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Ante agresiones como la de Ayotzinapa, nuestra defensa es la organización.

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Ante agresiones como la de Ayotzinapa, nuestra defensa es la organización.

La brutal agresión contra los jóvenes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, que ha horrorizado al pueblo de México y provocado la indignación de millones de personas en el mundo, no es una acción aislada y excepcional, menos una falla esporádica del sistema, es parte de la política del Estado Mexicano de reprimir y agredir a los sectores populares en nuestro país.  Los hechos ocurridos la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27, dejaron seis muertes, 25 heridos y la desaparición de 43 normalistas de la escuela normal rural Raúl Isidro Burgos.

Estos hechos de horror que tuvieron como escenario Iguala son la muestra evidente de la grave crisis política que atraviesa el Estado Mexicano,  una tras otra demuestra que no puede garantizar el derecho a la vida, la paz y la libertad.  Tampoco democracia, soberanía y mucho menos seguridad o la justicia para los mexicanos. Esto junto a otros factores, demuestra lo que se ha vuelto cotidiano en nuestro país, es decir, que las instituciones públicas y partidos burgueses son donde se promueven y prevalecenel crimen, la impunidad y la corrupción.

Mientras el Gobierno Federal presume (con estrategias mediáticas en los monopolios de la comunicación) operativos donde no dispara ni una bala y detiene narcotraficantes,  con los hijos de familias campesinas, estudiantes de una normal rural, hace gala de su fuerza e impunidad. A quienes defienden la educación pública, la enseñanza al servicio de los más pobres, el normalismo rural y la transformación social del país a través de la educación se les dispara y secuestra.

A más de un mes de la desaparición forzada de los normalistas, somos muchos los que mantenemos con más fuerza la consigna: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”. Esta agresión terrorista por parte del Estado no es solamente algo estudiantil y focalizado en el estado de Guerrero. Eso es lo quieren que creamos, es más profundo, es popular, nacional y afecta a todos los sectores de nuestro pueblo. Ha detonado un desarrollo de las condiciones subjetivas en todo nuestro pueblo que ha confirmado la opinión vertida por nuestro Partido desde 2006; que los partidos electoreros al servicio del capital PRI, PAN, PRD y demás comparsas están en una crisis profunda junto a las demás instituciones públicas, gravemente coludidas con el crimen organizado.

Ayotzinapa concentra el repudio contra la política de despojo que pretende imponer el poder de los monopolios para garantizar en plena crisis la rentabilidad del capital. Las reformas a la Constitución son una prueba del servilismo del Gobierno Mexicano para facilitar el despojo y explotación de riquezas a favor del capital transnacional y del imperialismo. No es casualidad que junto al desmantelamiento de los derechos fundamentales de los trabajadores, se haga constante el uso de grupos paramilitares y cuerpos de seguridad para agredir a quienes resisten ante la embestida neoliberal. El uso de la represión para imponer  el terror a nuestro pueblo y desmovilizarlo, obedece a una técnica de sometimiento y dominación social. La desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa es una muestra de ello.

El 7 de noviembre en conferencia de prensa el Procurador General de República (PGR), Jesús Murillo Karam aseguró que, los estudiantes fueron ejecutados y calcinados por los integrantes de Guerreros Unidos, esta afirmación surge por la declaración de los detenidos, los autores materiales llevaron los cuerpos de los estudiantes al basurero de Cocula donde los quemaron, los tres capturados dicen haber asesinado a los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Ayer el grupo independiente de especialistas forenses afirmó que las pruebas y restos presentados en la investigación de la PGR no corresponden a los desaparecidos desde el pasado 26 de septiembre. Ayotzinapa es un crimen de Estado, fueron policías, la orden fue de un alcalde y los militares no hicieron nada. Aunque el Procurador negó que la agresión del 27 de septiembre y posterior desaparición forzada de los normalistas lo sea. El cinismo y frialdad que mostró Murillo Karam fue casi tan escalofriante como la manera en que se dieron los hechos en Iguala.

Las agresiones del Estado contra nuestro pueblo son varias y cada vez encuentra más repudio a sus cercos mediáticos para legitimar la violencia. Podemos mencionar la masacre del 2 de octubre, la matanza del Jueves de Corpus, San Ignacio Río Muerto, Río Tula, Aguas Blancas, Acteal , Atenco, feminicidios en Cd. Juárez, la represión al pueblo de Oaxaca, Pasta de Conchos, la agresión a mineros en Lázaro Cárdenas, la guerra de baja intensidad en Chiapas, el asesinato del base de apoyo zapatista Galeano, en 2011 policías asesinaron a dos estudiantes de Ayotzinapa durante un bloqueo en la autopista del Sol, junto a esto las muertes por la “Guerra contra el Narco”en Sinaloa, Tamaulipas, Chihuahua, Nuevo León , Coahuila, Michoacán y las ejecuciones extrajudiciales como en Tlatlaya, Edo. de México. Ayotzinapa es hoy el epicentro de todos estos agravios, en todos los denominadoresen común son: la impunidad, el crimen y la corrupción.

Ante esta situación tan grave por la que atraviesa nuestro país el Partido de los Comunistas y la Juventud Comunista de México debemos estar atentos en cada movilización para propiciar una mayor articulación entre colectivos y pueblo en general no sólo exigiendo la presentación con vida y el castigo a los culpables, debemos buscar aglutinar y elevar la mira en las demandas políticas para propiciar el derrocamiento de Peña Nieto y su Gobierno. La tarea es enarbolar nuestro programa, repudiar este acto grotesco y al mismo tiempo fomentar la necesidad de estar organizados. El capitalismo no quiere organizado a nuestro pueblo. Enfrentemos su política de miedo, organicémonos cada vez más. Que el dolor que nos provocan estos atropellos se transforme en lucha, militancia y organización. Es la mejor manera de pasar de la indignación a la digna acción.

Héctor González 
Célula Sergio Almaguer Cosío

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