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Trump y las consecuencias inmediatas en México.

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Trump y las consecuencias inmediatas en México.

Trump y las consecuencias inmediatas en México.

Por: Salvador Castañeda O`Connor

El magnífico trabajo denominado La Oligarquía Norteamericana, Trump y los Límites del Neoliberalismo del Doctor Sánchez Bermúdez da para mucho. Solo quiero referirme a algunos aspectos de la crisis de la globalización que afectan a México.

La globalización neoliberal se ha agotado. Ya no sirve. Eso no lo decimos nosotros, sin una parte, al menos, de quienes la implantaron y que llevaron a Trump a la Presidencia de los Estados Unidos.

Sí. Esa misma globalización que puso la riqueza del mundo en manos de unos cuantos oligarcas, cuyo monto sería suficiente para mantener a 40 generaciones de sus holgazanes descendientes, durante todo un milenio; que condenó a la miseria a más de 2 mil millones de seres humanos; que hizo la guerra a todas las naciones, destruyendo su cultura y su soberanía, saqueando sus recursos naturales y despojándolas de la riqueza por ellas producida; que sometió a los Estados- Nación y los puso al servicio de un Estado Invisible, integrado por una Oligarquía Financiera Especuladora y Transnacional, ha cumplido, en parte, la misión histórica de la burguesía decadente, de fastidiar hasta donde pudo a la especie humana.

Quienes se comportan como si fueran los dueños del mundo contemplan consternados que los beneficios de la globalización se vienen limitando peligrosamente; que la acumulación de riqueza se vuelve cada vez más lenta. Que por la resistencia de los pueblos se dificultan cada vez más los robos, el despojo y las agresiones. Que el empleo de máquinas que expulsan el trabajo humano de los procesos productivos, hace descender de manera implacable la cuota de ganancia, según una ley objetiva, descubierta por Carlos Marx. Que miles de millones de desempleados, que integran la llamada población sobrante, han perdido la capacidad de consumir la bisutería que produce la oligarquía, originando un crisis permanente de sobreproducción, al tiempo que esta mafia de gánsteres globales tiene que coexistir,  en la estadística y en su conciencia perturbada por el pánico, con una enorme masa de mendigos que ni producen ni consumen y, que un día no muy lejano, se van a salir de las cuevas e inclusive de las tumbas, para tragarse a todos los ricos, guisados en salsa verde.

Por todo ello, una parte de la oligarquía mundial, aliada a las fuerzas imperiales más reaccionarias, chauvinistas, racistas y xenofóbicas al interior de los Estados Unidos, han creado un monstruo enloquecido que se propone, con menos talento que Hitler, reconstruir la vieja grandeza de su país , repatriar los capitales norteamericanos invertidos en todo el mundo, cancelar los tratados internacionales que favorecían el libre comercio y su expansión, restableciendo políticas proteccionistas de carácter económico y disponen la construcción de una “muralla china” en su frontera, para evitar la invasión de los ”pueblos barbaros”, las marejadas de muertos de hambre que acuden a su metrópoli, buscando el pan que no encuentran en las colonias arruinadas donde habitan. Pero que conllevan el deseo no revelado de destruir al imperio como destruyeron los pueblos bárbaros a Roma.

Nada debiera preocuparnos si esta confrontación terrible entre oligarcas que la favorecen y quienes están en contra de la globalización, se diera dentro de las fronteras del imperio y no causara daños colaterales hacia el exterior. Por el contrario, nos dispondríamos a contemplar complacidos cómo el imperio se destruye así mismo.

Desgraciadamente eso no será posible.

Este pretendido viraje del imperio cerraría la  enorme trampa que se abrió en 1982 en contra de nuestro país.

Primero nos obligaron a cancelar y aún revertir la Reforma Agraria, y a liquidar   a la mayor parte de las empresas del sector público que de alguna manera garantizaban nuestro desarrollo independiente y con cierto progreso social; a cambiar nuestra Constitución para obligar al Estado a proteger y apoyar a los monopolios; a participar en la OMC y compartir las tesis de la libertad sin trabas del comercio internacional ; abrir nuestras fronteras; a suscribir el TLC que arruinó a nuestro país y lo privó de su soberanía; a basar nuestro desarrollo en las  inversiones extranjeras y en la maquiladoras. Pero ahora, deciden los oligarcas repatriar a sus empresas y  frenar sus inversiones, al tiempo que construyen un muro en nuestra frontera norte; inician la deportación masiva de mexicanos y gravan las remesas que los emigrados envían a sus familias en México que significan un ingreso mayor  que lo que recibe México por el petróleo y el turismo.

Todo ello  provocará la paralización de la economía del país.

En efecto durante las primeras horas de su gobierno,  Trump canceló la participación de los Estados Unidos en el proyectado Acuerdo Trans-Pacífico, que sus predecesores impulsaron con ahínco y que tenía por objeto aislar a China y endurecer las relaciones comerciales injustas y desiguales del imperio con sus “socios”, México, entre ellos. Ese hecho que aparentemente significaba un alivio para nuestro país esconde la trampa de que hablamos y que será reforzada con la renegociación del TLC y la construcción del muro.

Al lado de las medidas de carácter económico Trump incrementa el presupuesto militar.

Los gobernantes neoliberales, que tomaron las riendas del poder en México, formando una  dictadura que se prolonga por más tiempo que la de Porfirio Díaz, aceptaron con entusiasmo juvenil las tesis de la libertad sin límites ni reglas de comercio a nivel mundial, propuestas por el imperialismo. No solo eso, sino que se convirtieron en sus principales apologistas.

El presidente imbécil, Zedillo, aquel que se vendió así mismo el Ferrocarril del Pacífico, para luego entregárselo a Larrea, llamó globalifóbicos a los grupos de activistas que protestaron contra la Organización Mundial de Comercio en Seattle, Davós, Cancún y en otras partes del mundo.

Antes, Salinas de Gortari aceptó las condiciones onerosas que le impusieron los imperialistas para tener acceso al T L C, como reformar el artículo 27 de nuestra Constitución, tomado antes como sagrado e intocable, , poniendo a la venta las parcelas ejidales, antes consideradas como inalienables e inembargables.

Ello significó un gigantesco despojo al patrimonio nacional porque la propiedad de los ejidos corresponde en realidad a la Nación.

De tenerla, le daría pena que confrontáramos juntos en qué medida se cumplieron las promesas de modernidad, competitividad, prosperidad y bienestar de que disfrutaríamos los mexicanos a consecuencia de dicho tratado. Y más vergüenza le daría habernos calificado como reaccionarios y enemigos del progreso a quienes nos opusimos a que nuestro país lo suscribiera.

Ese ominoso y criminal tratado arruinó al campo mexicano pues puso a competir a nuestros agricultores, que lejos de recibir apoyo del gobierno, son objeto de abandono y despojos, con los granjeros norteamericanos que reciben subsidios gubernamentales del cien por ciento.

Ese tratado desmanteló la industria nacional y, lo que es peor, despojó a la Nación de su soberanía, constituyendo el acta de defunción del Estado Mexicano.

Quisiera explicar con mayor detalle esta afirmación para que no se crea que se trate solo de palabras:

De acuerdo con nuestra Constitución los tratados internacionales pasan ser parte, junto a la propia Constitución, de las normas supremas del país.

A ellos quedan subordinados la legislación, los actos administrativos y los fallos de los jueces.

La importancia del TLC se acrecienta cuando, como todos sabemos, trata cuestiones relacionadas con el desarrollo económico.

De tal manera que prácticamente la vida del país queda vinculada a sus disposiciones que, en el caso, fueron dictadas por negociadores y funcionarios extranjeros.

Hoy Trump le cierra ese camino y lo deja en un callejón sin salida.

Impide la instalación de una nueva armadora de automóviles en nuestro país, que significaba una inversión multimillonaria de dólares y ordena la repatriación de las demás empresas ya instaladas, lo que convertiría nuestro país, de momento, en un enorme páramo, habitado por hambrientos, aprisionados por la muralla “china”.

Muchos mexicanos pensamos:

Estamos de acuerdo con el muro, pero debe instalarse en el sitio que tenía la frontera antes de 1848. Que en todo caso debemos construir nuestro propio muro para no permitir la salida del pago de la deuda externa, ni del oro, ni de nuestro petróleo.

Frente a estos acontecimientos algunos políticos que dicen oponerse al gobierno, proponen que Peña Nieto se ponga al frente de la unidad nacional para defender a nuestro país.

Esa actitud claudicante y oportunista me hizo recordar que con motivo de la invasión y toma norteamericana del puerto de Veracruz, en 1914, el chacal Huerta llamó a la unidad de los mexicanos, cuando él mismo se hizo del poder mediante un cruento golpe de Estado, que planeó y organizó el embajador norteamericano.

Por su parte el General Álvaro Obregón rechazó el llamado diciendo que sus fuerzas combatirían por igual y donde se encontraran al ejército federal ya los invasores.

Sostengo que el gobierno de México ni siquiera alcanza a comprender lo que está pasando con Trump, a quien ayudó a ganar la presidencia de los Estados Unidos, invitándolo a nuestro país, siendo apenas candidato, hecho que no tiene precedente en la historia de nuestras relaciones.

Además de perversos, nuestros gobernantes y sus nuevos alcahuetes son imbéciles. Son incapaces de conducir un frente nacional contra el Imperio que, en su ocaso, puede destruir al mundo.

México, como un acto de legítima defensa, debiera denunciar el criminal Tratado de Guadalupe-Hidalgo, lo mismo que el T L C y suspender de inmediato el pago de la deuda externa pero para ello hacen falta  gobernantes patriotas

Lo demás no son más que ganas de hacernos pendejos y dejar las cosas como están, frente a la tormenta que se nos viene encima.

 Por el contrario los gobernantes mexicanos se agarran del TLC como un clavo ardiendo Y como si nos hubiera beneficiado, por tal de que  no cambien la política globalizadora y se aprestan a participar en su renegociación cuando ni siquiera debieran participar en las pláticas donde nada bueno pueden alcanzar

Estamos en presencia de una nueva guerra, como aquella que Calderón emprendió contra el narcotráfico, que costó las vidas de centenares de miles de personas inocentes, a quienes despectivamente llamaron “Daños colaterales”, mientras que aquellas bandas delincuenciales no sufrieron daños de consideración.

Solo que esta guerra está dirigida ahora por el Presidente de los Estados Unidos y operada por el ejército de aquel país.

Nosotros solo pondremos el territorio y las victimas, renunciando al principio de “no intervención” consagrado por la organización de las Naciones Unidas.

Trump, a pesar del trato desdeñoso y humillante que da a nuestro gobierno, está actuando como un gran distractor frente a las movilizaciones que nuestro pueblo había emprendido para derrocar a estos golpistas, culpables de crímenes horrendos  como la explosión de la mina “Pasta de Conchos”, la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa pasando por las matanzas de Acteal y Aguas Blancas. Responsables del incremento a los precios de la gasolina; de la volatilidad del dólar; del incremento de la deuda externa; de la llamada Reforma Educativa y la persecución en contra de los maestros que se le oponen; responsables sobre todo de la miseria espantosa en la que vive la mayor parte de nuestra población.

Finalmente, aseguro que:

Las únicas fuerzas que combaten cotidianamente al sistema capitalista, al neoliberalismo, al Imperio y a sus monopolios son el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional y sus aliados, entre ellos, el Partido de los Comunistas,  el CNI, los Panchos Independientes, las viudas de los mineros muertos en Pasta de Conchos, los padres de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, los maestros que se oponen a la Reforma Educativa, las enormes masas que se movilizan contra el llamado Gasolinazo, los bajacalifornianos que revirtieron con una movilización impresionante, la privatización del agua.

En una palabra:

Los más humildes de México son los que tienen la autoridad moral y política para convocar a un frente nacional contra el imperialismo Y la tormenta que se avecina.

Los mexicanos no podemos poner en manos de quienes la han traicionado, los sagrados intereses de la Patria.

México sí tiene opciones; recuperar la soberanía nacional y construir el socialismo.

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