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La oligarquía norteamericana, Trump y los límites del neoliberalismo

La oligarquía norteamericana, Trump y los límites del neoliberalismo

La oligarquía norteamericana,Trump y los límites del neoliberalismo.

 

José Manuel Sánchez Bermúdez

Hegel (y Marx) insistían en que “la verdad está en el todo”. Resulta difícil hablar de una coyuntura histórica específica sin darle contexto teórico e histórico. Espero pues que empezar con una nota teórica y otra histórica, no parezca ocioso, sino que ayude a la comprensión del momento. Y hago una aclaración previa. Todo lo que aquí voy a decir parte de una constatación crucial: el capitalismo contemporáneo está en crisis y el debate sobre su presente y su futuro está abierto.

  1. I.           Nota teórica: el capitalismo y sus límites; derrumbe o superación.

 

  1. Conviene recordar que Marx señala que el desarrollo del capitalismo a largo plazo está marcado por el despliegue de tendencias que se van imponiendo como necesarias en medio de múltiples circunstancias contingentes. La más importante de éstas es el desarrollo de la fuerza productiva del trabajo, resultado de los avances en la ciencia y en la tecnología y que se expresa en un aumento de lo que Marx llama composición orgánica del capital, es decir que una masa dada de fuerza de trabajo opera con una masa creciente de medios de producción puesto que se necesita cada vez menos trabajo para producir. Recordemos también que ese aumento en la composición orgánica del capital, Marx lo vincula con la tendencia de la tasa de ganancia a disminuir y que a los comportamientos de la tasa de ganancia los considera centrales en el análisis del funcionamiento del capitalismo dado que la única razón ser del capitalismo es ganar, acumular, acrecentar el capital: no se interesa por el valor de uso y satisfacer las necesidades sociales más que como condición del lucro, de la ganancia.
  2. Recordemos asimismo, que el despliegue de las tendencias anotadas arriba conducen, en el largo plazo, al derrumbe del capitalismo: para Marx la historicidad del capitalismo, su límite histórico y su desaparición y sustitución por una forma histórica distinta no es un asunto accidental y contingente, sino necesario, ineludible. Al menos en el marxismo, no hay espacio para ninguna teoría que suponga una capacidad ilimitada del capitalismo para solucionar sus problemas internos y, por lo tanto, para eternizar su existencia. Aquí Marx examina el límite interno del capital: “el límite del capital está dado por el propio capital”, afirma en su libro El Capital.
  3. En esta perspectiva el capitalismo se derrumba, se descompone por sí mismo. El posmodernista Lyotard, lo piensa como un sistema cibernético (el capitalismo) que ingresa en una dinámica entrópica (de desorden creciente). En esta perspectiva tenemos que pensar el límite del capitalismo como una trayectoria de descomposición interna, que necesariamente va a resultar extremadamente costosa para la humanidad, hasta su derrumbe final.
  4. Pero, en relación con el tema del límite del capitalismo, hay una segunda perspectiva en Marx: es el tema de la superación del capitalismo. Superar, recordemos, supone tanto destrucción como conservación para construir una forma histórica superior. El derrumbe del capitalismo es una necesidad; la superación del capitalismo, en cambio, es una posibilidad. Requiere de la constitución de un sujeto social capaz de convertir esa posibilidad en realidad histórica. Recordemos también que para Marx, el sujeto de esa posibilidad es la clase obrera y la forma histórica que supera al capitalismo es el socialismo.
  5. Una y otra perspectiva no transcurren, en el análisis de Marx, como líneas paralelas o divergentes, sino que se entrecruzan y se condicionan mutuamente. También conviene resaltar que, si bien en términos políticos siempre apostó por la ruta de la superación, en términos teóricos Marx examinó las dos perspectivas y nunca descartó el derrumbe.
  6. Agreguemos, a guisa de ejemplo para ilustrar la idea que estoy proponiendo, que el esclavismo, que encuentra su culminación en el Imperio Romano, se derrumbó, mientras que el feudalismo fue superado con las revoluciones burguesas. Más de un milenio tardó la humanidad en superar los logros del Imperio Romano. Imaginemos la perspectiva de un largo periodo de descomposición y decadencia hasta arribar al derrumbe del capitalismo desde el actual horizonte histórico y sus consecuencias catastróficas (económicas, sociales, políticas, culturales, ecológicas) para el futuro de la humanidad y para la vida toda en este planeta.
  7. El examen de esas dos perspectivas analíticas (derrumbe vs. superación) me parece necesario porque ilustran facetas del debate teórico contemporáneo.
  • La idea del derrumbe del capitalismo como proceso de descomposición creciente, carente de un sujeto capaz de superarlo, me parece que está presente en autores como Vattimo, Touraine, Bauman y el ya citado Lyotard: la irónica frase de Zizek –“les es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”- aplica no sólo al sentido común vulgar sino a complejas elaboraciones de connotados teóricos contemporáneos, lo cual da idea de que el tema está adquiriendo una relevancia creciente.
  • El proyecto de superación del capitalismo está presente –repensándose y reelaborándose- en una enorme cantidad de construcciones teóricas y de movimientos sociales que, partiendo de un principio básico –defender la vida, cada vez más amenazada por el capitalismo actual- están tratando de superar (con muchas dificultades, es cierto) esa lastimosa situación que Lyotard desdeñosamente calificaba de “testimonial”. Si este proceso transita hacia la constitución de un verdadero Sujeto Social es algo que todavía está por verse pero, sin duda, una parte crucial en su constitución es la producción de una revolución cultural: dejar de pensar que es más fácil que se acabe el mundo a que se acabe el capitalismo, es decir, romper la barrera ideológica que lleva a pensar al capitalismo como eterno. Algo parecido a lo que se produjo en el feudalismo cuando las masas populares dejaron de asumir que era mandato divino lo que constituía a la monarquía.
  1. Antes de cerrar esta nota, echemos una mirada a cómo se presenta la crisis actual del capitalismo en el territorio de los voceros del propio capital, entre sus “intelectuales orgánicos” como diría Gramsci. Marx señaló reiteradamente que el principio básico en todo el pensamiento burgués es considerar al capitalismo como la forma natural y eterna de la sociedad humana. Ese principio ha encontrado expresiones diversas tanto en la filosofía como en la ciencia, particularmente en la ciencia económica.
  • En filósofos como Fukuyama y Maffesoli ha encontrado una expresión vulgar que parte del supuesto (que la propia economía burguesa desmiente) de que el capitalismo ha resuelto sus contradicciones internas básicas, propuesta diferente de las más elaboradas construcciones de otros posmodernistas como Lyotard que, aunque reconocen que el capitalismo actual enfrenta agudas contradicciones internas, asumen que no hay nada ni nadie capaz de superarlo.
  • En economía las corrientes que han dominado el escenario del siglo XX y lo que va del siglo XXI, es decir, los “partidarios del Estado”, la corriente que dominó durante el auge de la segunda posguerra con Keynes como el más ilustre de sus representantes, y los neoclásicos “partidarios del mercado”, la corriente que condujo al capitalismo a buscar una salida a la crisis del keynesianismo, con Hayek como su máximo representante, así como la variada gama de discípulos de uno y otro, han llegado a un punto muerto y nadie tiene hoy un programa para sacar a la economía capitalista del atolladero en que se encuentra, aunque “soluciones” de corto plazo que agravan los problemas a mediano y largo plazo, no les han faltado.
  1. En este vacío de alternativas, en este agotamiento tanto de los keynesianos como de los neoclásicos para proponer soluciones a los problemas actuales del capitalismo y abrir alternativas para su futuro, es en dónde, me parece, hay que tratar de entender la emergencia de fenómenos como el representado por Trump y, más en general, el ascenso político y cultural de la ultraderecha que se viene haciendo visible en buena parte del mundo. Se trata de un tema de la máxima importancia al que hay que prestar la debida atención, aunque aquí sólo puedo dejarlo enunciado. Las opciones de ultraderecha expresan el posicionamiento del gran capital frente a su crisis y decadencia y tienen un triple significado:
  • Expresan que el capital está dispuesto a posponer su derrumbe a costa de lo que sea, destruyendo todo lo que se le oponga.
  • Confirman que han descartado la perspectiva de una superación desde abajo encabezada por el proletariado, la posibilidad histórica y la opción política examinada por Marx, la ruta que condensa y culmina lo mejor de toda la historia y del pensamiento de la humanidad. En el capitalismo de Estado, autodenominado “socialismo real”, y su derrumbe, encontraron un rival ideológico y cultural a modo para declarar definitivamente muerto y enterrado al viejo fantasma del comunismo que, según ellos, ha dejado de recorrer el mundo (aunque ya hice notar en el punto 7 que no hay tal y que el proceso sigue abierto).
  • Anuncian que la clase capitalista o al menos fragmentos de ella que parece que crecen en importancia numérica y política, no dejan de fantasear con una superación desde arriba, conducida por fragmentos de la propia clase capitalista, apoyándose en el avance contemporáneo de la ciencia y de la tecnología (de cuya propiedad y control siguen siendo hasta ahora los dueños absolutos e indisputados) y en el viejo y conocido, pero nunca superado, bagaje del irracionalismo, del racismo, de la xenofobia, etc. adicionado con lenguaje y mitos milenaristas de razas y naciones “predestinadas”, particularmente presentes en las oligarquías estadounidense y judía. Me parece que este proyecto está presente y actuante en el pensamiento de la ultraderecha actual, que se siente con recursos como nunca los soñó Hitler y que aspiran a lograr lo que no pudo aquél: exterminar a las “razas inferiores” y arribar a la “poshumanidad”, al “superhombre”, conquistador no sólo de la Tierra, sino del sistema planetario, de la Galaxia, del Universo entero. El resto de la humanidad estorba. Pero no se trata sólo un discurso de raza: es esencialmente un discurso de clase, del entramado de poder de los grandes monopolios contra el resto de la humanidad. En ese ideología de clase revestida como discurso de raza, también estorban muchos segmentos de la raza blanca que no pertenecen a la élite predestinada, como los obreros blancos que quieren empleos estables y salarios decorosos o los imprudentes ancianos blancos que no se mueren y desangran las arcas de los Estados con sus pensiones y enfermedades. Aunque el discurso de raza sea útil para fortalecer la posición de clase, la clase tiene prioridad absoluta sobre la raza, como lo tiene frente a otros componentes del discurso fascista: nacionalismo, homofobia, xenofobia, etc. Finalmente, “con la globalización todos nos convertimos en apaches”, sentenció alguna vez Samir Amín. Será necesario, en justa correspondencia, unirnos todos contra la globalización capitalista para lo cual será necesario, entre muchas cosas, examinar cómo este discurso bárbaro está logrando crear una base social que ha logrado llevar, por la vía electoral, a representantes de la ultraderecha a asumir posiciones de gobierno.

 

  1. II.       El neoliberalismo en la historia del capitalismo.

 

  1. Recordemos que el capitalismo, a lo largo de su desarrollo, va asumiendo distintas formas históricas, formas que expresan las distintas soluciones que va asumiendo para contrarrestar la caída de la tasa de la ganancia y que se agotan cuando, resultado de las transformaciones en la estructura productiva y de luchas, resistencias, oposiciones y cambios en la correlación de fuerzas entre las clases y fracciones de clase, esas soluciones temporales dejan de ser capaces de evitar nuevas caídas en la tasa de ganancia.
  2. En esa perspectiva, podemos argumentar que el capitalismo ha pasado por tres grandes periodos históricos: el liberal, el keynesiano y el neoliberal. No nos vamos a detener en examinar ese trayecto, pero si señalemos que el neoliberalismo emergió buscando superar los límites que habían provocado el derrumbe del keynesianismo y me parece que estamos arribando a una situación en la que el propio neoliberalismo está enfrentando sus límites.
  3. Aquí conviene una precisión en torno a que entiendo por neoliberalismo. Lenin argumentaba que el capitalismo de su época había arribado a la fase imperialista y en ella lo central, decía, es que el capitalismo ha dejado de ser un capitalismo de capitales competitivos y ha arribado a una fase de capitales monopólicos. Señalemos que en ese capitalismo que Lenin conoció, los monopolios están básicamente articulados como monopolios nacionales que dominan las economías de los países con el capitalismo más desarrollado de la época: Inglaterra, Francia, Estados Unidos, Alemania. Pero el propio desarrollo de los monopolios ha pasado por tres etapas.
  • Esa primera en la que se articulan nacionalmente, que se corresponde con la etapa final de la época liberal del capitalismo y en la cual los monopolios condujeron a sus Estados a la primera y a la segunda guerra mundial.
  • La segunda guerra mundial arrojó varios resultados. Uno de ellos, en términos de la relación entre las clases capitalista y obrera, fue que, por primera vez en su historia, el capital se vio obligado a reconocerle derechos a los trabajadores. Eso constituyó el territorio general de la etapa keynesiana aunque ese reconocimiento de derechos tuvo tres modalidades históricas: el keynesianismo propiamente dicho en los países de capitalismo desarrollado; el desarrollismo en algunos países de capitalismo subdesarrollado como México y otros latinoamericanos y el llamado “socialismo real” en los países de capitalismo de Estado que se autodenominaron “socialistas”. Ese reconocimiento de derechos pudo operar un cierto tiempo gracias a aumentos en la productividad del trabajo sobre la base tecnológica del fordismo, pero al agotarse las posibilidades del fordismo para aumentar la productividad, la tasa de ganancia disminuyó y keynesianismo, desarrollismo y “socialismo real” entraron de crisis a partir de fines de los sesentas del siglo pasado y, a partir de esos años, es visible cómo se va transitando hacia una nueva época.
  • Pero retomemos aquí la idea del desarrollo de los monopolios. En la etapa del keynesianismo los monopolios, particularmente los estadounidenses, los que emergieron victoriosos de la segunda guerra mundial, se articularon como monopolios transnacionales: monopolios con matriz en su país de origen que establecían filiales en diversos países operando con un cierto grado de respeto a la lógica de funcionamiento de ese país. Aunque en la operación de su ciclo económico los monopolios han rebasado ya el ámbito de sus fronteras nacionales, hay un cierto ámbito de autonomía en dónde los Estado nacionales que reciben filiales organizan el ciclo de reproducción del capital que funciona al interior de sus fronteras nacionales y organiza también las formas de relación entre capital y trabajo.
  • Esa etapa keynesiana bajo el mando de los monopolios transnacionales, decía, se agota a fines de los sesentas y a partir de ahí el capitalismo inicia su tránsito hacia una nueva etapa histórica que se caracteriza, esencialmente, por el tránsito del dominio de los monopolios transnacionales al mando de los monopolios globales: monopolios que organizan su proceso de producción y su mercado a escala mundial y que, por lo tanto, están en tensión constante por subordinar a los Estados nacionales a la lógica de su reproducción. Para mí pues, lo que debemos entender por neoliberalismo es el mando de los monopolios globales.

 

  1. III.    El neoliberalismo y sus límites: la oligarquía norteamericana y Trump.

 

  1. Intentaré ahora resumir el campo de reflexión que estoy tratando de proponer.
  • El neoliberalismo es el mando de los monopolios globales.
  • Se gesta como respuesta a la crisis de los monopolios transnacionales, resultado -a su vez- de la crisis en la relación capital-trabajo que implicaba el compromiso del capital de reconocer derechos a los trabajadores.
  • En la perspectiva de la oligarquía estadounidense, principal promotora de los monopolios globales, el proceso tiene dos propósitos fundamentales que organizan dos trayectorias históricas entrelazadas y mutuamente condicionadas:  uno, instalar y desplegar a escala mundial el mando de sus monopolios globales y de su Estado, el norteamericano, como el único, el imprescindible “Estado de la globalización”, relegando a los demás al status de “gobiernos provinciales”; dos, desmantelar las concesiones que la clase trabajadora logró durante el periodo keynesiano en sus diversas vertientes.
  1. Como cada nueva etapa, ésta emerge atada a la que le precede, como materialización –según la correlación de fuerzas entre las clases y fracciones de clase presentes- de una de las posibilidades históricas contenidas en la coyuntura y recorre, como todas, tres fases: 1) tránsito desde la etapa anterior; 2) desarrollo, despliegue de sus tendencias; 3) límites, agota sus posibilidades de desarrollo y las fuerzas sociales van ingresando a una nueva etapa de conflicto para definir que sigue y que es, me parece, la fase a la que está arribando actualmente el neoliberalismo. Pero no adelantemos conclusiones y demos un rápido vistazo a lo que ha sido su trayectoria histórica hasta ahora. Para ello, procederé con una breve nota examinando en cada fase lo que sucede en las dos trayectorias apuntadas arriba, la contradicción intercapitalista e interestatal, por un lado, y la contradicción entre capital y trabajo, por otro.
  2. A fines de los sesentas, en el contexto de la crisis del keynesianismo, el capital de los países desarrollados inicia su proceso de transformación desplegando una ofensiva en contra de los trabajadores de los propios países desarrollados: busca producir desempleo y disminuir el salario en sus propios países aprovechando la superabundante, dócil y barata fuerza de trabajo de los países subdesarrollados y para ello negocia zonas francas con acuerdos fiscales específicos en las franjas fronterizas, lugares en donde puedan circular libremente sus materias primas y maquinarias y equipos como si se tratara de simples extensiones de sus instalaciones fabriles. Los monopolios de Estados Unidos desplazan segmentos de sus industrias hacia la frontera con México; los de Europa hacen lo mismo hacia la franja norte de África y los japoneses hacia diversas regiones del sudeste asiático. En esta primera fase, la “globalización” se presenta más bien como “regionalización”, con la articulación de tres bloques comandados por Estados Unidos, Europa (en tránsito de conformarse como Unión Europea) y Japón.
  • Entre paréntesis, conviene anotar aquí que desde su gestación el proceso de desplazamiento de empleo de Estados Unidos hacia México, el que unas cuantas décadas después escandaliza al señor Trump quien asegura que “México ha explotado a Estados Unidos” y utiliza ese discurso para ganar el voto de los obreros estadounidenses blancos empobrecidos, ha sido siempre y sigue siendo, en primer lugar, un proyecto de la clase capitalista de Estados Unidos en contra de los trabajadores de Estados Unidos independientemente de su color pero también,como iremos observando, en contra de los trabajadores de México y, finalmente, de todo el mundo.

En paralelo, el gobierno de Nixon desligó al dólar del patrón oro. Con ello facilitó que el capital sobreacumulado de los monopolios, es decir capital carente de ocupación rentable debido a la crisis del capitalismo keynesiano, fuera convertido en capital de préstamo: créditos baratos para los gobiernos de los países subdesarrollados.

  • Hasta aquí podemos hablar de la transición del keynesianisno al neoliberalismo: hay una coexistencia con las estructuras de las formas históricas del keynesianismo que no parecen ser afectadas por los nuevos fenómenos. Al contrario, parece que éstos contribuyen a fortalecerlas: las maquiladoras crean nuevo empleo sin destruir el viejo y a los países subdesarrollados se les abren nuevas vías para acceder a crédito barato sin afectar al resto de la economía. Aunque en el capitalismo nada es ni pacífico, ni tranquilo, ni inocente (recordemos el preámbulo del golpe de Estado en Chile en 1973), el tránsito hacia la nueva época se presenta inadvertido para las grandes mayorías y no se van a empezar a percibir sus riesgos hasta una década después, a fines de los setentas, con la llamada crisis de la deuda externa.
  1. A partir de ahí, la deuda externa se convirtió en una camisa de fuerza aprisionando los gobiernos de los países subdesarrollados: iniciando la década de los ochenta, estalla la crisis de la deuda externa con particular agudeza en América Latina y el GATT primero y la OMC después, junto con el FMI y el BM, presionaron exigiendo una mayor apertura a los movimientos de los capitales extranjeros, liberalización de los mercados nacionales y privatización de los bienes estatales. Las zonas francas fronterizas crecieron hasta tragarse países enteros, proliferaron acuerdos bilaterales y multilaterales de “libre comercio”, los monopolios se desplegaron como una telaraña sobre todos los territorios y países que iban incorporando al “libre comercio”, el entramado de filiales y sucursales fue sustituido por las cadenas productivas y mercantiles globales y la globalización dejó de ser regionalización.
  • Esta  fase la podemos pensar como la de desarrollo del neoliberalismo: los monopolios globales, particularmente los encabezados por la oligarquía estadounidense, ya se han constituido en lo fundamental y sus telarañas se despliegan por un número creciente de naciones y regiones apropiándose tanto del ejército de reserva y como de los mercados de los países subdesarrollados y el derrumbe y disolución de la Unión Soviética iniciando la década de los noventas, parece confirmar a la oligarquía estadounidense como la ganadora absoluta de la “globalización”. Sin embargo, a pesar de que los monopolios globales ya han reestructurado sus procesos productivos desplegando la tercera revolución científica y tecnológica, y han ampliado la escala de su producción, al mismo tiempo que han disminuido su capital variable disminuyendo salarios y empleos, la década de los noventas termina con una nueva crisis económica con movimientos especulativos a gran escala del capital financiero, poblando al mundo de todo tipo de fantasmas (efecto Dragón, Tequila, Samba, etc.) que muestran que la recuperación lograda por la tasa de plusvalor y la tasa de ganancia no alcanza a satisfacer a los monopolios y que éstos no sólo siguen dedicando su capital sobreacumulado a actividades especulativas sino que están buscando apropiarse del ahorro de los trabajadores (fondos de pensión, etc.) para especular con esos recursos. También en la década de los noventa, aparecen los movimientos altermundistas que se congregan en Seattle y Sao Paulo y el neozapatismo mexicano, anunciando que el mundo de los dominados empieza y salir del pasmo y empieza a oponerse a la globalización del capital que sólo acarrea creciente pobreza y desamparo para la inmensa mayoría de la población del mundo.
  1. En el 2001, China ingresa a la OMC y gana fuerte posicionamiento en el mercado mundial, logrando un significativo superávit en su comercio con EU, al tiempo que se inicia el ciclo de los “gobiernos progresistas” en Sudamérica haciendo fracasar el proyecto del ALCA. Y también en el 2001, un oscuro “ataque terrorista” derriba las torres gemelas de Nueva York y George Bush, entonces presidente de EU, anuncia una guerra de “Justicia Infinita”, renombrada después como “Operación Libertad Duradera”: el terrorismo, “explica” Bush, es un enemigo difuso y globalizado; la guerra en su contra será una guerra global y de duración indefinida. Y con la “guerra contra el terrorismo” como bandera emprende la guerra contra Afganistán, Irak, Libia, hasta que en Siria, Rusia, China e Irán, deciden poner un “hasta aquí” que se mantiene, al menos hasta ahora. En el 2006 Felipe Calderón, entonces presidente de México, inicia una guerra contra otro enemigo “global y difuso”, “el narco”, después de firmar acuerdos de “cooperación” policíaca y militar con EU (como el Plan Mérida) que van mucho más allá del “libre comercio” firmado por Salinas. En 2008 una enorme burbuja especulativa estalla, las finanzas gubernamentales son comprometidas para “salvar” a las grandes instituciones del capital financiero global y la economía capitalista entra en una crisis de la que no acaba de salir. Europa vive el movimiento de “los indignados” y EU el de los “ocupa Wall Street”. La globalización, que ha destruido mucho de las economías del “Tercer Mundo”, ha provocado en ellas desempleo masivo y una oleada de migrantes que buscan refugio en Europa y EU: huyen no sólo del desempleo y la miseria, sino de las guerras “tribales y contra el narco y el terrorismo”. Con una propuesta racista y xenofóbica, Trump gana las elecciones de EU con el voto de los descontentos con la globalización que quieren “hacer a América grande de nuevo”.
  • Concluyó la fase “pacífica” de la globalización. Las guerras “contra el terrorismo” mostraron a los países árabes que el capital neoliberal ya no se limita a negociaciones y acuerdos de “libre comercio”, sino que recurre a la guerra de despojo y de rapiña para apoderarse de lo que les interesa, agua y petróleo entre otras cosas. Lo mismo han hecho las guerras “contra el narco” en los países latinoamericanos y las “guerras tribales” entre los africanos. Pero con ello también, creo, han arribado a la fase de límites del neoliberalismo promovido por la oligarquía estadounidense. A los pueblos africanos, árabes y latinoamericanos han venido mostrando que su “globalización” no sólo conlleva desempleo y desamparo, sino guerra, despojo y muerte: de aquí en adelante sólo podrá imponerse acrecentando su barbarie. Pero en el escenario intercapitalista e internacional, en el plano del comercio internacional, China les ha ganado con las reglas del juego de la OMC y, en el plano político-militar, Rusia y China les están complicando severamente sus diseños geoestratégicos, mientras que sus aliados europeos en la OTAN, Alemania en particular, no parecen para nada interesados en sacarle las castañas del fuego a la oligarquía de EU y se mantienen a la expectativa. Y, peor aún, la victoria de Trump desarticuló dos proyectos muy preciados para la oligarquía de EU, el Acuerdo Transpacífico y el Acuerdo Transatlántico, además de que el discurso (y la práctica) fascista de Trump ha activado, tal vez como nunca antes, los conflictos internos en EU. En respuesta, Trump (que se apoyó en la contradicción capital-trabajo en EU, para la cual la Clinton no tuvo respuesta) parece decidido a promover el militarismo como recurso privilegiado para establecer un “orden mundial” a modo y a alentar el racismo, la xenofobia y la homofobia de “los blancos” como “compensación” ilusoria, porque reestablecer “el sueño americano” es sólo una fantasía para la mercadotecnia electoral. Así que habrá que esperar el desencanto, la decepción y la reacción de los obreros blancos que votaron por él. Mucho de lo  que pase en el futuro depende de en qué proyecto político se capitalice esa reacción: en un proyecto de superación del capitalismo desde abajo o, como ha venido sucediendo hasta ahora, en el de la ultraderecha fascista.

 

Parece que el mundo del capitalismo neoliberal comandado por la oligarquía de EU está ingresando a su fase de conflictos decisivos y está por verse si los límites del neoliberalismo son en realidad los límites del capitalismo. Lo cierto es que, mientras capitalismo y neoliberalismo perduren, lo que sigue es una barbarie creciente. Ya no hay lugar para ningún impulso civilizatorio sin superar neoliberalismo y capitalismo.

 

Las guerras actuales –“tribales y contra el narco y el terrorismo”- todas ellas verdaderas guerras contra la humanidad promovidas por los monopolios y sus oligarquías, son apenas el preludio de lo que viene conforme avance la destrucción de la naturaleza y el calentamiento global, el despojo, la privatización, el endeudamiento y la destrucción de las economías y de las estructuras políticas nacionales, regionales y locales (también promovidos por los monopolios) y se acreciente el hambre, las enfermedades y la mortandad en segmentos crecientes de la población humana, al tiempo que se acrecienta el poder de las oligarquías gracias a la desmesurada concentración de la riqueza (seis oligarcas poseen hoy más riqueza que la mitad de la población del mundo) y a su casi absoluto control sobre el desarrollo científico y la tecnológico, sus productos y sus aplicaciones, en el contexto del despliegue de lo que ya están llamando Cuarta Revolución Científico-Tecnológica (resultado de la convergencia entre inteligencia artificial, robótica, nanotecnología, biotecnología, tecnologías de información y comunicación) que amenazan con hacer realidad el sueño de siempre de los grandes capitalistas: un mundo sin seres humanos, un mundo de robots comandados por los grandes monopolios no sólo para producir sino también para matar (un dron siempre será más confiable que un soldado: recuérdese la rebeldía de los jóvenes estadounidenses contra la guerra de Vietnam).

Sin embargo, en su fuerza también está su debilidad: los robots, ciertamente, no se quejan, no protestan, no exigen derechos, no desobedecen, no tienen una vida que defender, pero tampoco producen plusvalor ni crean mercado con sus salarios. Son, precisamente, la culminación de la tendencia del capital a deshacerse de los seres humanos, a elevar su composición orgánica y a destruirse a sí mismo como capital. Mantener esta ruta hacia el derrumbe sólo puede significar sumir a la humanidad en la catástrofe.

Si hay alguna posibilidad de evitar este futuro, pienso que parte, precisamente, de preverlo, de darle visibilidad, de activar todas las alarmas y focos rojos y de revivir lo que el mando ideológico del capital parece que ha matado entre los seres humanos: el deseo de vivir, de defender y preservar la vida, oponiéndose a la necrofilia y al genocidio del capital. Se trata de una verdadera revolución cultural en contra del mando ideológico y cultural del capital.

La previsión permite enlazar pasado, presente y futuro, articular táctica y estrategia y, tal vez, producir un sujeto histórico que supere al capitalismo, superando la dispersión y fragmentación de las múltiples resistencias que aparecen todos los días a lo largo y a lo ancho de todo el planeta, convocando a (casi) toda la humanidad a la defensa de la vida, a oponer la utopía de la vida a la antiutopía de la muerte, a apropiarse de la riqueza y de las capacidades científicas y tecnológicas alcanzadas por la humanidad para ponerlas al servicio de la vida y no de la muerte. Actualmente es tan fuerte el capital que excluye a cada vez más y más seres humanos y eso es lo que lo hace tan débil. Finalmente no es más que un producto humano: todo está en superar la subordinación a su fetichismo.

 

 

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