hambrunas, muertes por enfermedades curables, las terribles guerras y el increíble armamento nuclear que espera en bodegas para ser utilizado y con capacidad para destruir varias veces la Tierra son propios del sistema capitalista.

Ante eso la única alternativa de los pueblos del mundo es la organización y la pelea colectiva contra un sistema y sus perpetuadores. Es la lucha de la humanidad en su conjunto contra el capitalismo del siglo XXI.

¿Y cuál es la tarea de nosotros los comunistas?

Luchar y luchar, luchar contra el sistema, luchar en donde nos ha tocado vivir. Luchar organizando a todo aquel que ha sido golpeado por la desigualdad, el despojo, la explotación, el desprecio, la represión. Luchar llevando la voz y la idea de que todo está en movimiento y que es posible cambiar la situación actual. Que en la víspera nadie cree en la posibilidad de la transformación, pero nuestra historia está llena de ejemplos que nos muestran que la rueda de la historia no se detiene, que la pelea entre poseedores y desposeídos siempre ha existido desde que existe la propiedad privada, y que la Tierra junto con la historia se mueve gracias a ese motor de contradicciones.

Hoy los comunistas debemos esforzarnos para unir a todas las resistencias. Actuar sin atavismos ni complejos, con alegría y pasión, con confianza en el porvenir.

Y para esta pelea los comunistas tenemos un lugar, un espacio: el Partido. Es la forma que tenemos nosotros para organizarnos, es nuestra herramienta de pelea, nuestro aporte a lucha de todos los desposeídos. Podrá haber otras formas y modos, pero la nuestra es el Partido.

Hoy más convencidos que hace 100 años de la necesidad de la existencia del Partido, sus miembros debemos ratificar que nuestra militancia, sueños y añoranzas tienen un lugar especial, único e insustituible: La Célula. Debemos atender la tesis leninista que dicta que para ser miembro del Partido debe el militante estar encuadrado en una célula. Ahí es el lugar inmejorable para pelear, para militar. Ahí se estudia, se aprende el Centralismo Democrático, se cotiza, se discute, se planea, se aprende a trabajar en colectivo, a pensar y hablar en primera persona del plural.

Y es así como hombres y mujeres, comunistas todos con diversos modos, orígenes y experiencias, con nuestros muertos a cuestas y nuestro porvenir glorioso que nos espera, militamos todos en un Partido en construcción. Con virtudes y defectos, con un amplio sentido del valor de nuestra historia y de nuestro pueblo. Como verdaderos internacionalistas de toda la vida.

En nuestro Partido militan jóvenes con gallardía y entusiasmo, pero también viejos con experiencia y madurez política. Todos juntos, hoy más que nunca, debemos continuar la construcción de nuestra organización procurando siempre la unidad como principio rector, porque nuestra organización no se constituyó como decreto u ocurrencia de alguien. No nació de generación espontánea, tiene raíces en la lucha popular por un mundo mejor y por el socialismo.

Siempre reconoceremos los inmensos aportes que las grandes personalidades entregaron generosamente su vida a nuestra patria, al mundo entero y a nuestro Partido. Pero hoy ha llegado el momento del colectivo. Todos somos importantes pero el colectivo lo es todo. Este Partido tiene muchos cuadros, algunos en formación y otros ya maduros. La calidad del Partido no responde a la actitud y trabajo de las individualidades, tampoco a la simple suma de ellas. ¡No!, la calidad de nuestro Partido la determina el colectivo. El cómo pensamos y actuamos en colectivo. Por eso la célula, escuela y base fundamental del colectivo, debe ser lo más importante en nuestra organización.

El comandante Raúl Castro, comunista de altura, afirmó ante el Congreso del PCC que Fidel era insustituible, que ningún compañero podría reemplazarlo, ni él mismo a pesar de la grandeza del compañero Raúl. Lo único que podría sustituir a Fidel era el Partido, el Colectivo en sí. Lo mismo pasa en nuestro pequeño Partido, la única manera de sustituir a los gigantes que construyeron esta trinchera en la cual militamos, es el Partido; es el pensamiento y trabajo colectivo. El camino correcto por el cual deberá de transitar nuestro Partido y por ende la conducción de la lucha revolucionaria de nuestro pueblo, solo podrá ser trazada por el colectivo. El colectivo se llama Célula, Comité Estatal o regional, Dirección Colectiva, Comité Central o Congreso Nacional, esos son nuestros órganos y nuestros espacios para discutir y los debemos conocer. Es preciso saber que discusión se debe llevar a cada órgano. Asumiendo que solo el pensamiento colectivo nos llevará a buen puerto, y conociendo nuestros distintos colectivos partidarios, tendremos dentro de poco tiempo una herramienta más sólida que ofrecer a la lucha revolucionaria de nuestro pueblo.

Compañeros y compañeras.

Hombres y mujeres.

Jóvenes y viejos.

Todos juntos:

Construyamos juntos la organización que necesita nuestro pueblo y que se sitúe a la altura de nuestros sueños, ilusiones y necesidades. Esta es nuestra casa, nuestro hogar. Olvidemos ya nuestras pequeñeces, nuestros traumas, nuestros dolores, nuestras tonterías. Abandonemos el pasado lleno de fracasos. Inauguremos nuestro presente lleno de ilusiones y alegría. Caminemos juntos, por nuestros muertos, por nuestros hijos. Por los que ni conocemos, pero sabemos que nos necesitan.

Ha llegado el momento de estar cerca. Nos queremos y queremos a los demás. Vamos juntos en esta pelea y ayudemos a transformar esto de una vez por todas.

Hoy llamamos a los cuadros viejos de este Partido a sumarnos a este trabajo y terminar de construir esta herramienta de lucha llamado Partido de los Comunistas.

Hoy llamamos a los jóvenes comunistas a unirse a este trabajo necesario y urgente. A sumarse a la militancia encuadrada en las células de este Partido, a transformar nuestra patria y el mundo. La militancia no tiene acta de nacimiento. No es necesario cumplir ciertos años para luchar en el Partido. Sergio Almaguer, primer Secretario General que tuvo nuestro Comité Central lo explicó de manera muy práctica, a pregunta expresa en el Congreso fundacional sobre a qué edad se podía militar en el Partido, respondió: desde los 4 años.

Hoy llamamos a nuestros simpatizantes y amigos a unirnos en esta batalla de la humanidad contra el capitalismo, a esta batalla de la vida contra la muerte.

Y alcemos la voz como gritan en el sur del continente los originarios de aquellas tierras:  ¡Marichiweu!

¡Cien, mil, un millón de veces: venceremos!

¡Hasta la victoria siempre!

¡Salud y por la vida, luchemos contra la muerte!

Rafael Castañeda Pineda

Célula Sergio Almaguer

 

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