Cuarentena, ilusión y realidad.

CUARENTENA, ILUSION Y REALIDAD.

Por: Ricardo Bernal . Célula Sergio Almaguer

            Cuando sonaba en las noticias la información acerca de la situación sobre el virus que atacaba el país del lejano oriente se sentía distante el peligro a estas tierras, vimos las medidas que se tomaban y se decían que eran bastante exageradas, también vimos qué regímenes están preparados para hacerle frente a una amenaza a la vida como a la que enfrenta el mundo: el famoso y temido COVID-19 y el NEOLIBERALISMO, fase ultima del CAPITALISMO.

            Aunque claramente uno es más nocivo que otro, pues no solo acaba con la vida humana sino también con la no humana pues está acabando con todo ser y organismo vivo en la tierra, las condiciones para tratar el COVID-19 son fundamentales para la conservación de una gran parte de la población.

            Aterrizado a este espacio en la geografía, las condiciones del famoso #quedateencasa sí que está alejado de una posibilidad para la inmensa mayoría en este país en vías de desarrollo (¿por qué si se admite que el nuestro es un país en vías de desarrollo, tercermundista, no se acepta la existencia de clases sociales?), pues esa mayoría carece de trabajo estable y prestaciones sociales con las cuales podría resistir la embestida que representa el quédate en casa así como también la carente salud individual de la que gozan millones de mexicanos, quédate en casa significo y significa no vayas a trabajar y ve tú a saber que se va a comer después, porque lo que se sacó ayer se comió hoy, también enfermarse resulta complicado porque de por si se podía parar o mermar el sustento en el hogar y ahora en esta condición que los sistemas de salud casi colapsan (sigan invirtiendo en aeropuertos, en megaproyectos globalizados que demanda el capital, en trenes y otras cosas) es imposible enfermarse pues resultaría más complicado ya que en los sistemas sanitarios se podría más fácilmente contraer dicho virus; reconociendo el gran esfuerzo que hace el personal implicado en las cuestiones de la salud por cumplir su labor.

            En el mejor de los casos el #quedateencasa nos hará conscientes de la existencia de las clases sociales y nos dará cuenta a cuál pertenecemos, si  nuestro ingreso y prestaciones sociales nos dan para quedarnos en casa somos la clase trabajadora, porque para esas prestaciones sociales habrá que enajenar lo único que se posee, la fuerza de trabajo, gracias al sindicato se tienen dichos derechos, derechos que todo trabajador debiera tener pero que ahora se vuelven un privilegio, pues son cuestiones para la vida digna mínima de un individuo en sociedad, no se diga de un trabajador.

Los medianos, pequeños, micronegocios y comerciantes  sienten que sus ahorros y sueños se consumen, pues la capacidad para soportar una crisis de esta magnitud es muy reducida, ahora queda apoyar a nuestros trabajadores locales, profesionistas y negocios, a nuestras familias, es necesario que en estos tiempos de razonamiento se den cuenta que lo único que se posee, es la fuerza de trabajo y no los medios de producción, ahora se nota la diferencia y la distante economía de entre los dueños de las fábricas, de las industrias, de las empresas y los empresarios, que lejos estamos de llevar una vida en plenitud y quienes medianamente la llevan se han olvidado que son trabajadores, que a esta clase pertenecen, a los desposeídos, a los que van a desquitar su sueldo y todos los días solo venden su fuerza de trabajo (claro, hay quienes la venden más cara que otros), pero el sistema se ha encargado de hacer subdivisiones dentro de las divisiones y todo ello se finaliza a la desorganización, a una nata de la sociedad trabajadora que hace un par de meses aborrecía a la oleada de migrantes del sur de américa latina que pasaba por nuestro territorio con la ilusión de una mejor vida en el sueño americano, misma que ahora prejuzga de que la gente es irracional porque sale de casa, claro que los hay quienes salen sin motivo de llevar el pan a casa, esta conducta se debe a las décadas de deformación política, social y cultural de la que se han encargado nuestros gobernantes como lacayos del imperio.

            Y los que no se quedan en casa, viven intensamente el día a día, la necesidad de ganar el sustento, de llevar algo a casa porque la familia los espera y el hambre no concilia con el sistema, ni con mama y/o papa; salen de casa con la carga y esperanza del nuevo día sobre sus hombros, a estos la vida se los volvió el doble de complicada, de por sí.

 La unidad no está alejada de la realidad, la unidad y el cambio social no es una utopía, pero si una tarea de organización, titánica y superior, que en todo caso en palabras de Eduardo Galeano la utopía es un horizonte que sirve para avanzar.   

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