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Palabras del Médico Ernesto Peña Gutiérrez en homenaje a Fidel

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Palabras del Médico Ernesto Peña Gutiérrez en homenaje a Fidel

Palabras del Médico Ernesto Peña Gutiérrez, egresado de la Escuela Latinoamericana de Medicina, en el mitin de Homenaje a Fidel en Nayarit.

Querido Comandante:

El día de hoy tengo el privilegio de formar parte de este homenaje, y hablo, en representación de cientos de mexicanos que hemos sido formados por tu pueblo, científicos que aprendimos la medicina más humana, y que también aprendimos, la incomparable capacidad que tiene tu pueblo de brindar salud, con ese amor al ser humano, que solo una revolución tan impactante, humana y honesta puede enseñar.

Y si he de ser repetitivo con el humanismo mi comandante; es que, no conozco a alguien más humano que usted, a lo largo de la historia de la escuela latino americana de medicina,  has albergado a cientos de miles de mis hermanos latinoamericanos incluyéndome, dotándonos de algo más que el conocimiento, nos armaste de ideas, nos convertiste en un ejército de batas blancas, todos dispuestos a luchar, y no por cuba o por México, sino por ¡la justicia!, ¡por la humanidad!

El arte que aprendí en tu maravilloso país, me abrió los ojos, transformo el idealismo que nacía en mi corazón joven, y lo convertiste en generosidad y esperanza, tu gente me mostró un camino en el que no se lucra con el ser humano, en el que no se niega a nadie la salud.

Aprendí también y fui testigo, de la defensa de una de las revoluciones más importantes del siglo pasado, revolución que con sangre y sufrimiento han formado, tal como la defines en el año 2000, “Una convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”.

Me enseñaste por lo tanto a no rendirme jamás, el anhelo de traer a mi país la utopía sanitaria que tiene tu pueblo no desaparecerá de mi espíritu, a mi México le falta un camino muy largo por recorrer, y es que para alcanzar el avance científico y social que tiene tu pueblo, primero tenemos que descubrir algo que tu gente entendió hace mucho tiempo, el ser humano tiene que verse como hermano, ver a su prójimo y dejar de despojarle de sus derechos, acabar con la explotación del hombre por el hombre, entender que todos, TODOS NACIMOS IGUALES.

Yo aprendí una medicina sin números de seguridad social, sin sociedades de seguros, ¡vaya! Sin gusanos corporativos, aprendí que los pacientes son personas como yo, aprendí que mi profesión es un servicio y que el curar, sanar o acompañar era mi más grande paga, que los seres humanos nacemos con ese derecho y es mi deber preservarlo, se requiere de un cambio sanitario, un cambio en nuestras mentes, el servicio a nuestros hermanos siempre es lo principal, y dejar la porquería de tabular en monedas lo que por derecho divino nos corresponde.

Rediseñar la salud pública es una tarea ardua, pesada y difícil, epidemiológicamente tal vez en nuestro país parezca imposible, sin embargo, fue imposible si quiera pensar que los 50 hombres a bordo del Granma tendrían éxito.

Éxito de una revolución que solo lograste con mano firme y poderosa, y siempre pensando en lo que el pobre, el ignorante y el enfermo puede necesitar, muchos hablan de ti.

Pero ni todos aquellos gusanos que se burlan y se quejan de tus acciones, ni todos aquellos ignorantes y despreciables que te critican, que miran tu traje de militar y te llaman dictador, se podrán comparar con los miles de corazones que laten gracias a un trasplante, gracias a un marcapasos, gracias a la excelencia de profesionales de la salud trabajan para Tu pueblo, ellos jamás dejaran de verte como un ángel barbado que fuiste eres y seras un amante de la humanidad.

Te fuiste muy pronto porque 90 años es poco tiempo para este mundo sumido en la miseria, la desigualdad, y el hambre, pero tus ideas, tu convicción y el coraje que ardía en tu corazón encendió a miles, como el mío, como el de muchos que sufrimos y lloramos tu muerte.

Y ahora que he estado lejos de esa hermosa isla te externo que no hay palabras para describir el amor que le tengo, la admiración que te tengo a ti y la inmensa gratitud, porque tú y tu pueblo me enseñaron mucho más que una profesión, mucho más que una forma de ganarme la vida, me dieron un sentido y un propósito.

Y hasta que me nos reunamos contigo, el fuego de la esperanza que avivaste en latinoamérica seguirá cambiando al mundo y seguirá convenciendo a la maldad de nuestros gobiernos que UN MUNDO MEJOR SIEMPRE ES POSIBLE, HASTA SIEMPRE MI COMANDANTE!!!.

 

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