ManiFiesta: “Make music, not war”

Por Adrián  Jiménez.

Los pasados 12 y 13 de septiembre, la ciudad costera de Ostende, Bélgica, se convirtió en el epicentro de la cultura y el pensamiento crítico con la celebración del festival ManiFiesta. Organizado principalmente por el Partido de los Trabajadores de Bélgica (PTB), junto con la COMAC (organización juvenil de izquierda), Zelle (movimiento feminista), el FGTB (sindicato obrero) entre otros,  el evento congregó a miles de asistentes bajo el lema “Make music, not war”.

El encuentro combinó una variada agenda cultural con debates políticos articulados en tres ejes fundamentales: la solidaridad con Palestina y la denuncia del genocidio, las acciones urgentes frente al cambio climático y la lucha contra las guerras en Europa y el mundo.

En el apartado musical, el escenario principal contó con la participación estelar de Manu Chao, quién nos hizo vibrar, cantar y bailar por más de dos horas ininterrumpidas a través de sus canciones ya integradas al repertorio popular y levantando la voz por una Palestina libre.

Por su parte, la oferta política e intelectual incluyó conferencias, talleres y presentaciones de libros. Entre los ponentes más destacados figuró el expresidente de Colombia, Gustavo Petro, quien alertó en su intervención sobre el riesgo latente de “onmicidio” es decir la auto aniquilación derivada de la crisis climática y la sobreproducción capitalista, aderezada con la aparición del factor inteligencia artificial.

Parte de esta urgencia por actuar está basada en la realidad política actual que a través de sus palabras “estamos en un filo de la navaja entre la política de la vida y la de la muerte “, señala a esta propuesta funesta como una política para la esclavitud mundial, a través de la intervención de las empresas de inteligencia artificial para la manipulación de las elecciones y la implantación de gobiernos títeres para esclavizar a la opinión pública y aumentar las jornadas de trabajo, que tiene como visión  geopolítica  poner al Ártico como el centro del mundo y por lo tanto a Rusia, Canadá, Estados Unidos, Inglaterra, los países escandinavos y Groenlandia como los nuevos terrenos geoestratégicos más importantes para el imperialismo, por el deshielo del Ártico y su nueva función dentro de la geopolítica mundial,  dejando a Latinoamérica como el “espacio vital” es decir su fuente de recursos humanos y naturales, como parte de esta política de muerte.

Por lo tanto, la política de la vida se deriva de la organización como alternativa a este onmicidio. Dejando una propuesta por demás interesante sobre la mesa, “Qué pasaría si la inteligencia artificial se convierte en un bien público global” dejando de estar al servicio de algunos cuantos tecno oligarcas y sirviendo al conjunto de la “humanidad de seres libres”.

También pudimos observar una amplia solidaridad con la revolución cubana, a través de sus debates con la participación de distintas personalidades como Ignacio Ramonet, Peter Martens y Manolo de los Santos quienes se expresaron a favor del fin del bloqueo genocida a la isla cubana.

Con esta convergencia entre arte y activismo, ManiFiesta reafirmó su posición como un espacio clave para el encuentro y la reflexión de las fuerzas progresistas internacionales.

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