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Saludo al III Congreso del Partido de los Comunistas en Baja California.

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Saludo al III Congreso del Partido de los Comunistas en Baja California.

Saludo al III Congreso del Partido de los Comunistas en Baja California.
Por Salvador Castañeda O'Connor.

Queridos compañeros:

Lamento mucho no estar con ustedes como lo había prometido y que por causas ajenas a mi voluntad no pudo ocurrir.
Saludo especialmente a Chela Romo, a quien le debemos un homenaje encendido y cariñoso; a Luis Alfonso Vargas, siempre dispuesto a cumplir sus compromisos políticos; a mis hermanos, nietos y sobrinos, que junto con mi hijo Rafael, integran esta hermosa Asamblea. 
Deseo participar en su Congreso con algunas reflexiones, reiterándoles a todos mi cariño fraternal y deseándoles los buenos resultados que merecen sus deliberaciones.
No perdamos el tiempo en cuestiones intrascendentes y sin importancia. Ustedes son comunistas. Patriotas probados. Mexicanos vivos y sensibles que habitan al lado del Imperio más poderoso y sanguinario de la historia. 
Estamos asistiendo al colapso del neoliberalismo, último peldaño del imperialismo, que según LENIN es, a su vez, la fase final del sistema capitalista.
No es la hora de festejar.
La fiera en su agonía se vuelve más peligrosa. Un coletazo suyo puede destruir nuestro planeta y acabar con la especie humana.
Para ello bastaría hacer estallar 100 artefactos nucleares, de los 25,000 de que disponen los imperialistas.
La globalización neoliberal se ha agotado. Ya no sirve. Eso no lo decimos nosotros sin una parte al menos, de quienes la implantaron.
Sí. Esa misma globalización que puso la riqueza del mundo en manos de unos cuantos oligarcas, cuyo monto sería suficiente para mantener a 40 generaciones de sus holgazanes descendientes, durante todo un milenio; que condenó a la miseria a más de 2 mil millones de seres humanos; que hizo la guerra a todas las naciones, destruyendo su cultura y su soberanía, saqueando sus recursos naturales y despojándolas de la riqueza por ellas producida; que sometió a los Estados- Nación y los puso al servicio de un Estado Invisible, integrado por una Oligarquía Financiera Especuladora y Transnacional, ha cumplido, en parte, la misión histórica de la burguesía decadente, de fastidiar a la especie humana. 
Quienes se comportan como si fueran los dueños del mundo contemplan consternados que los beneficios de la globalización se vienen limitando peligrosamente; que la acumulación de riqueza se vuelve cada vez más lenta. Que por la resistencia de los pueblos se dificultan cada vez más los robos, el despojo y las agresiones. Que el empleo de máquinas que expulsan el trabajo humano de los procesos productivos, hace descender de manera implacable la cuota de ganancia, según una ley objetiva, descubierta por Carlos Marx. Que miles de millones de desempleados, que integran la llamada población sobrante, han perdido la capacidad de consumir la bisutería que produce la oligarquía, originando un crisis permanente de sobreproducción, al tiempo que esta mafia de gánsteres globales tiene que coexistir, al menos en la estadística y en su conciencia perturbada por el pánico, con una enorme masa de mendigos que ni producen ni consumen y, que un día no muy lejano, se van a salir de las cuevas e inclusive de las tumbas, para tragarse a todos los ricos, guisados en salsa verde. 
Por otra parte, el imperio norteamericano, potencia hegemónica de un mundo que devino unipolar a causa de la declinación de la Unión Soviética, no se resigna a subordinarse a los caprichos e intereses de los monopolios globales, aunque juegue un papel preponderante en la red de Estados de que se sirven los monopolios para dominar al mundo. El permanente déficit presupuestal del gobierno lo pone periódicamente en riesgo de desaparecer, porque la oligarquía global le regatea sus contribuciones, al tiempo que lo obliga a financiar y hacer la guerra de rapiña en contra de los pueblos del mundo.
En la invasión a Irak, por ejemplo, los gastos en materia de armamento y vidas humanas, corrieron a cargo del gobierno norteamericano, mientras que el petróleo saqueado fue a parar a las cavernas y depósitos de la propiedad de las empresas petroleras trasnacionales.
Por todo ello, una parte de la oligarquía mundial, aliada a las fuerzas imperiales más reaccionarias, chauvinistas, racistas y xenofóbicas al interior de los Estados Unidos, han creado un monstruo enloquecido que se propone, con menos talento que Hitler, reconstruir la vieja grandeza de su país , repatriar los capitales norteamericanos invertidos en todo el mundo, cancelar los tratados internacionales que favorecían el libre comercio y su expansión, restableciendo políticas proteccionistas de carácter económico y disponer la construcción de una “muralla china” en su frontera, para evitar la invasión de los ”pueblos barbaros”, las marejadas de muertos de hambre que acuden a su metrópoli, buscando el pan que no encuentran en las colonias arruinadas del imperio.
Ya desde 1848, Marx y Engels nos hablan en su “Manifiesto Comunista” de las consecuencias del desarrollo incontenible de las fuerzas productivas: “Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento análogo. Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros”.
En la gran potencia del norte se producirá un choque de trenes, porque la mayor parte de los oligarcas mundiales que anidan allí, no está de acuerdo con las medidas emprendidas por Trump y grades sectores de la población estadounidense se manifiestan violentamente en contra de sus desplantes fascistoides y de su política migratoria cargada de xenofobia y racismo.
Por otra parte, como lo afirma el maestro José Manuel Sánchez Bermúdez, la globalización es irreversible; nunca se repatriarán las empresas que tienen grandes inversiones en el extranjero, donde se aprovechan de la mano de obra barata, de los recursos naturales de los países intervenidos y de su mercado.
Lo más probable es que Trump quede atrapado en un bunker de la Casa Blanca en medio de un territorio amurallado y sin más salida que el suicidio, sin saber siquiera que en el mediano y largo plazo se producirá un cambio de calidad en la globalización, que dejará de ser neoliberal para convertirse en un acuerdo solidario de pueblos libres, en un mundo donde ya no existan la explotación del hombre por el hombre, ni el sometimiento de una nación por otra.
Nada debiera preocuparnos si esta confrontación terrible se diera dentro de las fronteras del imperio y no causara daños colaterales hacia el exterior. Por el contrario, nos dispondríamos a contemplar complacidos cómo el imperio se destruye así mismo.
Desgraciadamente eso no será posible.
En las primeras horas de su gobierno, contrariando la política globalizadora del imperio, Trump canceló la participación de los Estados Unidos en el proyectado Acuerdo Trans-Pacífico, que sus predecesores impulsaron con ahínco y que tenía por objeto aislar a China y endurecer las relaciones comerciales injustas y desiguales del imperio con sus “socios”, México, entre ellos. Ese hecho que aparentemente significaba un alivio para nuestro país esconde una verdadera trampa que será reforzada con la renegociación del TLC y la construcción del muro.
Los gobernantes neoliberales, que han tomado las riendas del poder en México mediante una dictadura que se prolonga por más tiempo que la de Porfirio Díaz, aceptaron con entusiasmo juvenil las tesis de la libertad de comercio a nivel mundial, propuestas por el imperialismo. No solo eso, sino que se convirtieron en sus principales apologistas.
El presidente imbécil, Zedillo, llamó globalifóbicos a los grupos de activistas que protestaron contra la Organización Mundial de Comercio en Seattle, Davós, Cancún y en otras partes del mundo y vendió sin recato alguno nuestros ferrocarriles a precios de regalo a una empresa norteamericana, de la cual era socio y ejecutivo.
Antes, Salinas de Gortari aceptó las condiciones onerosas que le impusieron los imperialistas para tener acceso al T L C, como reformar el artículo 27 de nuestra Constitución, tomado antes como sagrado e intocable, cancelar y aun revertir la Reforma Agraria, poniendo a la venta las parcelas ejidales, antes consideradas como inalienables e inembargables.
Ello significó un gigantesco despojo al patrimonio nacional porque la propiedad de los ejidos corresponde en realidad a la Nación.
De tenerla, le daría pena que confrontáramos juntos en qué medida se cumplieron las promesas de modernidad, competitividad, prosperidad y bienestar de que disfrutaríamos los mexicanos a consecuencia de dicho tratado. Y más vergüenza le daría habernos calificado como reaccionarios y enemigos del progreso a quienes nos opusimos a que nuestro país lo suscribiera.
Ese ominoso y criminal tratado arruinó al campo mexicano pues puso a competir a nuestros agricultores, que lejos de recibir apoyo del gobierno, son objeto de abandono y despojos, con los granjeros norteamericanos que reciben subsidios gubernamentales del cien por ciento.
Ese tratado desmanteló la industria nacional y, lo que es peor, despojó a la Nación de su soberanía, constituyendo el acta de defunción del Estado Mexicano.
Quisiera explicar con mayor detalle esta afirmación para que no se crea que se trate solo de palabras:
De acuerdo con nuestra Constitución los tratados internacionales pasan ser parte, junto a la propia Constitución, de las normas supremas del país. 
A ellos quedan subordinados la legislación, los actos administrativos y los fallos de los jueces.
La importancia del TLC se acrecienta cuando, como todos sabemos, trata cuestiones relacionadas con el desarrollo económico.
De tal manera que prácticamente la vida del país queda vinculada a sus disposiciones que, en el caso, fueron dictadas por negociadores y funcionarios extranjeros.
México, por presiones del imperio y el pago indebido de la deuda externa, liquidó las empresas públicas que le garantizaban un desarrollo independiente con cierto progreso social, apostando entonces a las maquiladoras y a las inversiones extranjeras.
Hoy Trump le cierra ese camino y lo deja en un callejón sin salida.
Impide la instalación de una nueva armadora de automóviles en nuestro país, que significaba una inversión multimillonaria de dólares y ordena la repatriación de las demás empresas ya instaladas, lo que convertiría nuestro país, de momento, en un enorme páramo, habitado por hambrientos, aprisionados por la muralla “china”.
A pocos días del inicio de su mandato comienza a cumplir, mediante redadas contrarias a los derechos humanos, sus amenazas de deportar a millones de compatriotas que viven y trabajan en los Estados Unidos y que se comportan, dice, como criminales que le roban el trabajo a los estadounidenses, afean el ambiente y degradan las costumbres de aquel lugar.
Por lo pronto, además, propone un impuesto del 2 % a las remesas que envían a México aquellos miserables que se exiliaron allá, expulsados de aquí por el hambre y que ahora le generan a nuestro país mayores ingresos que el turismo y las exportaciones de petróleo.
La siguiente es una breve crónica de hechos relacionados con el tema.
Casi simultáneamente a su retiro del ATP, Trump anuncia la convocatoria para renegociar el Tratado de Libre Comercio que tiene suscrito con México y el Canadá. No trata de cancelarlo, como lo dijo en su campaña, sino de modificarlo para un mayor beneficio de los intereses de su país.
El gobierno de México envió una delegación a Washington de alto nivel para preparar un encuentro entre ambos presidentes, completamente improcedente porque el nuestro simplemente no representa a la Nación Mexicana.
De pronto Trump tronó y dijo: “La frontera debe cambiar “¡Ahora!”
Peña Nieto declaró, más bien balbuceó, que los mexicanos no pagaríamos el “muro”
Y Trump replicó:
“Si México no paga el muro, que no venga Peña”.
Horas después Peña anuncia que no iría, como si fuera un acto soberano, cuando simplemente fue desinvitado.
La delegación mexicana que se encontraba en Washington tuvo que regresar, cuando iba dispuesta a poner la primera piedra del muro.
Muchos mexicanos pensamos:
Estamos de acuerdo con el muro, pero debe instalarse en el sitio que tenía la frontera antes de 1848.
Debemos construir nuestro propio muro para no permitir la salida del pago de la deuda externa, ni del oro, ni de nuestro petróleo, ni de nuestras aguas.
Frente a estos acontecimientos algunos políticos que dicen oponerse al gobierno, proponen que Peña Nieto se ponga al frente de la unidad nacional para defender a nuestro país.
Esa actitud claudicante y oportunista me hizo recordar que con motivo de la invasión y toma norteamericana del puerto de Veracruz, en 1914, el chacal Huerta llamó a la unidad de los mexicanos, cuando él mismo se hizo del poder mediante un cruento golpe de Estado, que planeó y organizó el embajador norteamericano.
Por su parte el General Álvaro Obregón rechazó el llamado diciendo que sus fuerzas combatirían por igual y donde se encontraran al ejército federal ya los invasores.
Sostengo que el gobierno de México ni siquiera alcanza a comprender lo que está pasando con Trump, a quien ayudó a ganar la presidencia de los Estados Unidos, invitándolo a nuestro país, siendo apenas candidato, hecho que no tiene precedente en la historia de nuestras relaciones.
Además de perversos, nuestros gobernantes y sus nuevos alcahuetes son imbéciles. Son incapaces de conducir un frente nacional contra el Imperio que, en su ocaso, puede destruir al mundo.
México debiera denunciar el criminal Tratado de Guadalupe-Hidalgo, lo mismo que el T L C y suspender de inmediato el pago de la deuda externa.
Lo demás no son más que ganas de hacernos pendejos y dejar las cosas como están, frente a la tormenta que se nos viene encima.
Como si algo faltara, quiero recordar aquí que agencias internacionales de prestigio interceptaron una reciente conversación telefónica entre Trump y Peña Nieto, donde el primero anuncia que intervendrá el ejército norteamericano bajo sus órdenes, para poner fuera de combate a las bandas de narcotraficantes que operan en nuestro territorio.
La amenaza de una invasión militar sobre nuestro país nunca fue suficientemente desmentida por la Casa Blanca. Por el contrario, hace unos días un helicóptero de la marina atacó con ráfagas de ametralladora de alto calibre una casa de seguridad de narco traficantes en la ciudad de Tepic. El artillero, por su pericia y capacidad técnica para hacer blanco desde un vehículo aéreo en movimiento, era sin duda norteamericano, veterano de la guerra que los gringos le impusieron a Irak y a Afganistán y especialista en bombardeos “quirúrgicos”
Estamos en presencia de una nueva guerra, como aquella que Calderón emprendió contra el narcotráfico, que costó las vidas de centenares de miles de personas inocentes, a quienes despectivamente llamaron “Daños colaterales”, mientras que aquellas bandas delincuenciales no sufrieron daños de consideración.
Solo que esta guerra está dirigida ahora por el Presidente de los Estados Unidos y operada por el ejército de aquel país.
Nosotros solo ponemos el territorio y las victimas, renunciando al principio de “no intervención” consagrado por la organización de las Naciones Unidas.
El fenómeno Trump está actuando como un gran distractor frente a las movilizaciones que nuestro pueblo había emprendido para derrocar a este gobierno, culpable de crímenes horrendos de lesa humanidad como la explosión de la mina “Pasta de Conchos”, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Responsable del incremento a los precios de la gasolina; de la volatilidad del dólar; del incremento de la deuda externa; de la Reforma Educativa y la persecución en contra de los maestros que se le oponen; de la miseria espantosa en la que vive la mayor parte de nuestra población.
Finalmente, aseguro que:
Las únicas fuerzas que combaten cotidianamente al sistema capitalista, al neoliberalismo, al Imperio y a sus monopolios son el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional y sus aliados, el Partido de los Comunistas, entre ellos el CNI, los Panchos Independientes, las viudas de los mineros muertos en Pasta de Conchos, los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, los maestros que se oponen a la Reforma Educativa, las enormes masas que se movilizan contra el llamado Gasolinazo, los bajacalifornianos que revirtieron con una movilización impresionante, la privatización del agua y que luchan contra la cervecería Constellation Brands. 
En una palabra:
Los más humildes de México son los que tienen la autoridad moral y política para convocar a un frente nacional contra el imperialismo.
Los mexicanos no podemos poner en manos de quienes la han traicionado, los sagrados intereses de la Patria.
Frente a los peligros que nos amenazan, debemos poner a patriotas al frente de los destinos de la patria.
México sí tiene opciones; recuperar la soberanía nacional y construir el sistema socialista.
¡Muchas gracias compañeros!

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