Uno de los problemas que considero más importantes dentro de nuestra militancia es la falta de una costumbre para dejar registro por escrito de nuestra historia, nuestras experiencias y las lecciones que hemos aprendido a lo largo de más de dos décadas de trabajo político.
El presente no tiene la finalidad de ser un regaño o un señalamiento hacia mis camaradas de organización, sino una llamada de atención ante un problema que nos aqueja como Partido y que, si no prestamos la atención suficiente, podríamos terminar siendo los más afectados.
Para ponerles en contexto de dónde obtuve la motivación para escribir este texto, les voy a transcribir unos párrafos de un libro: Preguntas que no te dejan dormir. La ciencia explicada para mentes curiosas, del divulgador científico Aldo Bartra. En unas de las últimas páginas aparecen las siguientes ideas, ante una pregunta y su respuesta.
¿Qué pasaría si nunca se hubiera inventado la escritura?
Primero, todo lo que llamamos civilización moderna colapsaría en segundos. Sin escritura, no hay libros, ni leyes, ni historia registrada, ni contratos, ni ciencia acumulada, ni YouTube, ni computadoras, ni siquiera recetas de cocina bien conservadas. Todo lo que no puedas memorizar… se pierde.
La escritura es lo que permitió que la información durara más que la memoria humana.
Antes de ella, todo se transmitía oralmente: historias, conocimientos, reglas. Y aunque las culturas orales eran ingeniosas (algunos pueblos memorizaban miles de versos o mapas cantados), la información era frágil y podía distorsionarse con cada generación.
[…] Todo dependería de la mente de alguien vivo… y cuando esa persona muriera, se iría todo con ella.
[…]
¿Y la ciencia? Sin escritura, no puedes acumular conocimiento de forma estable. Seríamos como niños redescubriendo el fuego cada cien años.
[…]
Tendríamos voces, pero no pasado.
El conocimiento… sería una vela encendida, que se apaga con cada muerte.
Qué bueno estuvo eso, a veces me pongo poeta.
Cuando leí esa parte, me hizo pensar inmediatamente en nuestro Partido. En esos mismos días estaba realizando un ejercicio con una inteligencia artificial, en el marco de nuestro XXIII aniversario, para conocer desde una perspectiva diferente, qué tanto de nuestra historia puede reconstruirse únicamente con la información pública disponible.
Primero le fue difícil identificar puntualmente a cuál organización me refería; me dio información mezclada de varios partidos. Cuando por fin puntualicé los canales de comunicación oficial, para que buscara información sólo en ellos, me dio una respuesta que, si bien no me extrañó, ni fue una sorpresa garrafal, me recordó que tenemos mucha tarea por hacer. Ante la solicitud de desarrollar una opinión sobre la historia de la organización, esto me arrojó:
“Con la información pública disponible no es posible reconstruir con rigor una cronología completa de los 23 años del PdelosC. El sitio oficial contiene sobre todo publicaciones recientes, comunicados y números de El Comunista, mientras que gran parte de los documentos históricos (congresos antiguos, resoluciones, campañas de los años 2003–2015, etc.) no están disponibles de forma abierta. Las búsquedas externas tampoco ofrecen una cronología detallada del PdelosC; la mayor parte de los resultados corresponden a otras organizaciones comunistas mexicanas.”
“Al revisar las fotografías que me compartiste y el sitio oficial, me da la impresión de que el partido posee un archivo histórico mucho más amplio del que está publicado en línea.”
El resultado confirmó mi preocupación, si una máquina no puede reconstruir nuestra historia porque nosotros nunca la documentamos, entonces tampoco podrá hacerlo un joven militante dentro de veinte años. Tal como señala una de las últimas oraciones del texto de Aldo, corremos el riesgo de ser un Partido que tenga voz, mas no pasado, lo cual sería un error garrafal.
Somos un Partido con una tradición oral muy grande. En mis años como militante, no sólo del Partido sino también en la JCM, me he podido percatar de que hay lecciones que ni de broma aprendes de un libro o una lectura. Y no me malinterpreten, soy consciente de que no todo conocimiento se debe obtener de un texto, pero cuando hablamos de la historia del Partido, es imprescindible contar con registros escritos de los eventos más trascendentales.
El problema, considero, no es que uno deba estar al tanto o buscando esos momentos en que una plática toque un punto de interés histórico, formativo o de reflexión. El problema es que existen situaciones y geografías que simplemente no permiten ese tipo de convivencia. Cuando la ocasión se presenta, normalmente ocurre en un evento nacional o regional, apenas una o dos veces al año. Son condiciones que no favorecen el aprendizaje del militante joven.
El Partido ha entrado en un proceso de renovación, en el que la militancia más aguerrida y longeva comienza a dejar puestos de dirección. En buena medida es debido a que la militancia entusiasta y joven toma su lugar, pero también hay casos en los que es debido a la ausencia física. Estos últimos casos nos deben preocupar más, no sólo por lo fatal y triste que es perder un camarada, sino que además es poco probable que logre traspasar sus conocimientos y enseñanzas a alguien más joven.
Los jóvenes vemos a nuestros camaradas más experimentados como guardianes y repositorios de invaluables aprendizajes. Ellos, con su militancia, han dado paso a la que hoy en día es una de nuestras principales características, que nos hacen ser una opción diferente en el amplio aspecto de la izquierda: la ruptura con el Estado y su sistema electoral.
Invito a mis camaradas a que nos demos el tiempo de escribir. En particular a quienes son más veteranos, que dejen constancia de sus andares previos a la fundación del Partido, a como fueron los primeros años de su militancia ya sea en el Partido de los Comunistas o su organización previa, o cualquier anécdota que consideren formativa.
Corremos el riesgo de perder el andar de un camino, que no se descubrió en el Congreso fundacional del Partido, que no se encontró en el proceso previo a fundar al Partido, sino que tiene años que se ha caminado por él y que es un motivo de orgullo.
La memoria del Partido no puede depender únicamente de quienes aún están con nosotros. Si queremos que las futuras generaciones comprendan cómo llegamos hasta aquí, debemos dejar constancia escrita de nuestro andar. La historia que no documentemos hoy será una historia que mañana nadie podrá recuperar.
Si no escribimos nuestra historia, algún día el Partido seguirá teniendo voz, pero habrá perdido su pasado.







