La llegada del Comandante Hugo Chávez al poder, el 2 de febrero de 1999, marcaría un antes y un después no sólo en la vida política, económica y social de Venezuela sino de todos los países de América Latina. Dio inicio un proyecto nacionalista y antiimperialista inspirado en Simón Bolívar y los libertadores de América, potenciando la lucha por la soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Ello, trajo consigo también la profundización de la política colonial del imperio norteamericano para quedarse con sus recursos naturales, sobre todo el petróleo. Las diversas acciones por parte de los Estados Unidos no sólo golpean al gobierno bolivariano, sino al pueblo venezolano. Basta recordar el golpe de Estado del 2002; los sabotajes a PDVSA; los sabotajes a la industria eléctrica, la escasez de comida; la inflación de los precios; las acciones violentas de opositores tomando las calles y quemando vivos a personas por su color de piel y quienes parecían chavistas. Los múltiples intentos por infiltrar bandas criminales y de mercenarios en territorio venezolano para generar caos y miedo en la población. Sin olvidar las más de 1000 sanciones económicas y comerciales que se han profundizado en los últimos años contra el país de Bolívar.
Con la llegada de Trump a la casa Blanca apoyada por la mafia de Miami, se han profundizado las hostilidades contra la República Bolivariana. No pudieron en las urnas porque están acabados políticamente, hoy intentan revivir a muertos en vida otorgándoles premios nobeles, además construyen la narrativa sin fundamento alguno de la relación de gobierno de Maduro con los grupos del narcotráfico; asesinan pescadores en mar abierto vinculándolos sin pruebas, sin orden, sin investigación al tráfico de drogas y con total impunidad y a los ojos del mundo roban un buque petrolero. La pregunta es, ¿por qué no pudieron detener las lanchas para demostrar al mundo que éstas traían droga, pero, sí robar un buque petrolero con helicópteros y marines?
Es evidente que las intenciones de Estados Unidos son robar el petróleo y despojar a Venezuela de sus recursos naturales poniendo a un títere que sirva a sus intereses. Como buenos maleantes y piratas del siglo XXI que son, postran sus buques de guerra y tratan de intimidar al gobierno y a su población.
Venezuela no está sola, desde el Partido de los Comunistas y la Juventud Comunista de México, damos todo nuestro apoyo y respaldo al Gobierno de Nicolás Maduro, a la Revolución Bolivariana, al bravo pueblo de Venezuela y a las organizaciones revolucionarias en ese país hermano.
Defender a Venezuela es la defensa de la vida, de la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Estos que hoy intentan iniciar un conflicto en el Caribe representan la muerte, la violencia y el fascismo. Que sean los revolucionarios venezolanos quienes determinen sus formas de gobierno, de participación, de democracia, de justicia, de profundización de su proyecto social y económico. Nadie puede determinar que se hace o se deja de hacer, ni nosotros ni nadie, sólo los trabajadores venezolanos, el pueblo y el gobierno revolucionario y antiimperialista.
Mientras tanto, llamamos a la paz en la región y a la solidaridad con la República Bolivariana de Venezuela y su gobierno.
¡No al injerencismo norteamericano en nuestros pueblos!
¡Por la libre determinación de los pueblos!
¡Luchamos por la paz y por el socialismo!
¡Gloria al bravo pueblo de Venezuela, hijos de Chávez y Bolívar!
¡Nunca más seremos el patio trasero ni colonia de los gringos en América Latina!
Ciudad de México, 17 de diciembre 2025







